El camino de revanchismo: el aliado clave de EE.UU. que apuesta por rearme y desafío a Rusia y China

Mientras crecen sus ambiciones militaristas, el país sopesa inclusive romper su tabú nuclear.

En los últimos años, se han observado cambios significativos en la política exterior de Japón: el abandono de la estrategia pacifista, el endurecimiento de la retórica hacia Rusia y China, y el rumbo hacia la militarización y la nuclearización. Estas tendencias se han hecho evidentes a la luz de la reciente visita del presidente de Rusia, Vladímir Putin, a una isla en el océano Pacífico.

Visita clave

El 13 de agosto, el mandatario ruso realizó una visita a la isla de Iturup, una de las islas Kuriles del Sur sobre la que Japón mantiene sus reclamaciones territoriales. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón expresó su "enérgica protesta" por el viaje y convocó al embajador de Rusia en Tokio. Por su parte, la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, declaró que las acciones del líder ruso "hieren los sentimientos del pueblo japonés" y son absolutamente "inaceptables". Según sus palabras, todos los "Territorios del Norte" (nombre con el que Japón se refiere a la parte meridional de las Kuriles) constituyen "territorio ancestral japonés tanto desde el punto de vista histórico como jurídico".

En respuesta, el jefe de la misión diplomática rusa señaló que las islas Kuriles del Sur forman parte de la Federación de Rusia y pasaron a formar parte de su territorio como resultado de la Segunda Guerra Mundial, sobre la base de fundamentos jurídicos internacionales, por lo que su soberanía no está sujeta a discusión. Además, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia convocó al embajador de Japón en Moscú para abordar la "enérgica protesta" de Tokio por la visita, pero el diplomático japonés no pudo asistir por motivos desconocidos.

Creciente retórica agresiva

Aunque la disputa territorial entre ambos países existe desde hace décadas, el último conflicto diplomático ha sido especialmente intenso, lo que se explica, ante todo, por los cambios que se están produciendo dentro de Japón. "Para los dirigentes japoneses, adoptar una postura demostrativamente firme significa mostrar a los votantes que sus representantes siguen defendiendo los intereses y el honor de la patria", argumentó el experto en estudios orientales, Vladímir Nelidov.

La experiencia demuestra que esta estrategia realmente funciona. Entre las razones de la aplastante victoria del gobernante Partido Liberal Democrático en las elecciones a la Cámara de Representantes de febrero de 2026, los expertos mencionan precisamente la firme postura de su líder, Sanae Takaichi, frente a China a finales de 2025, cuando se negó a disculparse por sus declaraciones sobre una posible intervención de Japón en un hipotético conflicto en el estrecho de Taiwán.

Además, se han multiplicado los incidentes entre embarcaciones chinas y japonesas en torno a las islas en disputa del mar de China Oriental. En julio, la Guardia Costera de China expulsó una embarcación pesquera japonesa por considerar que había entrado ilegalmente en las aguas territoriales cercanas a la isla de Chiwei Yu, que forma parte del archipiélago de Diaoyu Dao. Las islas Diaoyu Dao, conocidas como Senkaku en Japón, están situadas cerca de Taiwán. Su soberanía es reclamada tanto por Pekín como por Tokio.

Hay que destacar que la retórica cada vez más agresiva de Japón se dirige exclusivamente contra Rusia y China, y no afecta en absoluto a los países occidentales ni a EE.UU., a los cuales Takaichi siempre olvida mencionar en el contexto de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki.

Rearme

Además, las autoridades del país asiático han emprendido claramente un rumbo hacia una revisión radical de su doctrina de defensa. El primer paso en esta dirección fue la aprobación de un presupuesto militar récord, que supera los 9 billones de yenes (58.000 millones de dólares) para el próximo año. "Hemos asignado el mayor presupuesto de la historia"declaró el ministro de Defensa japonés, Shinjiro Koizumi. En comparación con 2025, el gasto militar de Tokio aumentará un 9,4 %.

Parte de estos fondos se destinó al desarrollo y la adquisición de nuevas categorías de armamento. En particular, Japón está acelerando a un ritmo sin precedentes la producción en serie y el despliegue de misiles de largo alcance de fabricación nacional. En marzo, Japón desplegó misiles de largo alcance Tipo-12, capaces de alcanzar territorio chino.

