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Medvédev: "Con la presencia de Rusia en la OMC no solo gana Rusia"

Publicado: 18 jun 2010 11:54 GMT

R. THOMSON: Señor Presidente, muchas gracias por dedicarnos su tiempo... ¿Qué es exáctamente lo que puede hacer el Gobierno de EE. UU. durante esta visita para acelerar la integración de Rusia en la OMC?

Medvédev: "Con la presencia de Rusia en la OMC no solo gana Rusia"Mijail Klimentyev
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R. THOMSON: Señor Presidente, muchas gracias por dedicarnos su tiempo...
¿Qué es exáctamente lo que puede hacer el Gobierno de EE. UU. durante esta visita para acelerar la integración de Rusia en la OMC?

D. MEDVÉDEV: O sea, ¿qué se puede hacer y qué hay que hacer? Hay que ponerse de acuerdo sobre algunas posiciones discrepantes, que no son muchas pero todavía existen. Estas cuestiones están siendo discutidas ahora por nuestros colegas: el Gobierno de la Federación de Rusia, el representante comercial, los altos funcionarios de EE. UU. A mi juicio, las discrepancias son mínimas, cuestiones de gusto o visiones parciales. Según mi opinión, están relacionadas con el hecho de cómo se plantea Estados Unidos sus intereses económicos.

Pienso que debemos superar esta barrera, porque con la presencia de Rusia en la OMC no solo gana Rusia. Para nosotros es, en cierta medida, una prueba, pero en general gana todo el sistema de la OMC y otros países, porque queremos tener las mismas reglas.

Por ejemplo, a veces nos reprochan y dicen que hacemos algo de manera impropia cuando apoyamos a una industria o a un sector que en determinadas condiciones no deberíamos apoyar. Generalmente, tenemos discusiones respecto a este tema. Pero esto se resolvería automáticamente en cuanto Rusia entre en la OMC. Nos han esquivado demasiado tiempo, mucho más que a otras grandes economías. Y esto sin mencionar que en la Organización están presentes algunos países que a duras penas se podría calificar como economías de mercado. Y sin embargo, forman parte de la OMC. Y Rusia está ausente. Por eso vuelvo a repetir: espero que se cumplan las promesas que me hizo la actual Administración norteamericana.

R. THOMSON: Señor presidente, ahora la mayoría de los países de la Europa Occidental están sufriendo una crisis económica. Usted está monitoreando la situación. ¿Cree que es el comienzo, la mitad o el final de la crisis?

D. MEDVÉDEV: Sería mejor aún si me preguntara cómo se desarrolla [el gráfico de] esa crisis, según qué letra, la "V", la "W" o la "L".

No quisiera que se tratara de la "L", ni la "W" ni la "V" triple. Y teniendo en cuenta lo que está pasando, creo que estámos en la fase de salida de la crisis. Y es hora de diseñar lo que podemos llamar “la estrategia de salida”.
Otra cuestión es si nuestras economías están bien preparadas para salir de la crisis. En algunos casos la situación es un poco mejor, en otros, un poco peor. Sé que muchas naciones, incluyendo EE. UU., todavía insisten en seguir estimulando sus propias economías.

No obstante, considero que ya se puede discutir la estrategia de salida de la crisis, o en el caso contrario no obtendremos el resultado deseado. Creo que estamos en este punto, lo que se confirma a través de ciertos índices económicos. Prácticamente en todos los países, en todas las economías grandes, ha empezado el crecimiento. No es muy alto en algunos países, un 0,5 % o un 1% , y en cambio es considerable en algunos mercados que crecen muy rápido, como en China o en la India. El índice de crecimiento económico en Rusia es moderado, actualmente es de un 4%. Si logramos conservar este índice de crecimiento será una buena señal, precisamente por eso tenemos que pensar en una estrategia de salida, conservando, sin embargo, ciertas medidas de estimulación, ya que no se puede dejarlo todo de una vez.

El año pasado gastamos cerca de 200.000 millones de dólares en el apoyo de nuestra propia economía. Es una suma considerable gracias a la cual pudimos resolver una serie de problemas: no detener el funcionamiento de importantes producciones, abastecerlas de pedidos para este período e iniciar sin pérdidas graves este año. Pero esto no puede seguir siempre, las condiciones son diferentes, todo va cambiando. Por eso espero que ahora estemos en la fase a la que me refiero.

R. THOMSON: Señor presidente, ¿Cree usted que algunos países europeos han sacado lecciones acerca del equilibrio presupuestario? ¿Apoya más la postura de Alemania o la postura de Francia?

