¿Quiénes son los occidentales que se unen al Estado Islámico?

Más allá de la guerra abierta en Irak y Siria, la amenaza terrorista es mundial. Cada vez más jóvenes occidentales emprenden un viaje hacia el terror para sumarse a las filas yihadistas.
Cada vez, son más numerosos y visibles los occidentales que se suman a la yihad. Según la CIA, de los más de 30.000 combatientes del Estado Islámico, solo la mitad son sirios o iraquíes y alrededor de 2.000 son occidentales, aunque Bruselas estima que 3.000 europeos pueden haberse sumado al Estado Islámico: un hecho que alarma no solo a los servicios de inteligencia y de defensa, sino también a científicos y sociólogos.
La causa de la radicalización vendrá de la depravación

"La causa de la radicalización vendrá de la depravación. Es una cuestión política y religiosa. Influirá en la segunda y tercera generación, no en la que acaba de llegar, sino en la que rememora lo que sus padres le cuentan de los lugares de origen y eso se llega a idealizar", explica a RT Jesús Sánchez, doctor en Criminología y experto en yihadismo de la Universidad Rey Juan Carlos.

El acento británico del afamado verdugo de James Foley puso el foco en estos nuevos yihadistas. El perfil es heterogéneo, pero suele estar presente el desarraigo cultural, el desafecto en su entorno y el uso de la fe islámica para integrarse en un clan, pero no son los únicos factores.
Básicamente los podríamos identificar como socialmente aislados

"Básicamente los podríamos identificar como socialmente aislados. Aunque tienen conexiones, estas son muy limitadas y también pueden tener afectos y entornos depresivos, es lo que muestran los últimos estudios. También hemos descubierto que no tienen que proceder de círculos desfavorecidos o pobres, de hecho suelen tener la capacidad de organizarse y gestionar sus recursos por sí mismos", afirma Kamaldeep Bhui, psiquiatra de la Escuela de Medicina de Londres.

Con un paisaje bélico en Siria e Irak de pocas garantías de éxito a largo plazo y la continua amenaza terrorista, surge otro problema: la traumática experiencia posterior al 11-S demuestra que se pueden extender en las sociedades occidentales sentimientos islamófobos, permeables al error de confundir el Estado Islámico con la cultura islámica.