A falta de pocos días de las elecciones presidenciales en Brasil, la cuestión de los recursos naturales de la nación y de cómo serán gestionados por el próximo Gobierno cobra cada vez mayor relevancia.
El destino de las enormes reservas de tierras raras del país se halla en el foco de atención de los dos principales candidatos, Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, pero también de Estados Unidos, que busca reducir con ayuda de otros países la brecha que lo separa de China en este ámbito.
Brasil posee enormes reservas, pero la cuestión que plantea la campaña de 2026 ya no es si deben explotarse, ya que el debate gira en torno a quién se quedará con el valor añadido generado por estos recursos y hasta qué punto el país permitirá que empresas extranjeras determinen su destino.
De las entrañas de la tierra al centro del debate político
Brasil posee unas reservas estimadas en 21 millones de toneladas métricas de tierras raras, equivalentes al 23,1 % de las reservas mundiales, lo que sitúa al país en el segundo lugar del mundo, solo por detrás de China, que domina ampliamente este sector y concentra alrededor del 70 % de la producción mundial de tierras raras.
Sin embargo, cabe destacar que las reservas brasileñas podrían ser mucho mayores de lo declarado oficialmente, ya que hasta ahora solo se ha cartografiado alrededor del 25% del territorio nacional.

EE.UU. pone sus ojos en Brasil
Washington no puede estar conforme con el dominio chino de un sector considerado clave para la economía del futuro. Según la revista Foreign Policy, se estima que Pekín seguirá dominando, al menos hasta 2030, las cadenas de suministro de estos minerales, desde la extracción hasta las etapas de separación y fabricación de imanes.
La brecha acumulada para Estados Unidos se estima en 1,2 billones de dólares y una de las vías para reducirla pasa por cooperar con otros países que cuentan con grandes reservas de estos minerales.
El pasado 24 de agosto, el Departamento de Guerra de EE.UU. anunció en un comunicado una inversión de 750 millones de dólares "para respaldar un acuerdo de compra de carbonatos de tierras raras mixtas (MREC, por sus siglas en inglés) producidos en el Proyecto Pela Ema de Serra Verde, en el centro de Brasil". En el escrito, se afirma que esta adquisición busca garantizar "una cadena de suministro segura para los elementos de tierras raras fundamentales para la defensa nacional y la seguridad económica".
Los minerales entran en campaña
Ya en agosto de 2025, Lula declaró a Reuters que los minerales críticos debían considerarse una cuestión de soberanía nacional y se mostró contrario a que Brasil exporte materias primas para después comprar productos de mayor valor añadido fabricados a partir de ellas.
A medida que se acercan las elecciones, el debate sobre las tierras raras se ha intensificado. "Trump está detrás de minerales críticos, petróleo y tierras raras. ¡No! Esto de aquí es nuestro", declaró la semana pasada durante un acto sobre seguridad pública en Río de Janeiro.
En un nuevo vídeo de campaña publicado este jueves, el presidente acusa directamente a Flávio Bolsonaro de ser el candidato de Trump y de estar dispuesto a entregarle los recursos del país.
"Flávio Bolsonaro es el candidato de Trump. Quiere entregar nuestro país y nuestras riquezas a Estados Unidos", señala la publicación del mandatario. "Si dependiera de él, Brasil volvería a ser una colonia. Pero Brasil solo tiene un dueño: el pueblo brasileño", añade.
Por su parte, en marzo de 2026, durante la CPAC en Estados Unidos, Flávio afirmó que Brasil podría convertirse para Washington en una solución a su dependencia de China en materia de minerales críticos, especialmente de tierras raras. También vinculó estos recursos con los procesadores informáticos, la inteligencia artificial y la industria de defensa estadounidense.
Lula y Flávio: ¿tienen más en común de lo que parece?
Aunque en el plano retórico los dos candidatos defienden modelos diferentes, en la práctica sus propuestas presentan más puntos en común de lo que podría parecer a simple vista.
Así lo señala Fernanda Magnotta, profesora del Programa de Relaciones Internacionales de la Fundación Armando Alvares Penteado, en Sao Paulo, quien destaca precisamente los elementos compartidos por ambos candidatos.
Según explica, el programa de Lula aborda los minerales críticos como parte de una estrategia de reindustrialización y soberanía tecnológica coordinada por el Estado. En particular, propone organizar las cadenas de suministro, ampliar el procesamiento nacional y evitar la "simple exportación" de materias primas estratégicas.
El programa de Bolsonaro, en cambio, plantea un modelo más orientado al mercado: el Estado actuaría como regulador y coordinador, en lugar de como empresario. Su propuesta hace hincapié en los incentivos de mercado, una tramitación técnica más rápida y reglas estables para atraer inversión privada y, con ella, transferencia tecnológica.

"Pero el programa de Bolsonaro, por ejemplo, también rechaza la exportación de materias primas y pone el énfasis en el valor añadido dentro del país y en el empleo local. Y ninguno de los dos define el interés de Brasil como maximizar la extracción para un comprador extranjero determinado", señala la analista.
Esta posición se ve reforzada, además, por una ley aprobada la semana pasada, que crea la Política Nacional de Minerales Críticos y Estratégicos. La norma contempla incentivos no solo para la extracción, sino también para el beneficio, el procesamiento y la fabricación de productos dentro de Brasil.
Quien gane las elecciones tampoco tendrá el control unilateral de la cadena de suministro de tierras raras. Desde el principio, los proyectos dependerán de la aprobación del Congreso, la Agencia Nacional de Minería, las autoridades ambientales, los Gobiernos estatales y locales, los titulares de las concesiones, los inversores y las comunidades afectadas, recalca Magnotta.
Lo que Washington podría estar interpretando de forma errónea, según la experta, es el significado en la práctica de las diferencias entre Lula y Bolsonaro.
Ambos candidatos conceden distinto peso a la autonomía estratégica, al mercado y a las relaciones con Estados Unidos, factores que condicionarán la selección de proyectos y la forma de negociar. Sin embargo, en cualquiera de los dos escenarios, los intereses fundamentales de Brasil, sus marcos regulatorios y sus instituciones no cambiarán sustancialmente y seguirán determinando la posición del país en cuestiones clave, entre ellas el comercio con China y las cadenas de suministro de minerales críticos.
"Gane quien gane, Estados Unidos y sus empresas tendrán que presentar ofertas que traten a Brasil no simplemente como un proveedor de materias primas, sino como un país que busca ocupar un lugar más importante en la cadena de valor", concluye Magnotta.