D. MEDVÉDEV: Hace un tiempo hice una visita a Alemania. Durante horas hablamos sobre este tema con mi colega, la canciller federal, Angela Merkel. Toda la conversación era sobre una cuestión: ¿Están ustedes en pro de la estabilidad o en pro de la solidaridad? Es una especie de barrera entre las posturas de una serie de países europeos, de la Unión Europea, pero cualquier comparación en este sentido es bastante primitiva. Se entiende que están en pro de la solidaridad los que defienden las posiciones izquierdistas. Los de la derecha suelen ir por la estabilidad.

Yo considero que hay que defender una postura pragmática que consiste en lo siguiente. Claro que me es difícil dar consejos a la Unión Europea, no necesita mis consejos ya que puede resolverlo todo por su propia cuenta, espero. Sin embargo, hay que buscar un equilibrio, no se puede aflojar las economías, no se puede prestar ayuda en situaciones en las que ya no hay nada que salvar, sino que hay que partir del sentido común. Al mismo tiempo, hay que tomar medidas adecuadas para apoyar a una serie de economías débiles con el fin de salvar la idea común, que es un mercado común europeo y una divisa común, o sea, el euro. En este caso es necesario tomar medidas comunes. Y esas medidas se han tomado, ya que la decisión de subvencionar con casi un billón de euros es una decisión encaminada a apoyar la estabilidad común en el continente europeo. Por lo tanto, me parece que no se puede contraponer estas dos cosas, aunque una solidaridad sin límites y una ayuda sin resultados es un camino muy peligroso. Al fin y al cabo cualquier unión internacional, incluida la Unión Europea, puede estallar creando problemas de solvencia a los países que ahora están a salvo. Por lo tanto hay que saber guardar el equilibrio.

Espero poder hablar sobre este tema con mi otro colega, Nikolas Sarkozy, que vendrá al Foro. Ya he hablado sobre el asunto con Merkel, ahora hablaré con él.

R. THOMSON: Si la crisis progresara, lo que todavía no está claro, si, por ejemplo, España o Portugal tuvieran que enfrentarse a problemas graves ¿ofrecería Rusia una ayuda internacional financiera para asegurar la estabilidad en Europa?

D. MEDVÉDEV: Estamos muy interesados en que haya estabilidad en Europa. En primer lugar, porque Rusia es un país europeo. No somos miembros de la Unión Europea, pero sí somos un país europeo.

En segundo lugar, porque nuestras reservas de oro y divisas están divididas entre diferentes divisas, están en parte en dólares, en parte en euros, en parte en libras esterlinas. Usamos también otras divisas, por ejemplo el franco suizo. Y claro está, el oro y los títulos. Por eso, nuestro bienestar al fin y al cabo depende de la situación en el continente europeo. Estamos siguiendo atentamente la situación en la UE. Y cuando hablé por última vez -y hablé mucho tiempo- sobre este tema con la canciller de la República Federal de Alemania, dije que esperamos que las medidas de apoyo al euro, de apoyo a las economía débiles, que están tomando, tengan un buen resultado.

Tenemos relaciones con muchos países, incluidos aquellos que se encuentran en una situación difícil actualmente, que son Grecia, España y Portugal. Claro que vamos a tener ese factor en cuenta en nuestras relaciones con estos países, pero considero que es la Unión Europea la que tiene que tomar las principales medidas de apoyo y ya las han tomado.

Lo más importante ahora es que hagan lo necesario hasta lograr resultados, que no dejen de hacerlo. En el caso contrario, como ya he dicho, podría empezar un proceso centrífugo. Entonces en la Unión Europea vencerán aquellos que se pronuncian por la abolición de la moneda común, por la abolición del mercado común. Desde mi punto de vista, significaría dar un paso atrás.

R. THOMSON: ¿Usted teme de verdad que pueda haber un fracaso de la moneda común?

D. MEDVÉDEV: De momento no, pero no podemos excluir tal posibilidad. Porque ha surgido una situación única. Hace poco se ha celebrado la cumbre Rusia-Unión Europea, que se lleva a cabo cada dos años. Existe una cumbre EE. UU.-Unión Europea. En la cumbre discutimos la situación y esta situación en realidad parece única.

Hoy en día en Europa existen naciones con economías débiles y una divisa fuerte, lo que nunca existió en la historia de la humanidad, nunca existió en la historia de la economía global, ya que esta moneda tiene un carácter transnacional. Y la moneda depende en cierto sentido del potencial económico de los países por separado, y algunos de estos países representan ‘puntos débiles’. Así que, cómo unir todo eso, cómo va a funcionar esto a largo o incluso a medio plazo es una gran pregunta. Es por eso que ahora la están discutiendo tan activamente. Es por eso que en ciertos países se han activado los llamados ‘partidos de las divisas nacionales’: el partido del marco alemán, el partido del franco francés. Es, en general, un peligro bastante serio para la Unión Europea como mercado común y como unión de las naciones europeas.

