Las personas que residen en zonas costeras durante la mediana edad suelen sufrir más problemas de salud que los habitantes de zonas interiores, concluye un estudio liderado por el University College de Londres.
La investigación, publicada el pasado jueves en la revista BMJ Public Health, analizó historiales de 13.691 personas del Estudio Nacional de Desarrollo Infantil de 1958 y de 14.683 participantes del Estudio de Cohortes Británicas de 1970, a quienes hicieron un seguimiento desde su nacimiento hasta que alcanzaron la mediana edad. El objetivo era determinar si quienes vivían en áreas costeras de Inglaterra tenían más riesgo de padecer dos o más enfermedades crónicas diagnosticadas, como diabetes, hipertensión, depresión, problemas cardíacos o cáncer.
Los resultados mostraron que quienes nacieron en 1958 y vivían o se mudaron a la costa durante la mediana edad presentaban un riesgo al menos un 20 % mayor de padecer varias enfermedades crónicas frente a aquellos que se mudaron al interior entre los 16 y los 42 años.
No obstante, los científicos advirtieron que la peor salud no es consecuencia directa de vivir junto al mar, sino que responde a factores sociales y económicos. Según los investigadores, las zonas costeras inglesas han sufrido el declive de industrias tradicionales como la pesca y el turismo, lo que ha limitado las oportunidades de empleo y ha concentrado a la población más desfavorecida.
"La peor salud en las comunidades costeras no se debe simplemente a la vida en la costa en sí misma. En cambio, refleja una combinación de mayor privación y migración selectiva, donde las personas con peor salud tienen más probabilidades de permanecer en áreas costeras o mudarse a ellas", explicó el profesor Stephen Jivraj, autor principal del estudio.
Asimismo, el análisis también reveló que quienes crecieron en los barrios costeros más desfavorecidos tenían tres veces más probabilidades de seguir viviendo allí en la mediana edad, en comparación con quienes procedían de zonas menos vulnerables. Además, se concluyó que las personas que se trasladaban a la costa desde otras regiones solían hacerlo hacia vecindarios con mayores niveles de privación.
Paralelamente, el profesor Jivraj subrayó que los efectos protectores que a veces se atribuyen al mar —como el aire más limpio o el acceso a espacios naturales— quedan eclipsados por las dificultades económicas y el aislamiento geográfico que sufren muchas comunidades costeras.
Como consecuencia, el autor enfatizó la necesidad de adoptar políticas específicas para frenar el agravamiento de las desigualdades en salud en las regiones costeras.