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León Tolstoi: a 82 años de que partió de su casa para siempre

Publicado: 8 nov 2010 13:37 GMT

Diez días antes de su muerte, el filósofo y escritor ruso León Tolstoi dejó su casa para siempre, expresando en una nota breve lo que muchos deciden desde todas las épocas al llegar a la vejez: partir del hogar para encontrar el fin de la vida en soledad. Por qué un hombre que podría haber sido muy

León Tolstoi: a 82 años de que partió de su casa para siempre
León Tolstoi: a 82 años de que partió de su casa para siempreCortesía del museo Yásnaia Poliana
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Diez días antes de su muerte, el filósofo y escritor ruso León Tolstoi dejó su casa para siempre, expresando en una nota breve lo que muchos deciden desde todas las épocas al llegar a la vejez: partir del hogar para encontrar el fin de la vida en soledad. Por qué un hombre que podría haber sido muy rico, vivir en cualquier lugar del extranjero, que poseía gran fama y autoridad, dejó todo con poco dinero en el bolsillo, es una cuestión que capta los pensamientos de muchos historiadores. En el camino a la respuesta, el autor se efermó de una grave neumonía y murió sin aclarar la respuesta.

“Sabemos mucho sobre los últimos días de León Tolstoi, pues a su lado había mucha gente que entonces fijaba cada paso y palabra del escritor en sus recuerdos y memorias. Pero la huida de su casa a los 82 años sigue siendo un enigma, en el mismo nivel que la construcción de las pirámides de Egipto. Algo siempre nos deja inquietos en esta cuestión y cada tiempo refleja este caso desde su punto de vista”, destacó el biógrafo ruso e investigador especializado en Tolstoi, Pável Basinski.

En su libro recién editado, ‘La Huida del Paraiso’, revela los mitos sobre el escritor, en base al análisis de las cartas de sus familiares. Según Basinski, en los tiempos de Tolstoi, al escritor se le ofrecía por derecho publicar sus obras por unos 10 millones de rublos de oro, lo que era un gran suma. A pesar de la posibilidad de ser muy rico, tras un cambio espiritual interno, huyó de la casa como un ferviente adversario del bienestar que proponía Yásnaya Poliana.

“En el momento de su salida, ni Yásnaya Poliana ni la casa en Moscú le pertenecían, todo había sido puesto a nombre de su mujer e hijos. No necesitaba nada. Le torturaba que los lacayos enguantados de blanco le sirvieran una sopa. Sufría porque al lado los campesinos vivían en casas con techo de paja. En el mínimo de confort que tenía en su casa no era feliz”, afirma Basinski.

“El director alemán Volker Schlöndorff, que puso una pieza de Tolstoi, me decía que su primer impresión de Yásnaya Poliana era: '¡Dios mío! ¡qué modesto es todo aquí!'. Y así sentía todo el que llegaba de cualquier  lugar del extranjero a visitar la casa de Tolstoi, ya durante su vida.” En general la vida de la familia era del nivel más bajo que el medio en Europa de aquel tiempo. No tenían ni baño caliente ni electricidad.



Una de las versiones más clásicas de las razones de la conducta de Tolstoi radica en que al escritor le importunaba todo, desde el conflicto alrededor de los derechos de autor entre su ayudante Chertkov y su mujer, hasta los problemas con los oficiales de la iglesia ortodoxa.

Pero existe otra versión, que apoya Basinski, y que se basa en el deseo del escritor de unirse con el pueblo: “desde mi punto de vista, en esta versión hay un grano de verdad, porque Tolstoi soñaba vivir como un hombre simple. Unos dicen que con este deseo engañaba a todos para hacer una promoción de su persona, y no creen en su deseo natural de vivir más tranquilo y con simpleza. Pero de cualquier modo no pudo porque tenía gran fama y gran responsabilidad por su familia”.



En la inauguración de la exposición singular y conmemorativa del centenario de la muerte de León Tolstoi en Uruguay, el biznieto del gran escritor deslumbró al público con la crónica de aquel hecho histórico (la entrevista de RT se puede leer aquí).

“En este instante, en el mundo entero, se conmemora el centenario de la muerte del escritor. Más precisamente el 7 de noviembre de 1910, a las siete de la mañana, en la pequeña estación de Astapovo, situada a 500 kilómetros al sur de Moscú, fallecía León Tolstoi. La desaparición de un escritor jamás había provocado una emoción tan grande.