Por eso, no estoy exagerando el peligro, pero al mismo tiempo no se puede menospreciarlo.
¿Y usted qué cree?

R. THOMSON: De momento, estoy de acuerdo con usted. Existe una amenaza de que esto realmente pase. Los gobiernos tienen que cumplir las medidas que han anunciado. Si vemos que no cumplen sus promesas, la crisis va a crecer y ya habrá que resolverla partiendo de una cantidad mucho menor de recursos. Por eso le pregunté si Rusia podría prestar algún apoyo en caso de que la situación se convierta en ‘contagiosa’.

D. MEDVÉDEV: En cuanto al apoyo de Rusia voy a expresarme por separado. Tenemos nuestras propias tareas internas que tenemos que realizar. Tenemos bastantes problemas internos y una economía que no ha salido de la crisis todavía. Sin embargo, existe cierta cantidad de proyectos de ayuda a los estados que hoy en día tienen una economía debilitada. Si lo vemos desde este punto de vista, teniendo en cuenta este tipo de proyectos, entonces, la respuesta es sí. Si hablamos de inversiones financieras directas, es deseable que las hagan nuestros socios de la UE.

Aquí hay otro problema muy complicado: cómo hacer que las economías débiles sigan una política económica severa. Este es el conflicto entre la estabilidad y la solidaridad. Ya que es muy difícil cumplir con las recomendaciones, aunque sean muy buenas, de otros países o de la Comisión Europea, en especial cuando en las calles hay miles de personas reclamando la disolución del Parlamento y la dimisión del Gobierno que no han podido combatir las consecuencias de la crisis. Por eso el éxito de la política común para combatir la crisis que se estableció hace un tiempo en la UE depende de la coherencia de los países con economías debilitadas en la realización de estas medidas económicas. Hay que decir que esta situación es alarmante ya que puede ser interpretada como una segunda ola de la crisis que comenzó a finales de 2008, esto es obvio. Creo que mañana hablaremos sobre esto en el Foro.

R. THOMSON: Cuando viaje a EE. UU. verá que el país está prestando mucha atención al desastre medioambiental en el golfo de México. ¿BP o el Gobierno estadounidense se han dirigido a Rusia, teniendo en cuenta su experiencia en el trabajo en aguas profundas? ¿Usted cree que esta crisis va a cambiar fundamentalmente el carácter de la industria petrolera en general? ¿Cómo cambiará la ecuación entre el riesgo y el beneficio tras esta fuga de crudo?

D. MEDVÉDEV: Es un gran problema. Vemos que se le presta mucha atención en su país, que el presidente de EE. UU. está centrado en este tema. Este tipo de problemas pueden dañar lo que sea, incluso el prestigio de las autoridades, esto es obvio.

Es muy difícil resolver este problema, dado que es la primera vez que nos enfrentamos a una catástrofe de esta escala. Anteriormente hubo vertidos de pertróleo. Tenemos un conjunto de convenciones al respecto. Especialmente he consultado hace poco la base legal internacional al respecto para entender qué se puede hacer. Llegué a la siguiente conclusión y la quisiera compartir en la cumbre G-20. A pesar de que existe una base legal para resolver los problemas pequeños, no hay una base legal internacional para poder combatir las consecuencias de las ‘megacatástrofes’ como la del golfo de México. En primer lugar, de momento no es posible resolver el problema, ya que no existe una solución técnica que permita hacerlo y en segundo lugar surge la cuestión de las compensaciones: quién va a pagar las consecuencias, si la compañía que se reconoce oficialmente culpable de lo ocurrido tiene resursos suficientes para cubrir todos los gastos. Y si falta dinero ¿quién será el responsable?

Entonces, surge la cuestión del seguro. Pero la cobertura de este tipo de riesgos casi no se ha realizado, no sé quién podría ser el asegurador de este tipo de operaciones, ni quién sería el reasegurador, ya que se trata de decenas, de cientos de miles de millones de dólares de recompensa. Por consiguiente, hace falta un nuevo enfoque internacional de este problema. Y el papel de Rusia en este sentido me parece importante, ya que también producimos mucho petróleo y tenemos instalaciones como las del golfo de México.

