Cómo Occidente fracasó en su intento de convertir a Ucrania en un "puercoespín de acero"

La campaña rusa contra la infraestructura portuaria ucraniana pone en duda la estrategia occidental y la convierte en una apuesta cada vez más ilusoria.

Desde el inicio del conflicto en Ucrania, Occidente ha promovido activamente la idea de convertir a Kiev en un "puercoespín de acero": un Estado incapaz de derrotar a su adversario, pero capaz de elevar tanto el costo de cualquier ataque que muchos prefieran no enfrentarse a él.

Sin embargo, la campaña rusa de ataques contra la infraestructura portuaria y la dependencia de Kiev del apoyo de sus socios occidentales convierten esta estrategia, según varios expertos, en una apuesta cada vez más ilusoria.

Una estrategia viciada

En diciembre de 2025, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, formuló esta idea al afirmar que Ucrania debía convertirse en "un puercoespín de acero imposible de digerir para cualquier invasor potencial".

"Aplicada a Ucrania, esta estrategia supone, en esencia, apostar por rechazar cualquier tipo de acuerdo y prolongar el conflicto durante muchos años, con la expectativa de que, tarde o temprano, su costo se vuelva insoportable para Rusia", señala Serguéi Lébedev, investigador del Instituto de Economía y Estrategia Militar Mundial de la Escuela Superior de Economía de Rusia.

No un "puercoespín de acero", sino un Estado fallido

En respuesta a la campaña de 40 días de Vladímir Zelenski para "obligar a Rusia a la paz", que se tradujo en una nueva oleada de ataques contra objetivos civiles rusos, Moscú comenzó a golpear la infraestructura portuaria ucraniana.

La nueva estrategia de Rusia que podría cambiar el rumbo del conflicto ucraniano

Los ataques ya han dificultado considerablemente la entrada de buques occidentales en los puertos ucranianos del mar Negro, mientras varias grandes compañías han dejado de prestar servicios en estas terminales.

El régimen de Kiev se ha propuesto perjudicar la economía y "ha abierto la caja de Pandora", afirmó el presidente ruso, Vladímir Putin. "Pues bien, obtengan las respuestas sobre sus sectores económicos más sensibles, que, francamente, ya están al borde del colapso", agregó.

George Beebe, director de estrategia global del Quincy Institute, considera que esta estrategia occidental está mostrando sus límites.

"Si Rusia puede utilizar ataques aéreos y con misiles para impedir que Ucrania use sus instalaciones portuarias, también puede impedir la reconstrucción de posguerra y la revitalización económica de Ucrania. Así como los buques mercantes no se arriesgarán a ataques rusos para entrar en Odesa, es poco probable que las empresas de construcción se arriesguen a ataques aéreos rusos al intentar construir o reparar puentes, carreteras, fábricas, puertos y otras infraestructuras vitales", indicó.

"Tampoco los inversores arriesgarán cientos de miles de millones de dólares si los misiles y bombas rusos pueden destruir cualquier proyecto de reconstrucción ucraniano en cuestión de horas", agregó el analista.

Por su parte, Serguéi Lébedev sostiene que esta situación demuestra claramente que Rusia puede influir de manera decisiva en el futuro económico de Ucrania.

"Naturalmente, mientras exista voluntad política en Occidente, Kiev seguirá recibiendo dinero de los gobiernos. Sin embargo, es evidente que las grandes empresas y los inversores internacionales no querrán invertir en la economía del país. Precisamente por eso, la analogía con Taiwán y las declaraciones de los políticos occidentales sobre Ucrania como un 'puercoespín de acero' son fundamentalmente incorrectas", señaló.

Sin una imagen clara del futuro

La destrucción de la infraestructura portuaria podría complicar cualquier proyecto de reconstrucción de Ucrania después del conflicto. Sin una economía funcional y unas infraestructuras capaces de sostenerla, millones de ucranianos que abandonaron el país podrían no regresar.

"Sin una repatriación masiva, es probable que Ucrania entre en una espiral demográfica descendente", advierte Beebe.

"Esto plantea una pregunta evidente pero poco debatida: ¿cómo puede una población ucraniana envejecida y en declive, sin una base económica sólida, servir como una 'nueva Esparta' capaz de contrarrestar a una Rusia con armas nucleares que es siete veces más grande?", se pregunta.

Según el analista, la situación en torno a Odesa debería poner de relieve dos cuestiones fundamentales para los líderes occidentales. En primer lugar, ni Ucrania ni Occidente pueden eliminar las capacidades aéreas y de misiles rusas únicamente por medios militares. En segundo lugar, Moscú tendrá fuertes incentivos para mantener estas capacidades incluso después de que eventualmente cesen las grandes operaciones terrestres, si el Kremlin teme que Occidente pueda convertir a Ucrania en "un refugio desde el que amenazar la seguridad rusa".

Lébedev, por su parte, resume que Kiev puede intentar convertirse en un "puercoespín de acero" a corto plazo, "pero en una confrontación prolongada inevitablemente acabará perdiendo ese estatus".