El motivo por el que EE.UU. teme a los autos chinos

Legisladores estadounidenses impulsan un veto permanente a un grupo de vehículos fabricados en el gigante asiático.

Estados Unidos avanza hacia una prohibición casi total de los vehículos chinos conectados a Internet, una medida que sus promotores justifican por motivos de seguridad nacional, pero que también refleja la creciente preocupación por la competitividad de la industria automotriz estadounidense frente al avance de los fabricantes del gigante asiático.

Según un reportaje publicado por el New York Times, el proyecto de ley impulsado por los senadores Bernie Moreno y Elissa Slotkin busca impedir la venta en territorio estadounidense de vehículos conectados procedentes de China. La iniciativa se suma a los aranceles del 100 % ya vigentes y a las restricciones que entrarán en vigor en el 2027, las cuales prohibirán la comercialización en EE.UU. de autos con 'software' chino.

Los legisladores sostienen que estos vehículos pueden recopilar grandes cantidades de información mediante cámaras, sensores y sistemas de conectividad. "Son herramientas de vigilancia sobre ruedas", afirmó John Bozzella, director ejecutivo de la Alianza para la Innovación Automotriz.

"Sacarlos del mercado"

Slotkin, por su parte, subraya que las marcas chinas compiten con ventajas injustas.

"[China] está subvencionando sus automóviles con el objetivo específico de venderlos por debajo del precio de todos los demás vehículos en el mercado para sacarlos del negocio", declaró.

Sin embargo, el debate también tiene un fuerte componente económico. El diario destaca el caso del Geely Galaxy M9, un SUV híbrido enchufable que en China cuesta unos 35.000 dólares y ofrece características propias de vehículos de lujo mucho más caros en Occidente. Modelos de este tipo podrían competir directamente con fabricantes estadounidenses y europeos si llegaran al mercado norteamericano.

Expertos citados por el periódico señalan que la ventaja de Pekín no se explica únicamente por subsidios estatales, sino también por cadenas de suministro más eficientes, altos niveles de automatización, integración vertical y menores costos operativos. Ante ese escenario, el temor en Washington es que las compañías chinas repitan en el sector automotriz el dominio que ya alcanzaron en otras industrias tecnológicas.