Una importante corriente del océano Atlántico podría actuar no tanto como un simple "transportador" de agua cálida, sino más como una especie de "válvula de calor" que influye en la temperatura global a través del balance radiativo de la Tierra, según una reciente investigación de la Universidad Estatal de Oregón.
La Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (conocida como AMOC, por sus siglas en inglés) desempeña un papel clave en la regulación del clima regional, en el reparto de nutrientes marinos y en el equilibrio térmico del planeta. Aunque se ha mantenido relativamente estable durante los últimos 11.700 años, desde el final de la última glaciación, los modelos climáticos prevén que esta corriente podría debilitarse en el futuro por efecto del cambio climático causado por la actividad humana, lo que provocaría un enfriamiento del Atlántico Norte y de regiones cercanas, como Groenlandia.
Durante las eras glaciares, la AMOC atravesó episodios bruscos conocidos como eventos Dansgaard-Oeschger, identificados con claridad en los núcleos de hielo de Groenlandia. Hasta ahora, la explicación dominante sostenía que estos cambios respondían a un "balancín térmico bipolar", según el cual el calor se redistribuía entre ambos hemisferios, calentando uno mientras enfriaba el otro.
Equivalente a una "válvula de calor"
Sin embargo, un estudio publicado en la revista Nature Geoscience sugiere una interpretación distinta: más que redistribuir el calor, la AMOC modificaría la cantidad total de energía almacenada por los océanos del planeta. Los investigadores analizaron oscilaciones pasadas de esta corriente y observaron que, cuando era fuerte, el calor se transportaba hacia el Atlántico Norte y se libera a la atmósfera. En cambio, cuando se debilitaba, el calor permanecía atrapado en el océano.
En ese escenario, solo una fina capa superficial del Atlántico Norte se enfría, mientras que el resto del océano gana temperatura. "Es como si todo el océano actuara como un enorme depósito de calor" y la AMOC actuara como "una válvula" que controla la cantidad de calor que puede salir, explicó el climatólogo Christo Buizert, quien detalló que algunos debilitamientos ocurridos durante la última Edad de Hielo generaron un calentamiento comparable "a unos diez años de emisiones humanas".
A pesar de este hallazgo, los autores advierten que, en un mundo más cálido, la AMOC podría comportarse de forma más estable, lo que hace pensar que los grandes puntos de inflexión del pasado quizá no se repitan exactamente igual. Los expertos concluyen que, aunque un debilitamiento futuro sigue siendo probable, esto no implica necesariamente un colapso irreversible. Aun así, subrayan que hace falta más investigación para comprender mejor la estabilidad de esta corriente y su influencia sobre el clima global.
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