El nombre de los quesos se ha convertido en un nuevo punto de tensión en las negociaciones comerciales entre México y EE.UU., bastante estresadas desde la vuelta del presidente Donald Trump a la Casa Blanca.
La cuestión es que EE.UU. se opone al nuevo acuerdo comercial firmado por México con la Unión Europea (UE), en concreto, al apartado que otorga protecciones especiales a los productos europeos con denominación de origen, como sucede con muchos quesos, reporta Reuters.
Es el caso del Parmigiano Reggiano, el queso feta o el queso manchego, entre muchos otros ligados a una producción tradicional en regiones europeas específicas.
¿Nombres genéricos?
Washington considera que el acuerdo de México y la UE es perjudicial para la venta de quesos estadounidenses, ya que no podría poner sus productos en anaqueles mexicanos bajo los nombres de parmesano o feta.
De fondo se encuentran dos posturas: la estadounidense, que defiende que esos nombres son genéricos, y la de la UE, que afirma que no lo son y que deben reservarse solo los productos auténticos con denominación de origen.

México y EE.UU. llevan meses inmersos en negociaciones bilaterales en busca de un pacto comercial provisional, mientras negocian en paralelo para la renovación del acuerdo trilateral que incluye a Canadá, conocido como el T-MEC.
Un mercado multimillonario
El mercado del queso no es menor para EE.UU. Desde 2010, el país ha triplicado sus exportaciones hasta alcanzar un volumen de 612.000 toneladas métricas el año pasado. De ese total, cerca de un tercio va destinado a México, su mayor cliente extranjero.
De hecho, el país latinoamericano —uno de los principales consumidores de este producto del mundo— importa prácticamente el 30 % de su consumo interno, principalmente de su vecino del norte.
En total, las importaciones procedentes de EE.UU. cuestan alrededor de 1.000 millones de dólares anuales, una cifra muy por encima de las compras que realiza a la UE, que se quedan en escasos 200 millones.
Desde Washington se sostiene que obligar a los productores locales a etiquetar sus productos con frases como 'feta de imitación' sería costoso y provocaría un descenso de sus ventas.
Sin embargo, los quesos estadounidenses y los europeos se dirigen a nichos diferentes. El éxito de los primeros se debe a su producción en masa y el bajo coste. Por el contrario, la calidad es el sello de identidad de los segundos, destinados a un público más exclusivo.
De hecho, los quesos estadounidenses realmente son la competencia de la producción local mexicana, que, pese a ser la preferencia de los clientes locales, encuentran dificultades para competir con los bajos precios de esas importaciones.