Estamos monitoreando la situación y espero que todo se resuelva, pero lo que sucedió es una señal. Y es muy importante, como usted dijo, encontrar un nuevo esquema de distribución de riesgos, ya que son tan altos que, no ya una empresa, sino incluso tampoco un país entero, especialmente si no es tan fuerte como EE. UU. o Rusia, puede resolver este tipo de problemas. ¿Quién será el responsable en este caso? ¿Qué compañía será la responsable? Por eso tenemos que consolidar nuestros esfuerzos.

Espero que la Administración de EE. UU., junto con los servicios especiales creados para estos fines, y con la empresa culpable del derrame, puedan resolver finalmente este problema. Pero es muy importante pensar en el futuro.

En cuanto a nuestra participación, de momento no nos han solicitado ayuda en este asunto. Pero estamos dispuestos a discutir este tema detalladamente.

R. THOMSON: ¿Después de que sucediera la catástrofe usted solicitó que revisaran todos los yacimientos rusos en aguas profundas para prevenir ese tipo de situación?

D. MEDVÉDEV: Sí, claro. Tras lo sucedido los ministerios rusos responsables de la seguridad en estas instalaciones recibieron las instrucciones correspondientes. También hubo encuentros informales con los representantes de las compañías que están produciendo petróleo en condiciones ambientales parecidas. Todos los organismos competentes están monitoreando la situación, incluyendo la Fiscalía General. Pero aquí hay dos puntos.

El primero es la parte tecnológica que sigue siendo un problema. ¿Cómo combatir las consecuencias de este tipo de incidentes en aguas profundas, donde la presión es muy alta? Creo que se harán muchas investigaciones sobre el tema. Está claro que después de esta catástrofe tiene que cambiar la percepción de riesgos. Y esto es justo.

Lo segundo es la parte económica que es muy importante. Ya he hablado sobre esto: ¿quién va a asegurar este tipo de accidentes en el futuro? ¿Cómo debe distribuir los papeles en este caso la comunidad internacional? Creo que los convenios sobre el tema firmados en el siglo XX, incluida la Convención sobre el Derecho del Mar, el convenio dedicado a la mitigación de las consecuencias de los vertidos de petróleo, no son suficientes hoy en día. Hay que pensar en ello.

R. BLUMENSTEIN: Señor presidente, ¿cómo influyó en su opinión el vertido de crudo en BP como socio de Rusia? ¿Le preocupa la situación económica de BP?

D. MEDVÉDEV: BP es socio de una compañía rusa. Tuve la oportunidad de encontrarme con los representantes de la empresa cuando trabajaba en el Gobierno. Durante varios encuentros antes de esta catástrofe discutimos diferentes cuestiones. No nos da igual lo que vaya a pasar con BP, ya que una compañía rusa ha creado una empresa mixta con la petrolera británica. No sé lo que va a pasar. Lo único que sé es que este año BP perderá mucho dinero. ¿Podrá sobrevivir a esta catástrofe? ¿Podrá asumir todos los gastos y seguir a flote o será dividida en partes pequeñas? Todo eso son cuestiones de conveniencia. Nos gustaría que los intereses de los inversores rusos que han creado la empresa conjunta con BP estuvieran a salvo. Eso está claro.

Por otra parte, entiendo que el negocio es el negocio y puede pasar cualquier cosa. Estoy seguro de que los socios de BP en Rusia y otros países están con los ojos puestos en lo que pasa en el golfo. Me he fijado que la situación es calificada de diferente manera en EE. UU. y en Gran Bretaña. Los británicos creen que la postura de EE. UU. hacia BP es demasiado severa.

R. THOMSON: Sí, esto tiene que ver con el tema de los pensionistas británicos.

En cuanto a Kirguistán ¿qué puede hacer Rusia para suavizar la crisis? EE. UU. se acercó demasiado al señor Bakíev. ¿Ha influido esto en la crisis? ¿Quién cree, según sus fuentes, que es el responsable de desatar el conflicto étnico en Kirguistán?

D. MEDVÉDEV: La situación allí es sumamente complicada, incluso diría trágica. Por desgracia, hay varias razones para esto.

Quisiera recordar que el señor Bakíev, que abandonó el país y dimitió como presidente, había llegado al poder por vía inconstitucional, como resultado de un golpe de Estado. Posteriormente, su legitimidad fue establecida por unas elecciones y obtuvimos a un socio con el que trabajábamos. Sin embargo, el problema no ha surgido hoy. Tiene su origen en la inestabilidad de la sociedad civil de Kirguistán y la debilidad de las instituciones políticas del país.

