La portavoz del Ministerio ruso de Relaciones Exteriores, María Zajárova, recordó este miércoles que Moscú considera como objetivos todos los cargamentos con producción militar destinados a Kiev.
"Cualquier cargamento con productos militares para Kiev se convierte en un objetivo legítimo para las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa. Ya lo hemos advertido en más de una ocasión", declaró la vocera.
En cuanto a la firma de la declaración sobre la asociación estratégica integral de cien años entre Canadá y Ucrania, firmada a mediados de septiembre, Zajárova señaló que el líder del régimen ucraniano, Vladímir Zelenski "recorre el mundo en busca del apoyo, incluida ayuda militar, que necesita para continuar la matanza desatada por él contra su propio pueblo".
"Comentaristas imparciales ya se preguntan en las redes sociales: ¿de verdad los contribuyentes canadienses tendrán que mantener a Ucrania durante los próximos cien años? ¿Se prevén para Zelenski y para su séquito algunas deducciones fiscales, como personas dependientes? Es difícil no estar de acuerdo con ese planteamiento: la junta de Kiev se ha convertido realmente en un dependiente internacional al que Occidente arrastra sobre sus hombros", continuó Zajárova.
En este contexto, la diplomática recordó que Canadá anunció la entrega a sus protegidos en Kiev de misiles interceptores por valor de 350 millones de dólares canadienses (258 millones de dólares estadounidenses).
"Quisiéramos dirigir una advertencia a los firmantes: este tipo de acuerdos no llevan a nada bueno. Seguir armando a Ucrania solo aleja la paz e implica directamente a los países occidentales en el conflicto, los convierte en cómplices de los crímenes ucronazis", afirmó la portavoz.
Según Zajárova, "cien años es un plazo serio". "A los ciudadanos canadienses solo les queda desearles paciencia", observó.
"La lógica de Ottawa, al igual que la de Washington, debe de resultarles clara: cuanto más dure el conflicto, más pedidos habrá para el complejo militar-industrial, y así sucesivamente. Pero, como se sabe, toda paciencia tiene un límite. Y, tarde o temprano, los canadienses preguntarán por qué su dinero no se destina a la sanidad y a las carreteras, sino a una guerra al otro lado del mundo", resumió.


