Las 2 palabras que ponen en alerta a los principales bancos centrales

Las consideraciones políticas empiezan a imponerse sobre la disciplina económica y a aumentar la presión.

Los bancos centrales de las principales economías temen la llegada de una nueva era de "dominancia fiscal", en la que la política monetaria deje de estar orientada principalmente a mantener una inflación baja y estable a evitar decisiones difíciles sobre impuestos y gasto público, informa Axios.

El riesgo aumenta a medida que los gobiernos afrontan una fuerte presión política para evitar decisiones impopulares, como subir impuestos o recortar prestaciones públicas, pese al deterioro de sus cuentas. En este escenario, los bancos centrales podrían verse presionados para mantener bajos los tipos de interés o recurrir a la política monetaria para aliviar el peso de una deuda pública creciente.

La política presiona a los bancos centrales

Este problema estuvo entre las principales preocupaciones de los responsables reunidos en el simposio anual de bancos centrales de Jackson Hole, en Wyoming. La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, advirtió que los bancos centrales pueden enfrentar presiones relacionadas con el riesgo de dominancia fiscal y recordó que su principal tarea es mantener la inflación baja y estable, no acudir al "rescate fiscal". Las presiones ya se observan en varias grandes economías:

Por ahora, estos intentos han tenido un éxito limitado gracias a las garantías legales que protegen la independencia de los bancos centrales. Sin embargo, el elevado nivel de deuda complica su posición. Adam Posen, presidente del Peterson Institute for International Economics, un centro de estudios económicos con sede en Washington, advirtió que, si los legisladores empiezan a ver a los bancos centrales como una fuente de dinero, la política monetaria puede terminar subordinada a las necesidades fiscales, algo que calificó de "peligroso" en condiciones económicas normales.

La deuda alimenta la presión sobre la política monetaria

El problema adquiere especial relevancia en EE.UU., donde la deuda pública ya alcanza los 40 billones de dólares. El déficit crónico obliga al Gobierno a seguir endeudándose para financiar sus gastos y refinanciar obligaciones anteriores, mientras los tipos elevados encarecen cada vez más el servicio de la deuda. 

Abordar el problema de fondo exigiría reducir drásticamente el gasto en defensa y en programas sociales, o aumentar los impuestos, medidas políticamente impopulares entre la población.