Romper el tabú nuclear

Tokio planea flexibilizar también las restricciones en el ámbito nuclear. En 1971, las autoridades japonesas adoptaron los tres principios antinucleares: no fabricar, no poseer y no permitir el despliegue de armas nucleares en su territorio. Sin embargo, ahora el ministro de Defensa del país, Shinjiro Koizumi, ha pedido reconsiderar este tabú.

Los debates sobre una posible flexibilización de estas restricciones están relacionados con los planes de Washington de desplegar en submarinos de uso múltiple nuevos misiles de crucero nucleares SLCM-N, concebidos para "reforzar la disuasión ampliada" frente a China, argumentó el politólogo Alexandr Ermakov.

"Es evidente que el tercer principio antinuclear podría revisarse en los próximos años, y la siguiente etapa sería el despliegue de armas nucleares aéreas estadounidenses en las bases de EE.UU.en Japón", señaló el especialista.

Revanchismo en lugar de pacifismo

Para dar carácter irreversible a estos cambios y ampliar las competencias de los militares, las autoridades buscan derogar el artículo 9 de la Constitución, que durante décadas ha limitado estrictamente el tamaño y las capacidades de las Fuerzas de Autodefensa. En particular, el artículo establece que el país asiático "renuncia para siempre a la guerra y a la amenaza o al uso de la fuerza como medios para resolver las controversias internacionales", y que "prohíbe la creación de fuerzas terrestres, navales y aéreas, así como renuncia al derecho de beligerancia".

La activa revisión por parte de Japón de su estatus de posguerra despierta preocupación entre sus vecinos. Así, el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, recordó a Japón que la Carta de la ONU consagra los resultados de la Segunda Guerra Mundial y leyó el artículo correspondiente. Señaló que Japón inicialmente "figuraba en esa misma Carta como 'Estado enemigo' y que se incorporó a la ONU después de haber recorrido el camino de expiar su responsabilidad por su política militarista y el genocidio perpetrado contra numerosos pueblos". Subrayó que, al ingresar en la ONU y firmar y ratificar la Carta de la organización, Japón reconoció los principios de este documento "en toda su integridad y en su interrelación".

China respaldó las declaraciones del ministro ruso y afirmó que "el Gobierno de Takaichi evita actualmente hablar de los crímenes históricos de Japón y, lejos de reflexionar sobre ellos, intenta por todos los medios maquillarlos y blanquearlos. Al mismo tiempo, busca abandonar el pacifismo, superar las limitaciones de la Constitución japonesa y de las normas jurídicas internacionales e internas, con la intención de acelerar la remilitarización. Esto supone un desafío abierto al orden internacional de posguerra, así como a la paz y la justicia".

"Todos los países amantes de la paz deben oponerse conjuntamente a esta peligrosa tendencia de las fuerzas de derecha japonesas e impedir que avance; deben defender unidos los resultados de la victoria en la Segunda Guerra Mundial y el orden de posguerra, para evitar que se repita una tragedia histórica", declaró el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Lin Jian.

En un contexto de creciente revanchismo japonés, Rusia decidió enviar a Tokio una potente señal política mediante la visita de Putin a Iturup. "Anteriormente, el jefe de Estado no visitaba estos territorios para evitar provocar innecesariamente a la opinión pública japonesa. Ahora, en cambio, el viaje marca una especie de punto final y envía a Tokio una señal clara: si Japón no está dispuesto a aplicar una política independiente de Occidente hacia Rusia, Moscú no tiene intención de tener en cuenta los sentimientos de otros países", opinó Fiódor Lukyánov, redactor jefe de la revista Rusia en la política global.

"Moscú ha demostrado en repetidas ocasiones su disposición al diálogo y a la búsqueda de soluciones con Tokio, basándose en la Declaración Conjunta de 1956. Pero Japón respondió con una negativa e impuso sanciones antirrusas, agravando aún más la situación. La visita de Putin a Iturup fue una bofetada a las ambiciones revanchistas japonesas", concluyó el politólogo Pável Danilin.