La saga de los sistemas de defensa antiaérea S-400 rusos en Turquía sigue dando vueltas. Mientras Ankara busca una salida para reexportar estos complejos que le han costado tensiones con Occidente, Moscú mantiene firmemente las riendas del asunto.
Las declaraciones cruzadas de los ministros de Relaciones Exteriores de ambos países esta semana revelan un proceso de negociación activo, pero complejo, marcado por condiciones estrictas del lado ruso y cautela diplomática del lado turco.
"¿Quién dijo que no estamos hablando?"
Turquía confirmó el 26 de septiembre que mantiene conversaciones activas con Rusia sobre la posible reexportación de los sistemas S-400. El ministro de Relaciones Exteriores turco, Hakan Fidan, respondió a la periodista Bahar Feyzan cuando esta le preguntó si habían solicitado oficialmente permiso: "¿Quién dijo que no estamos hablando?".
La reportera insistió en preguntar cuándo presentarían la solicitud formal, y el funcionario turco precisó que el proceso está en marcha: "Nuestras conversaciones continúan, amigos. Nuestras conversaciones continúan con todos". Respecto al cronograma, el ministro fue igualmente cauteloso: "Cuando finalicen, lo compartiremos con la opinión pública".
Moscú pone las cartas sobre la mesa
En paralelo, el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, dejó en claro durante una conferencia de prensa en Nueva York que Turquía aún no ha presentado ninguna solicitud formal para trasladar los S-400 fuera del país. El canciller ruso recordó las cláusulas contractuales que rigen la operación de estos sistemas.
"Los sistemas S-400 fueron suministrados junto con un contrato donde se prevé el respeto total hasta el final del certificado de usuario final. Ellos saben perfectamente que si alguna vez quieren trasladar estos sistemas a algún lugar fuera de sus fronteras, no pueden hacerlo sin nuestro consentimiento oficial", subrayó Lavrov. Ante la insistencia de la prensa, el jefe de la diplomacia rusa fue tajante: "No ha habido tal solicitud hacia nosotros, no la ha habido".
Las condiciones del Kremlin
Sin embargo, Lavrov no cerró la puerta por completo a la posibilidad de autorizar la transferencia, aunque estableció condiciones muy estrictas. Moscú está dispuesto a considerar las propuestas, pero solo si el país receptor cumple con criterios muy específicos.
"Consideraremos cualquier propuesta, no voy a comentar ahora, pero existen tales posibilidades solo exclusivamente con nuestro consentimiento, cuando el país al que puedan ser dirigidos estos sistemas S-400 sea responsable y se encuentre en relaciones amistosas con la Federación de Rusia", explicó el canciller. La clave, según Lavrov, es tener la certeza absoluta de que "estos sistemas no llegarán a ningún otro lugar desde ese país".
El fantasma de Ucrania
El jefe de la diplomacia rusa justificó esta cautela haciendo referencia a experiencias previas con países europeos. "Es tanto más importante para nosotros saberlo, porque hay una multitud, una enorme cantidad de casos en que los europeos por todo el mundo andan correteando, disculpen la expresión, y compran de países de África, Asia, América Latina, en el mundo árabe, compran armamentos garantizando que no irán más lejos, y de todos modos transmiten todo esto al régimen ucraniano", denunció Lavrov.
En este contexto, el canciller ruso puntualizó la posición de Moscú: "Estaremos dispuestos a transferir los S-400 al país que, cuando haya una solicitud, de manera garantizada no permita este tipo de violaciones".
- En 2007, Rusia puso en servicio el S-400 Triumf, uno de los sistemas de misiles tierra-aire más avanzados del mundo, de largo alcance, gran movilidad y capacidad de supervivencia. Este complejo antiaéreo se basó en el sistema soviético S-300 y fue diseñado para proteger instalaciones civiles y militares de los ataques enemigos. Entre sus objetivos a destruir se encuentran aviones militares, misiles balísticos táctico-operativos y tácticos, así como misiles balísticos de alcance medio.
- El S-400 no solo puede efectuar lanzamientos de forma independiente, sino también dirigir una red de diversos sistemas de defensa antiaérea. El alcance de detección de objetivos del S-400 es de hasta 600 kilómetros, puede impactar objetivos que se desplazan a una velocidad máxima de 4.800 metros por segundo, seguir simultáneamente hasta 36 objetivos y la cifra de misiles superficie-aire guiados simultáneamente es de 72.
- En abril de 2017, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Turquía anunció un acuerdo para la compra de sistemas de defensa aérea S-400 por valor de 2.500 millones de dólares, lo que provocó el rechazo de Estados Unidos y de la OTAN. Washington intentó que Ankara abandonara los sistemas antimisiles rusos, llegando al punto de imponerle sanciones y expulsarlo del programa estadounidense de armamento con cazas F-35.