El hábito que podría ayudar a envejecer mejor después de los 55 años

Los investigadores estudiaron a 39 adultos sanos de la zona de Niza, con una edad promedio cercana a los 64 años y sin enfermedades crónicas ni tratamientos farmacológicos.

Mantener la práctica del ejercicio aeróbico durante décadas está asociado con mejores indicadores de envejecimiento después de los 55 años, según un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad Costa Azul, en Francia. El trabajo, publicado en la revista científica GeroScience, analizó la denominada "capacidad de vitalidad", entendida como la reserva fisiológica con la que cuenta el organismo para afrontar distintas exigencias.

Los investigadores estudiaron a 39 adultos sanos de la zona de Niza, con una edad promedio cercana a los 64 años y sin enfermedades crónicas ni tratamientos farmacológicos. De ellos, 20 habían realizado actividad aeróbica regularmente durante décadas, mientras que los otros 19 eran sedentarios.

Para evaluar las diferencias, los científicos combinaron 12 indicadores relacionados con la respuesta inmunitaria y al estrés, la energía y el metabolismo y la función neuromuscular. A partir de esas mediciones elaboraron una puntuación global de "capacidad de vitalidad", que resultó significativamente mayor entre quienes habían mantenido una vida físicamente activa.

Una de las diferencias más claras apareció en la variabilidad de la frecuencia cardíaca, es decir, las pequeñas variaciones en el tiempo transcurrido entre un latido y otro. Los participantes activos registraron un promedio de 49,9 milisegundos, frente a 27,2 entre los inactivos. También presentaron una saturación de oxígeno en sangre promedio de 96,8 %, contra 94,8 % del segundo grupo, detalla Science Alert en base al estudio.

No concluyente

Sin embargo, los beneficios observados no aparecieron en todos los parámetros analizados. Los investigadores no encontraron diferencias claras entre ambos grupos en marcadores inflamatorios, fuerza de agarre, fuerza de las rodillas o función pulmonar. Tampoco detectaron una diferencia global significativa en los dominios de energía y metabolismo o de función neuromuscular.

El estudio tiene además importantes limitaciones. Se trata de una investigación exploratoria con apenas 39 participantes y de carácter transversal, es decir, los voluntarios fueron evaluados en un único momento. Por ese motivo, los resultados muestran una asociación entre décadas de ejercicio aeróbico y una mayor reserva fisiológica, pero no permiten concluir que la actividad física sea directamente la causa de esas diferencias.

Los autores señalan que serán necesarios estudios longitudinales y ensayos de intervención para determinar cómo evoluciona esa capacidad a lo largo del tiempo y establecer qué tipo o cantidad de ejercicio podría resultar más beneficiosa. Tampoco puede determinarse a partir de este trabajo si comenzar a realizar actividad física a una edad más avanzada produciría los mismos resultados.