Entiendo que los procesos de esta índole no son rápidos. También estamos desarrollando nuestras instituciones políticas y estamos observando muy atentamente cómo evoluciona la situación en Kirguistán, que es nuestro socio estratégico. Cabe mencionar que Kirguistán es miembro de la Comunidad Económica de Eurasia y de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, o sea que somos socios, pero esta inestabilidad política interior y el deseo de resolver todos los problemas reemplazando bruscamente a los protagonistas del escenario político ya le ha fallado una vez.

¿Qué pasaba antes? Estábamos construyendo las relaciones con las anteriores autoridades de la república, pero se cometieron ciertos errores. No se trata del acercamiento a otros países, por ejemplo, a EE. UU., ya que es una cuestión de las prioridades de la política exterior, sino que el Gobierno de Kirguistán tenía que ser honesto con sus ciudadanos, tenía que ganar dinero de una manera honrada, sin engañar a sus socios. Tenían que tomar decisiones que ayudaran al pueblo en vez de gastar el dinero en sus propias necesidades, para resolver sus propios problemas. Nada de eso se hizo. Por lo tanto, el prestigio de las autoridades era prácticamente nulo. Y es por eso que la administración anterior cayó casi al momento. Por cierto, nadie esperaba eso. Creo que incluso en los países de Asia Central no esperaban que la posición del Gobierno de Kirguistán fuera tan débil.

Quisiera recordar que hace un año, durante las elecciones, el señor Bakíev recibió un gran apoyo. Parecía que desde el punto de vista del apoyo de la población, de los ciudadanos, su posición era firme. Pero resultó que no, que todo es mucho más complicado.

Ahora hay un gobierno interino que no tiene la suficiente legitimidad, pero trata de solucionar problemas. Estamos cooperando con este gobierno, le estamos ayudando, suministramos ayuda humanitaria, ofrecemos consultas. Naturalmente, estamos dispuestos a desarrollar relaciones económicas y observamos muy atentamente lo que ha estado ocurriendo últimamente. Lamentablemente ocurrió, lo que ya se había producido antes en Kirguistán. Las diferencias interétnicas, que se agudizaron a finales de los años 80, cuando se desintegró la Unión Soviética, volvieron a surgir con la misma agudeza y llevaron a enfrentamientos étnicos sangrientos. Eso es muy peligroso, porque ya sabemos que este tipo de conflictos tardan en curarse decenios o incluso siglos, y en algunos casos provocan la desintegración del país y la aparición de entes geográficos completamente nuevos. Así que las razones del conflicto están profundamente arraigadas. Pero espero que la administración kirguisa haga lo mejor que pueda para incrementar su autoridad y ponerlo todo en orden. La situación en el sur de Kirguistán ya se está aproximando a una catástrofe humanitaria. Muchos refugiados -unas 100.000 personas- han cruzado la frontera y están en territorio de Uzbekistán, que no da abasto con ellos, ya que tiene que darles de comer y ubicarles en alguna parte.

Por otro lado, siguen circulando por las calles jóvenes que llevan brazaletes muy peculiares [se refiere a las imágenes de jóvenes con brazaletes con eslóganes como “vamos a matar a los uzbecos”]. Están generalmente ebrios y drogados, disparan por todas partes, matan a gente. Me asombré de que remataran a los heridos y quemaran las ambulancias, ni siquiera dejaron a los médicos atender a la gente. Eso indica lo radicalizada que está la sociedad allí. Eso no quiere decir que la situación no se resuelva, pero es evidente que el gobierno kirguiso debe mostrar prudencia, delicadeza y atención, tratar de comunicarse con los líderes de los grupos en conflicto para que mantengan un diálogo permanente, pero en algunos casos hay que emplear la fuerza, porque el Estado no puede funcionar sin ejercer la función policial.

En cuanto a las solicitudes para que Rusia envíe un contingente de pacificación, creo que todavía no es necesario. Nuestros socios kirguisos retiraron su petición, porque deben resolver la situación por su propia cuenta. Es un problema interno y espero que consigan solucionarlo. Vamos a ver.

R. BLUMENSTEIN: Señor presidente, ¿sigue usted oponiéndose al establecimiento de una base estadounidense allí?

D. MEDVÉDEV: Nunca he estado en contra de la base estadounidense, porque la base está en territorio kirguiso. No soy presidente kirguiso, soy presidente ruso. Aquí no tenemos una base estadounidense y no la necesitamos. Al igual que tampoco hay una base rusa en Estados Unidos.

