El ejercicio físico breve y una siesta protegen la memoria episódica frente a los efectos negativos de la privación de sueño, según un estudio de la Universidad McGill (Canadá).
Los investigadores realizaron un experimento en el que los participantes permanecieron 30 horas sin dormir y después fueron divididos en tres grupos. El primero realizó 20 minutos de ejercicio en bicicleta estática a intensidad moderada-alta. El segundo durmió una siesta de 90 minutos. El último, el grupo de control, permaneció sentado en la bicicleta sin pedalear durante 20 minutos.
Tras estas actividades, los participantes debían memorizar una serie de imágenes mientras los científicos registraban su actividad cerebral mediante electroencefalografía para analizar cómo procesaban la información.
Los resultados mostraron que tanto los 20 minutos de ejercicio como los 90 minutos de siesta mejoraron el rendimiento de la memoria en un promedio de aproximadamente el 22 % en comparación con el grupo de control. No hubo diferencias significativas en la efectividad entre el primer y segundo grupo.
Los científicos explican que la siesta redujo la necesidad de descanso, que hace que las personas sientan somnolencia, y la fatiga neuronal, lo que genera un estado óptimo para que el cerebro asimile datos. El ejercicio, por su parte, aumentó la eficiencia neuronal, lo que permitió procesar la información con un uso más preciso de los recursos disponibles.
"Este hallazgo concuerda con la hipótesis de la eficiencia neuronal, según la cual las personas con un alto rendimiento muestran una activación cerebral relevante para la tarea menor que las personas con un bajo rendimiento, debido a un uso más eficiente de los recursos cognitivos", señala el estudio, publicado en la revista PNAS.