“Una semana antes de su muerte, en el amanecer del 28 de octubre de 1910, cuando el invierno ya estaba instalado y el campo completamente nevado, el anciano hizo enganchar la troika (tiro de tres caballos), y salió a escondidas de su propiedad de Yásnaya Poliana, dejándole una nota a su mujer: 'No puedo seguir viviendo en el lujo -escribe-, y hago lo que los viejos de mi edad hacen generalmente: abandonar el mundo para vivir sus últimos momentos en soledad y en silencio. Te agradezco los 48 años de vida honesta que has pasado conmigo, y te ruego me perdones todo el mal que te he hecho, como yo te perdono el que me has hecho tú'.

“El fugitivo golpea a la puerta del convento de su hermana, María. Pero, al enterarse de que su esposa Sofía y sus hijos lo buscan, toma el tren con la intención de establecerse en el soleado Cáucaso y reencontrarse con los cosacos libres de su juventud. Lo acompañan su médico y su hija menor. El tren avanza lentamente hacia el sur, pero Tolstoi se enferma: una neumonía. Bajan en Astapovo, una pequeña estación cuyo jefe le ofrece su cuarto. Tiene fiebre, su temperatura va subiendo, su corazón late irregularmente, tiene fortísimos dolores de cabeza y una ardiente sed.

“Luego llegan personas de todos lados: su mujer, sus hijos. No hay dónde alojarlos. Hace frío. Entonces, traen un vagón para instalarlos. Sofía quiere ver a su marido, pero el discípulo Chertkov y su hija menor se interponen: temen que la entrevista le sea fatal. Los fotógrafos están presentes y filman la escena, incluso la más patética de todas, en la cual Sofía trata de ver por la ventana a su marido que está muriendo.”

“La agonía dura una semana. En una de sus últimas frases Tolstoi dice, con tono severo, incorporándose en la cama: 'Recuerden esto, hay mucha gente en el mundo además de León Nikolaievich, ¡y ustedes sólo piensan en él!', y agrega: 'Los campesinos, ¿cómo mueren los campesinos? Me voy... no pueden detenerme... ¡déjenme sólo!'.

“Poco antes del fin, llama a su hijo mayor, Sergio. Él recibe sus últimas palabras: 'La verdad, la quise tanto...'. León muere a las 6 de la mañana del 7 de noviembre. Tenía 82 años y medio.

“Está enterrado en su propiedad de Yásnaya Poliana (hoy día un museo), en un claro del bosque donde su hermano Nicolás había escondido en su juventud un pequeño palo verde, que constituía para ellos el talismán del amor, de la armonía y de la felicidad eternas.



“Podemos resumir en pocas frases lo que fue la vida del escritor.

“Desde los 27 años, León Tolstoi deslumbró a los lectores rusos con el cuento autobiográfico ‘Infancia’, saludado por la crítica como una obra maestra. En el Cáucaso, luego en Crimea, durante el sitio de Sebastopol, confirmó su condición de figura dominante de la literatura rusa, publicando sus 'Cuentos de guerra'.

“Después de su casamiento con Sofía Behrs, quien le dio 13 hijos, su genio de novelista se desarrolló con dos obras monumentales: ‘Guerra y paz’ y ‘Ana Karenina’, consideradas en el mundo entero como las dos grandes obras maestras de la novela del siglo XIX.

“Después de una grave crisis espiritual, que ocurre cuando cumple 50 años y que cuenta en su novela ‘Confesión’, comienza a predicar un nuevo cristianismo que le hace renegar de su obra de escritor, y lo enfrenta a la iglesia oficial. Se va hundiendo cada vez más en una oposición radical a todas las instituciones políticas, militares y judiciales del mundo contemporáneo, a las que considera contrarias al principio fundamental de su cristianismo: no utilizar la violencia contra el mal.

“Su postura en relación al arte moderno, la sexualidad, el patriotismo, el servicio militar, la pena de muerte, lleva a un segundo plano su figura de escritor. Sin embargo, el artista no ha muerto en él: novelas como ‘La muerte de Iván Illich’, ‘La sonata a Kreutzer’, ‘Amo y servidor’, proyectan sobre la comedia social la luz implacable de su conciencia. Con su tercer gran novela ‘Resurrección’, su talla de predicador se acentúa, denunciando las mentiras de la sociedad contemporánea y de sus instituciones al servicio de los privilegiados.”

 

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