Si el gobierno kirguiso decidió que necesitan esa base, es una decisión suya. Voy a recordar cómo se tomó la decisión. Se tomó a principios de este decenio al más alto nivel, cuando empezó la campaña de Afganistán y nuestros socios estadounidenses necesitaron ayuda. La verdad es que Rusia apoyó la idea, diciendo que si era necesario para combatir el terrorismo, para poner orden, que sigan adelante. Pero es evidente que esta base -y es mi postura que expreso abiertamente- no debe existir de forma permanente. Debe completar unas tareas concretas y terminar su trabajo. Y tal vez sea el asunto más polémico, ¿hay que hacer algo más o no? En cualquier caso cooperamos con Estados Unidos en lo que se refiere a Afganistán. Ya sabe perfectamente que autorizamos el tránsito, tanto no militar, como militar. Desde nuestro punto de vista, ofrecemos el máximo apoyo para que Estados Unidos y otros varios países que lleven a cabo la misión actual de implantar el orden en Afganistán.

El asunto de las bases está fuera de las competencias del Gobierno ruso. Pero si quiere saber mi opinión, voy a enfatizarlo otra vez: este tipo de instalaciones no deben ser permanentes, sino completar su trabajo después de que se realicen las operaciones necesarias. El futuro de la base está en las manos del Gobierno kirguiso. Que lo decidan ellos.

R. THOMSON: Señor presidente, ¿ha llamado al Gobierno de Uzbekistán a que mantengan una actitud tranquila para que el problema interior no se convierta en un problema internacional?

D. MEDVÉDEV: Hablé con el presidente de Uzbekistán justo cuando todo eso estaba empezando. Por cierto, estábamos en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, en Tashkent, cuando se agudizó la situación. Y luego hablamos varias veces por teléfono. Pero ahora, a mi modo de ver, el Gobierno uzbeco mantiene una postura muy prudente y sopesada. Acoge a los refugiados, pero al mismo tiempo no intensifica la tensión. Me parece que esa actitud equilibrada es útil para contribuir a resolver el problema. Ya he hablado con otros socios nuestros, incluso varias veces con el presidente kazajo. Aquí entendemos muy bien las razones del problema y vemos el posible desarrollo, un escenario probable para Kirguistán.

Puedo decir que el escenario más peligroso sería si el orden no está restablecido, pero habrá que celebrar elecciones. La escena política kirguisa quedaría divida en varias fracciones, que al principio crearían mucha tensión y polémicas en el Parlamento, surgirían varios grupos, y según la Constitución que se propone aprobar, Kirguistán debe convertirse de una república presidencial en una parlamentaria, algo que resulta muy peligroso, dada la inestabilidad de las autoridades del país.

Pero el escenario más peligroso se daría si llegaran al poder los radicales, aunque de manera absolutamente legal. Cuando la población se desilusione de la capacidad de las autoridades civiles para restablecer el orden, van a decir que hay sólo una fuerza capaz de hacerlo. Entonces podemos quedarnos con un Kirguistán que se desarrolle según el escenario afgano de la época de los talibanes, lo que, a mi parecer, sería deplorable y muy peligroso para nuestro país y otros países de Asia Central.

R. THOMSON: El asunto de Irán. Las sanciones se discutieron en la ONU y se impusieron sanciones adicionales: las de Estados Unidos.

¿Qué opina sobre el desarrollo en materia de sanciones? En cualquier caso, es inevitable que Irán obtenga un potencial nuclear militar. Y mientras que el mundo esté dividido por este problema, es necesario comprender cómo convivir con Irán si obtiene ese potencial.

D. MEDVÉDEV: Creo que hemos logrado llegar a una postura común y constructiva. No creo que fuera posible hace varios años. ¿Cómo fue posible ahora?
En primer lugar, eso ocurrió porque Irán, lamentablemente, no ha querido y todavía no quiere escuchar la voz de la razón. No quiere negociar sobre su programa nuclear. No podemos tratarlo con indiferencia. Estados Unidos, Europa, la Federación de Rusia y la República Popular de China, todos estamos interesados en la no proliferación de armas nucleares. Si el programa no es transparente y hay dudas, entonces hay que colaborar o tolerar los problemas.

Pero por otro lado, después de realizar un trabajo bastante difícil conseguimos concertar un proyecto de resolución que convenía a todos. Recordaré que la situación con Irán varía [según el país]. Afrontémoslo: Estados Unidos no tienen ninguna cooperación con Irán. No tienen nada que perder, ya que Irán no es un socio suyo.

En cuanto a otros países, tienen lazos bastante fuertes con Irán. Nosotros tenemos unas relaciones bastante ricas con Irán, y no menos lo son las que mantiene con China. Eso siempre ha sido un asunto que se debe tener en cuenta. Además este tipo de sanciones no deben causar daño a la población iraní. Las sanciones suelen tomarse para impulsar a hacer algo, pero no para vengarse, no para causar un mal al pueblo iraní. La resolución aprobada, en mi opinión, refleja el equilibrio de este tipo de enfoques. Las sanciones que se han impuesto son bastante estrictas, pero no suponen un daño para el pueblo iraní. Permiten vivir al país, pero empujan -o eso espero- al Gobierno iraní a tomar la decisión de cooperar con la comunidad internacional, cooperar más estrechamente con la OIEA, mantener negociaciones directas y constructivas.

