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El caso de Stewart: teatro del absurdo de los derechos humanos en EE. UU.

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El 15 de julio el tribunal federal del distrito de Nueva York volvió a condenar a la abogada estadounidense Lynne Stewart, de 70 años, a 10 años de prisión, un lapso casi cinco veces más largo que su sentencia original.

El 15 de julio el tribunal federal del distrito de Nueva York volvió a condenar a la abogada estadounidense Lynne Stewart, de 70 años, a 10 años de prisión, un lapso casi cinco veces más largo que su sentencia original.

En 2005 Stewart fue declarada culpable de divulgar notas de prensa en nombre de su cliente encarcelado sospechoso de terrorismo Omar Abdel-Rahman, conocido como el 'Jeque Ciego'. Por aquel entonces a Stewart la acusaron de "conspirar, dar ayuda material a terroristas y defraudar al Gobierno" y la condenaron a 24 meses de prisión. Sin embargo la fiscalía, que desde el principio exigía 30 años de encarcelamiento, amenazó con apelar para cambiar la sentencia.

Tras la última audiencia el tribunal de apelaciones extendió el plazo de reclusión hasta 10 años. El juez John G. Koeltl argumentó que la sentencia inicial, de dos años y cuatro meses de prisión, era demasiado leve. Lynne Stewart permanecerá encarcelada hasta sus 80 años por "falta de remordimiento" y otros cargos a los que la imputaron.

Acusaciones con un matiz político

Lynne Stewart fue abogada del clérigo islámico fundamentalista Omar Abdel Rahman, acusado de conspiración y condenado a cadena perpetua en 1996.

Omar Abdel Rahman fue uno de los opositores al Gobierno de Hosni Mubarak, presidente egipcio. El islamista fue encarcelado por haber liderado el grupo radical Al-Gama'a al-Islamiyya, declarado como organización terrorista tanto en Egipto como en Estados Unidos. Se sospechaba que él podría haber participado en un complot que supuestamente tenía como objetivo atacar varios sitios céntricos de Nueva York. Rahman fue bautizado como "amenaza a la seguridad nacional" y encarcelado bajo condiciones "administrativas especiales" que estipulaban su total aislamiento e incomunicación. Se le prohibió recibir visitas, hacer llamadas telefónicas o tener contacto con otras personas.

Para poder seguir hablando con él, Stewart, como su defensora, tuvo que firmar un acuerdo que limitaba la comunicación que podía tener con él. Según la fiscalía, Stewart violó ese convenio y de esa manera "contribuyó al terrorismo". El juicio a Stewart duró siete meses y en febrero de 2005 terminó con la declaración de su culpabilidad. La abogada fue acusada de facilitar la comunicación entre Rahman y el grupo Al-Gama'a al-Islamiyya y al entregar a un periodista de Reuters un artículo de Rahman en el que el islamista instó a su grupo a que no parara su lucha contra el Gobierno egipcio.

Condenada sin pruebas

La legitimidad de las acusaciones presentadas a Stewart fue puesta en duda por varios medios de información y defensores de los derechos humanos. El rotativo neoyorquino New York Times señaló que durante el proceso "el Gobierno no probó que las acciones de Stewart habían llevado a la violencia” o "amenazado a la seguridad nacional".

Muchos de los colegas de Stewart calificaron su condena como un mensaje de advertencia del Gobierno para ellos mismos. El abogado defensor Jed Stone opinó que "su veredicto es un ataque escalofriante contra todos los abogados defensores. El gobierno nos ha dicho: 'No defiendan a los presuntos terroristas. Si lo hacen, pagarán un precio muy alto'. No importa la opinión que se tiene de la persona o de las acusaciones, merecen una defensa como todos los demás, quizá más. Pero el Gobierno no quiere que tengan abogados".

El teatro de los derechos humanos

La reacción a la nueva condena de Stewart, que se puede comparan con la perpetua ya que la mujer de 70 años está gravemente enferma, ha sido radical. La incoherente resolución, declarada por un tribunal en medio de la isla de Manhattan, dio motivos para cuestionar la eficacia y la sinceridad de las actividades de los defensores profesionales de los derechos humanos.

Un blogger anónimo bajo el nombre NameNotFound escribió una nota denominada 'Lynne Stewart y el teatro del absurdo de los derechos humanos' en el sitio web de RT en inglés.

“Y la condenaron a 10 años de prisión, pese a que tenga 70 años de edad y no haya cometido ningún crimen… sólo por negarse a arrepentirse… ¿Qué es esto? ¿La portada del New York Times sobre Burma? ¿Corea Del Norte? ¡Ojala! Es Manhattan, Nueva York, 2010".

El usuario describe en su artículo los detalles del proceso, enumera los 'delitos' de Stewart (centrándose en primer lugar en su "falta de remordimiento") y concluye que "en la mayoría de otros países sería legalmente imposible incrementar el plazo de encarcelamiento a un individuo ya sentenciado previamente porque se consideraría como algo inhumano. Pero ¿aumentar cuatro veces la sentencia por 'falta de remordimiento'?".

El internauta hace su pregunta principal: “¿Están seguros de que los defensores de los derechos humanos han estado allí?". Se encarga de citar textos oficiales de las organizaciones que promocionan la defensa de los derechos humanos, como  Human Rights Watch (HRW) o Aministía Internacional. Según la página oficial  de HRW, la entidad "se dedica a proteger los derechos humanos de personas de todo el mundo. Estamos con las víctimas para prevenir la discriminación, para garantizar la libertad política, para proteger a la gente del trato inhumano durante la guerra y para llevar a los criminales a la justicia".

"Y así lo hacen en Siria, Kazajstán y, quién duda, en Cuba. Pero ni una palabra sobre Lynne Stewart", reitera el blogger.

El autor del artículo alude a las 'metas' de Amnistía Internacional, en cuya página, según él, “se puede leer mucho sobre los abusos en Corea del Norte, Uganda y hasta en Francia". "Trabajamos para proteger los derechos humanos. Nuestros integrantes están indignados por los abusos a los derechos humanos, pero inspirados para hacer este mundo mejor", reza el eslogan de la organización. “No tan indignados por el hecho de que una activista estadounidense de 70 años fuera encarcelada por haberse negado a pedir perdón”, se sorprende el blogger, concluyendo que “tanto Human Rights Watch, como Amnistía Internacional literalmente están apartados de la corte federal del distrito de Manhattan, donde cientos de partidarios de Stewart lloraban mientras leían el veredicto".

“Eso nos lleva a hacer unas simples preguntas. ¿Deberían los defensores 'profesionales' de los derechos humanos al menos tratar de prestarle atención a lo que está pasando delante de sus narices? ¿Por qué es mucho más importante defender los derechos humanos en otros estados, preferentemente en  los que están peleados con el Gobierno estadounidense, que apoyar a las víctimas de las injusticias del país más poderoso del mundo?”.


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