Ante las constantes tensiones comerciales con Occidente, China ha trazado con claridad una serie de líneas rojas en torno a su modelo económico de cara a las conversaciones comerciales con la Unión Europea y Estados Unidos previstas para el año, informa Reuters este domingo.
Frente a las críticas occidentales que lo califican de mercantilista, Pekín sostiene con firmeza que su enfoque responde a las necesidades reales de un país en proceso de convergencia y que sus avances tecnológicos y productivos aportan beneficios concretos a la economía mundial.
El Ministerio de Comercio chino rechazó en un documento oficial las acusaciones de "supuesta sobrecapacidad industrial", un concepto que atribuye a críticas interesadas por el volumen de las exportaciones chinas, y calificó esos argumentos de fallos lógicos con motivaciones ocultas.
Por su parte, el primer ministro Li Qiang contrarrestó las alertas sobre el China 'shock' 2.0 —escenario en el que las empresas chinas desplazarían a competidores occidentales en manufacturas avanzadas— y lo presentó como "oportunidad China 2.0" para la economía global.
Las declaraciones oficiales proyectan así un Pekín seguro de sí mismo y en control, capaz de suavizar las tensiones comerciales sin realizar concesiones significativas, mientras avanza con cautela en el ajuste de sus asuntos económicos internos.