No sé qué más se puede necesitar. La verdad es que no quiero que lo que hemos hecho se eche a perder, que se vaya al traste. ¿Qué puede ser?

Si nos hemos puesto de acuerdo con Estados Unidos de que las sanciones sean colectivas, cualesquiera sanciones unilaterales, sea por parte de EE. UU., de la UE o de otros países, empeorarán la situación por no estar negociadas con nadie. Al mismo tiempo perjudicarán nuestros acuerdos, porque esas sanciones podrían afectar a otros estados y no las acordamos cuando ideamos la resolución conjunta y la aprobamos en el Consejo de Seguridad de la ONU. Por eso creo que es preciso actuar del siguiente modo: hay que construir un diálogo con Irán, presionar, si hace falta, llamar a una postura constructiva, pero en ningún caso crear problemas para la población civil, y además hay que actuar de manera colectiva. Si actuamos de manera responsable, estoy seguro de que finalmente conseguiremos resultados.

R. THOMSON: ¿Cree que Irán va a tener la bomba en cinco años? ¿Cuál es la probabilidad: el 80%, el 60% o el 100%? Según la inteligencia británica y de otros países, es lo que va a pasar.

D. MEDVÉDEV: Es difícil para mi determinar el porcentaje. Tengo los datos a mi disposición, a mí me informan sobre qué razones hay a favor y en contra, qué dice un servicio de inteligencia, qué dice otro. Claro que lo mismo están haciendo los asistentes del presidente Obama y de cualquier otro jefe de estado. Pero me parece que es díficil medirlo en porcentajes. Por supuesto, querría fervientemente que el programa nuclear iraní, al que tienen todo el derecho, sea exclusivamente pacífico. Pero puedo suponer que tenga otras dimensiones, especialmente dada su perseverancia para lograr una serie de objetivos. Si finalmente se presenta la amenaza de la creación de armas nucleares, será un problema muy importante para Oriente Medio.

Cuando estaba de visita en varios países africanos y de Oriente Medio, me dijeron francamente que las armas nucleares en manos de Irán provocarían la fabricación de armas nucleares en muchos estados que se sitúan en la zona. De ser así, casi todos encargarán estas armas y se pondrán a producirlas. Si estas armas aparecen en una cantidad así, será una amenaza fatal. En una región tan explosiva como el Oriente Medio, tal concentración de armas nucleares multiplica la probabilidad de su uso por cien. Ya es suficiente con que los vecinos tengan armas nucleares. A propósito, también hay preguntas sobre cómo las van a utilizar. Ya está mal que nuestro club nuclear agrupe tanto a los miembros formales, y espero que responsables, como la Federación de Rusia, Estados Unidos, Francia, el Reino Unido o la República Popular de China, como a los informales, que no tienen ningunas facultades en el ‘club’. Pero todos saben que son ‘países nucleares’ y que sus presidentes y primeros ministros siempre tienen el botón rojo a su disposición. Es un peligro muy grave para el mundo. Cuantos más países de este tipo haya, más grave es el peligro.

R. THOMSON: ¿Cómo han cambiado sus relaciones con el primer ministro Putin en los últimos años?

D. MEDVÉDEV: Desde el punto de vista formal, seguramente han cambiado, porque yo soy el presidente y él se convirtió en el primer ministro. Eso es. Ya he hablado de eso reiteradamente, que el presidente, según la Constitución, es el jefe de Estado y el Comandante Supremo. El primer ministro se dedica a la economía. En este sentido tenemos un sistema diferente al estadounidense. Tal vez sea más parecido al francés. Pero en gran medida es único, porque es un sistema ruso.

En cuanto al factor personal, no creo que haya cambiado. Tenemos relaciones buenas y amistosas. Hablo con él, nos reunimos regularmente, discutimos distintos asuntos, que son muchos. Es decir, desde el punto de vista formal, las relaciones han cambiado mucho, pero desde el punto de vista personal, no han cambiado en absoluto, espero.

