Una investigación publicada en Nature Neuroscience sugiere que determinados cambios en la corteza cerebral podrían aparecer al menos 7 años antes de que las pruebas detecten un aumento significativo de beta-amiloide, una proteína asociada al alzhéimer.
Para llegar a esta conclusión, un equipo internacional analizó datos de tres grupos de personas sin deterioro cognitivo que fueron seguidas durante varios años mediante resonancias magnéticas y tomografías por emisión de positrones (PET). Los investigadores se centraron en participantes que inicialmente presentaban niveles bajos del compuesto, pero que posteriormente registraron un incremento considerable.
Los resultados mostraron que, años antes de ese aumento, estas personas presentaban una corteza cerebral más gruesa, que adelgazaba más lentamente con la edad que en el resto de los participantes. Los autores señalan que los hallazgos cuestionan la idea de que el alza en la concentración de beta-amiloide sea necesariamente una de las primeras señales detectables del proceso asociado al alzhéimer.