El movimiento hutí de Yemen se está convirtiendo en un actor cada vez más influyente dentro del complejo tablero político de Oriente Medio.
Su reciente ofensiva ha ampliado considerablemente su capacidad para ejercer presión sobre otra de las principales arterias marítimas del mundo: el estrecho de Bab el-Mandeb, que, en medio de la inestabilidad en Ormuz, adquiere todavía más importancia para las exportaciones energéticas de los países del Golfo.
Las consecuencias ya empiezan a sentirse en los mercados. El fortalecimiento de las posiciones hutíes añade presión sobre los precios del petróleo y obliga a las potencias regionales y globales a tener cada vez más en cuenta a un movimiento armado que, sin exagerar, ha adquirido capacidad para influir directamente sobre una parte crucial del comercio mundial.
Perim y Moka, las piezas que multiplican el poder hutí
Durante su reciente campaña militar, los hutíes se hicieron con el control de la isla de Perim y de la estratégica ciudad portuaria de Moka.
La nueva configuración territorial les proporciona una capacidad mucho mayor para influir sobre el tráfico marítimo a través de Bab el-Mandeb, el estrecho que conecta el golfo de Adén con el mar Rojo y, posteriormente, con el canal de Suez. Por esta ruta circula hasta el 15 % del comercio mundial, alrededor del 30 % del tráfico global de contenedores y una parte significativa de los suministros marítimos de petróleo.
Según el diario Asharq Al-Awsat, los cálculos de los hutíes van mucho más allá de las consideraciones puramente económicas. El movimiento considera que Moka podría utilizarse también como punto de partida para operaciones militares contra otras zonas bajo su control en la provincia de Hodeida, lo que convierte a la ciudad y su puerto en una pieza de una ecuación estratégica mucho más amplia.
La isla de Perim no es menos importante. "Con Perim, han obtenido lo que podríamos llamar el corcho de la botella del mar Rojo", explicó a Fox News Morgan Murphy, exsecretario de prensa del Pentágono y capitán de la Reserva Naval estadounidense.
El frente que puede disparar el petróleo
CNN señala que Yemen y el mar Rojo tienen ahora el potencial de convertirse en "un verdadero segundo frente" de la guerra en torno a Irán.
Según el medio, el control de Irán sobre Ormuz, sumado al fortalecimiento de la posición hutí alrededor de Bab el-Mandeb, amenaza con impulsar todavía más los precios del petróleo, a pocas semanas de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos.
Esta situación coloca de hecho a Washington y a sus aliados ante una difícil elección: asumir las consecuencias económicas de una mayor interrupción de las rutas energéticas o buscar una salida negociada con Teherán.
Las alternativas a Bab el-Mandeb son muy limitadas. Time señala que parte de los cargamentos podría redirigirse hacia el norte a través del canal de Suez o del oleoducto egipcio SUMED. Sin embargo, ambas rutas tienen una capacidad inferior a la del estrecho y podrían traducirse en trayectos más largos y costosos para determinadas mercancías.
Tomando como referencia un precio inicial de 110 dólares por barril, el economista Mohamed Shadi calcula que el Brent podría alcanzar los 120 dólares si se interrumpiera el 25 % del flujo de petróleo a través de Bab el-Mandeb, subir hasta 145 dólares si la interrupción afectara a la mitad del tráfico y dispararse hasta 229 dólares en caso de un cierre total.
Un actor al que ya no se puede ignorar
En este contexto, el príncipe heredero saudita, Mohamed bin Salmán, habría pedido a Estados Unidos que realizara sus propios ataques aéreos contra los hutíes, una solicitud que Washington ha rechazado hasta ahora, según Axios.
Kiril Semiónov, experto del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales, considera que la negativa estadounidense se explica, entre otras razones, porque Washington comprende que el movimiento yemení no es simplemente "una extensión de Irán", sino un actor regional cada vez más autónomo e influyente.
"Los hutíes son un actor soberano. Toman sus decisiones de manera independiente, como ocurre, por ejemplo, con Hamás"
"Por supuesto, pueden coordinar determinadas cuestiones con Irán, pero la última palabra siempre les corresponde a ellos", señaló.
El experto subraya además que, incluso si Estados Unidos e Irán alcanzaran un acuerdo sobre el estrecho de Ormuz, ello no significaría automáticamente el fin de las acciones hutíes en el mar Rojo. El movimiento tiene sus propios objetivos, entre ellos el levantamiento del bloqueo aéreo y marítimo impuesto sobre las zonas bajo su control.
Ese bloqueo fue establecido en 2015 por la coalición internacional encabezada por Arabia Saudita. Ahora, los hutíes buscan utilizar la presión sobre las rutas marítimas como moneda de cambio para conseguir su levantamiento.
"Precisamente para lograr el fin de este bloqueo, los hutíes iniciaron su campaña militar. Observaron la situación durante mucho tiempo y comprendieron que este era el momento más favorable", afirmó Semiónov.
El cálculo, según el experto, parte de una coyuntura especialmente propicia: Estados Unidos está profundamente involucrado en el conflicto con Irán y la economía mundial, enfrentada ya a una grave crisis energética, tiene pocos incentivos para asumir una segunda perturbación de gran escala.
El politólogo Guevorg Mirzayán resume así la nueva realidad:
"Al final hemos llegado a una situación en la que ni siquiera un Estado, sino un movimiento armado, se convierte en uno de los actores más importantes de la política mundial"
"Un combatiente en sandalias armado con un misil antitanque puede hundir un portacontenedores valorado en cientos de millones de dólares. Y, lo más importante, incluso una superpotencia mundial que hasta hace poco estaba dispuesta a bombardear a cualquiera evita ahora intentar eliminar militarmente a ese combatiente. Se ve obligada a negociar con él porque no existen alternativas claras para resolver el problema que ha creado", concluye el experto.