El dolor punzante y silencioso que hiere el 'corazón' militar de Washington

Mientras Trump alardea de innovaciones y rediseños, los altos mandos militares guardan un tenso mutismo.

La Armada de EE.UU. opera en escasez con menos de 300 buques, mientras el presidente estadounidense, Donald Trump, impulsa una flota diseñada conforme a sus exigencias, informó The Economist este miércoles, citando fuentes familiarizadas con el asunto.

Desde George Washington hasta Franklin Roosevelt, los presidentes estadounidenses se han ocupado de fortalecer la Armada. La actual Administración, en cambio, se ha centrado en cómo deben verse los barcos, a pesar del mandato del Congreso de disponer de 355, señala el medio.

En la Convención Nacional Republicana de 2024, Trump alardeó de haber modificado la proa de un buque de guerra para que estos "se vean como yates". Según contó, en el astillero le dijeron: "Este tipo parece saber lo que hace".

El mandatario estadounidense ha presionado para que esas ideas se materialicen. En diciembre ordenó buques extragrandes de la clase Trump —con misiles, láseres y cañones electromagnéticos— para su 'Flota Dorada'. El 13 de agosto pidió un plan en 60 días para volver a las catapultas de vapor en los portaaviones nuevos. Considera que el sistema electromagnético EMALS de los portaaviones de clase Ford es demasiado complejo, pese a miles de lanzamientos durante operaciones prolongadas.

Bryan Clark, del Instituto Hudson (Estados Unidos), centro de estudios especializado en seguridad y defensa, estima que el EMALS permite un 20 % más de salidas que el vapor, daña menos a los aviones y puede lanzar drones ligeros. China y Francia lo han adoptado. Sin embargo, Trump quiere que el USS Doris Miller, cuarto de la clase Ford y aún en construcción, vuelva al vapor. El rediseño costaría cientos de millones de dólares; la conversión, miles de millones extra sobre los 15.000 millones del buque.

El memorando del 13 de agosto firmado por Trump permite a firmas extranjeras construir si invierten en astilleros estadounidenses y exige tecnologías "comprobadas, confiables y asequibles", frente a lo que describe como "diseños excesivamente complejos".