'La Nación': El nuevo orden mundial es triangular

"El nuevo orden mundial es triangular", escribe 'La Nación'. Según el diario argentino, el equilibrio del poder "se quedó sacralizado" en la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) y se reparte ahora entre EE.UU., China y Rusia.
"La Casa Blanca tuvo que resignarse a admitir a China y Rusia como protagonistas de este nuevo orden geopolítico planetario, que se parece a una cadena construida con eslabones alternados de alianzas y rivalidades. (…) El cónclave de Pekín permitió comprender el profundo cambio de clima", escribe la columnista de 'La Nación', Luisa Corradini.

Ese reajuste se debe a varios factores decisivos. Uno es "el colosal salto adelante de la economía china", sostiene Corradini. Según expertos, antes del 2020 Pekín podrá sustituir a Washington en como primera economía del planeta. Otro es el creciente poderío militar del gigante asiático. China desarrolla activamente diseños propios: está fabricando un sofisticado caza furtivo (J-31), botó su primer portaaviones, está reforzando su flota de submarinos nucleares y está elaborando potentes misiles intercontinentales. Esto no es todo: está avanzando en la exploración del espacio y cuenta con sofisticadas tecnologías cibernéticas.

"China, dicho de otra forma, es ahora una potencia militar de primera magnitud, capaz de desafiar el poder que ejercía EE.UU. sobre el Pacífico desde la Segunda Guerra Mundial", opina Corradini. Desde su punto de vista, Washington está actualmente en una situación relativamente incómoda no solo debido al creciente peso de Pekín, sino también a causa de su acercamiento con Moscú, que "quedó en evidencia" en el brindis del mandatario chino, Xi Jinping, durante el banquete ofrecido al presidente ruso, Vladímir Putin: "Rusia y China deben resistir las presiones de Washington y permanecer unidas en el interés del mundo entero".

En los espacios de la APEC, Moscú y Pekín firmaron numerosos contratos de cooperación económica y militar, incluidos documentos históricos del suministro del gas y la creación de una línea de tren bala que pondrá a las dos capitales a 38 horas de viaje.