R. THOMSON: ¿Sigue llevando la misma vida social? ¿Va a ver partidos de fútbol, apoya al Zenit?

D. MEDVÉDEV: (Se ríe.)
Lamentablemente no voy a apoyar al Zenit porque vivo en Moscú, aunque sí que históricamente he apoyado a este equipo. Pero ahora no voy al fútbol a menudo, tengo mucho qué hacer. Pero si puedo, voy a ver algún partido. A veces me llevo una gran alegría y a veces un gran disgusto. Hace poco estuve en el partido contra Eslovenia, en el que la selección rusa fue eliminada del Mundial. Experimenté emociones negativas y ni siquiera me animó la conversación posterior con el presidente de Eslovenia. ¿Qué se le va a hacer? Yo fui allí por decisión propia, para ver el partido.

En cuanto a otras cosas, claro que trato de descansar, es normal. No tengo mucha vida social, ya que me basta con socializar en público en todas partes. Durante mis días libres trato de quedarme en casa, con mi familia, practicar deporte también, por supuesto, porque sin eso no se puede mantener el buen humor. Pero en general eso no es muy fácil.

R. THOMSON: La pregunta es sobre Corea del Norte. Hace poco se hundió un buque surcoreano y la mayor parte de la comunidad internacional aceptó que el hecho fue causado por un torpedo lanzado por los norcoreanos. ¿Cuál es su opinión? ¿Qué es lo que pasa realmente en Corea del Norte? ¿Se está en una etapa de transición en este país y fue esto lo que originó el accidente? ¿Qué puede decirnos al respecto? ¿Qué es lo que sabe sobre Corea del Norte?

D. MEDVÉDEV: Todos conocen muy poco sobre Corea del Norte. Pero supongo que a diferencia de usted, yo estuve en Corea del Norte. ¿Visitó usted alguna vez ese país?

R. THOMSON: Una vez tuve el visado, pero cancelé el viaje. Pero cuando vivía en China, me cruzaba frecuentemente con las delegaciones norcoreanas.

D. MEDVÉDEV: Yo visité Corea del Norte formando parte de una delegación que estuvo allí, si no me equivoco en el año 2000. Es sin duda un país muy peculiar. Tenemos con ellos relaciones de buena vecindad. Naturalmente, nuestras relaciones se remontan al pasado soviético. Pero Corea del Norte es un país muy cerrado. Y la manera mediante la cual se toman allí las decisiones, como mínimo, suscita ciertas preguntas. Queremos que este país se desarrolle, que el pueblo de este país tenga garantizados los bienes básicos y los alimentos. Pero yo no sé cómo se va a poder mejorar la situación en Corea del Norte. No lo sé porque, lo digo una vez más, el sistema político de este país es muy insólito, es muy particular. Respecto del accidente con el buque surcoreano puedo decir lo siguiente. Es un incidente absolutamente triste: murió gente. Y una de las hipótesis, efectivamente, puede indicar que el buque de guerra ‘Cheonan’ fue hundido por un torpedo lanzado desde una nave de un Estado vecino. Pero no es la única versión.

Cuando hablé con el presidente de Corea del Sur, le dije personalmente que sin duda les acompañamos en el sentimiento. Y segundo que se necesitaba una investigación muy minuciosa que incluyera la participación de expertos. Él me contestó que invitaba a nuestros expertos y así, de hecho, éstos viajaron a Corea. Actualmente ya están preparando su informe. Según mi opinión, es una cuestión muy importante, porque pese a que se difundió sólo una versión, no debemos creer inmediatamente todo a pie juntillas.

Hay que hacer una investigación meticulosa y en cuanto estén claros sus resultados, cuando sean públicos, solamente entonces podremos hablar sobre sanciones a los culpables, sobre sus responsabilidades, dependiendo, claro, de quién sea considerado culpable, me refiero a qué estado o fuerzas externas.

R BLUMENSTEIN: ¿Qué postura le parece que debe adoptar China en sus relaciones con Corea del Norte? ¿Deben ser más o menos activos en la solución de la situación?

D. MEDVÉDEV: Yo creo que nuestros socios chinos adoptan una postura bien equilibrada y proporcionada al respecto. Y nosotros, a propósito, lo hacemos también, y por varias razones. Primero, vuelvo a repetir, porque somos vecinos. Y segundo, a pesar de las dificultades en el díalogo con Corea, porque debemos evitar arrinconarlos y elevar la tensión hasta un nivel que provoque acciones no convenientes. Porque ahora mismo, periódicamente escuchamos la retórica belicosa de Pyongyang. Y si tomamos esta postura no equilibrada, esto generará una situación peligrosa. Y la República Popular de China es el socio más cercano de Corea del Norte. Por eso entiendo perfectamente que hayan tomado una postura prudente

R. THOMSON: Señor presidente, muchas gracias por compartir su tiempo, ha sido usted muy generoso.



 

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