El 26 de marzo de 2015, Arabia Saudita anunció el inicio de la operación militar Tormenta Decisiva contra los hutíes, que habían tomado el control de Saná y de amplias zonas de Yemen. Durante los años siguientes, Riad apoyó a las fuerzas del Gobierno reconocido internacionalmente y utilizó su poder aéreo para intentar frenar al grupo yemení. Sin embargo, 11 años después, el movimiento no solo ha sobrevivido, sino que ha reforzado considerablemente sus posiciones.
A principios de septiembre de 2026, los hutíes lanzaron una ofensiva que les permitió tomar gran parte de la costa yemení del mar Rojo, incluida la ciudad portuaria de Moka, y avanzar hacia el estrecho de Bab el Mandeb. También ocuparon las islas de Perim y Hanish, aumentando su capacidad para controlar una de las principales rutas marítimas de la región. Al mismo tiempo, continúan los combates en dirección a Marib, una provincia estratégica por sus reservas de petróleo y gas.

Estos acontecimientos ponen en duda la estrategia saudí. En opinión del analista Elfadil Ibrahim, durante una década Riad partió de la idea de que el tiempo, el dinero y la fuerza militar acabarían debilitando a los hutíes o les obligarían a aceptar un acuerdo que favorable para el reino. Los acontecimientos recientes han demostrado los límites de esta estrategia.
¿Por qué fracasó la estrategia saudí?
Una de las causas del fracaso es la débil coordinación entre las fuerzas respaldadas por Riad. El Gobierno yemení depende de numerosas formaciones armadas con intereses y estructuras de mando diferentes. La falta de un mando unificado dificulta la planificación de operaciones conjuntas y permite a los hutíes aprovechar las divisiones existentes.
El ministro de Defensa del Gobierno de Yemen, Taher al Aqili, admitió que los esfuerzos de "unificación" han logrado implementar un sistema común de nóminas y de identificación biométrica, pero no una estructura compartida de entrenamiento ni de mando que permita a las diversas facciones que combaten bajo el paraguas del Gobierno luchar de manera eficaz como una sola fuerza.
🗺️Hutíes han tomado la ciudad portuaria de Moka, en la costa occidental de Yemen, y continúan avanzando hacia el oeste. pic.twitter.com/6KIZoBUuK5
— Errete en Español (@erreteespanol) September 10, 2026
Otro factor es la reducción del apoyo externo. Estados Unidos ha evitado comprometerse directamente en una nueva guerra prolongada contra los hutíes. El presidente Donald Trump afirmó que el grupo yemení se había comprometido a no atacar buques estadounidenses y había pedido a Washington que no interviniera en la guerra.
La situación tampoco ha sido compensada por una sólida red regional de aliados. Aunque Arabia Saudita ha buscado reforzar sus acuerdos de seguridad con países como Pakistán y Turquía, estos mecanismos no significan automáticamente una intervención militar.
Un alto funcionario turco afirmó que la alianza simplemente no ha tenido tiempo suficiente para entrar en funcionamiento; sus miembros todavía tienen que ratificar el tratado a nivel nacional y, posteriormente, desarrollar mecanismos de interoperabilidad y de planificación conjunta que permitan ponerlo en práctica. Según el funcionario, todo este proceso podría llevar "unos pocos años".
En Yemen, más de una década de presión militar no han eliminado a los hutíes. Por el contrario, sus recientes avances demuestran que una estrategia basada principalmente en la fuerza tiene limitaciones. Así, analistas consideran que Arabia Saudita tendrá que llegar a un acuerdo con el movimiento, pero en condiciones menos ventajosas para Riad que hace 11 años.


