La OTAN diseña una guerra contra Rusia dominada por drones y robots

La integración de la IA y el uso de drones obligan a descartar los manuales de combate convencionales del siglo XX, señalan los expertos.

La OTAN prepara sus fuerzas para un tipo de guerra muy distinto al de los conflictos convencionales tradicionales. Sus nuevos planes para un posible conflicto en el Báltico apuestan por redes de miles de drones, sensores, satélites e inteligencia artificial capaces de detectar amenazas, coordinar respuestas y asumir una parte creciente de las tareas militares.

Este enfoque refleja una transformación más profunda del campo de batalla: los tanques, la artillería y las grandes unidades podrían perder protagonismo frente a sistemas robotizados y semiautónomos. El conflicto ucraniano ha acelerado este cambio y ofrece al bloque occidental un laboratorio donde probar las tecnologías que podrían definir los conflictos del futuro.

Planes del bloque atlántico

La OTAN ha elaborado un nuevo concepto para responder a un posible ataque ruso en el Báltico, informó BILD. El plan contempla diferentes líneas de defensa, entre ellas la protección contra misiles y el empleo de drones y otros sistemas para detectar, frenar y debilitar a las fuerzas del enemigo eventual. En este escenario, las nuevas tecnologías adquieren un papel cada vez más importante.

La Alianza está desarrollando una red integrada de miles de drones, sensores y satélites apoyados por IA. La tecnología deberá ayudar a detectar amenazas y coordinar la respuesta. Algunos sistemas podrán funcionar de manera cada vez más autónoma, pero la decisión sobre qué objetivo atacar deberá seguir en manos de los seres humanos.

El papel de las máquinas en el campo de batalla

El analista Nikolái Gastello considera que la guerra está entrando en una etapa en la que las grandes plataformas tradicionales (tanques, artillería y grandes formaciones militares) pueden perder parte de su importancia. En su lugar avanzan las máquinas: drones y robots capaces de asumir una parte creciente de las tareas militares.

En una perspectiva más lejana, el ser humano podría quedar principalmente en un papel de apoyo y control, mientras que una parte cada vez mayor de las operaciones recaería sobre sistemas robóticos.

El mayor estadounidense Ben Schiff contempla esta transformación de una manera más pragmática. Las máquinas no tienen necesariamente que sustituir al ser humano: pueden asumir las tareas rutinarias. La IA puede encargarse de pilotar los drones y mantenerlos en el aire mientras buscan objetivos, liberando a los operadores para concentrarse en las decisiones más importantes.

Según Schiff, los seres humanos deben decidir qué hace el dron y qué objetivo debe atacar, pero no necesitan controlar manualmente cada movimiento del aparato.

¿Las guerras del futuro ya han comenzado?

El experto militar Alexéi Zajárov considera que la guerra del futuro ya está teniendo lugar, en cierto sentido, en Ucrania, que se ha convertido en un campo de pruebas en el que se desarrollan y perfeccionan nuevas tecnologías y tácticas de empleo de drones y sistemas robóticos por todo el bloque occidental.

El siguiente paso, según Zajárov, sería pasar del lanzamiento masivo de drones individuales a sistemas de enjambre, en los que un solo operador o un pequeño grupo pueda controlar varios aparatos simultáneamente, mientras el 'software' se encarga de la navegación, el seguimiento de objetivos y la distribución de tareas.

Sin embargo, el experto considera que un salto directo hacia enjambres plenamente autónomos todavía es técnicamente difícil. Lo más probable sería una etapa intermedia: una saturación progresiva del campo de batalla con grupos semiautónomos de drones, no solo aéreos, en los que las máquinas asumirán cada vez más tareas rutinarias (planificación de rutas, seguimiento de objetivos, distribución de funciones y adaptación frente a interferencias), mientras los seres humanos conservarán las decisiones esenciales.

Así, la guerra del futuro podría no comenzar con la desaparición repentina de los soldados, los tanques o la artillería. Puede llegar de una forma mucho más gradual: cada vez habrá más máquinas en el campo de batalla, cada una de ellas realizará más tareas de forma autónoma y cada operador humano controlará sistemas cada vez más numerosos.