El reloj principal del país: ¿qué pasa si sonara de otra manera?

Son campanadas con su sonar sagrado y limpiador espiritual lo que suena primero en el Año Nuevo en Rusia. Son la voz del reloj principal de Rusia, Kuranti, en la Torre Spasskaya del Kremlin de Moscú que empieza a marcar la nueva etapa, en el sentido del calendario a la vida humana. Sus campanas l

Son campanadas con su sonar sagrado y limpiador espiritual lo que suena primero en el Año Nuevo en Rusia. Son la voz del reloj principal de Rusia, Kuranti, en la Torre Spasskaya del Kremlin de Moscú que empieza a marcar la nueva etapa, en el sentido del calendario a la vida humana. Sus campanas legendarias y su trabajo sin cesar son muy significativas y simbólicas para muchos rusos.

“El metal frío de las campanas hechas según las tradiciones de arte, corta con su vibración las capas de aire y hace un eco en el corazón ruso con las voces altas y limpias, así calentándolo espiritualmente”, destacaba en 1930 el famoso teólogo y filósofo ruso Vladímir Ilín desde su emigración en París tras la revolución socialista rusa de 1917.

Este acontecimiento del inicio del siglo XX no solo hizo huir del país a muchos profesores que no estaban de acuerdo con el régimen nuevo. El ametrallamiento revolucionario por el Kremlin se resultó con la pérdida de muchas campanas históricas de la Torre Spasskaya. Así lo que se oye cada 15 minutos como el sonido de reloj principal del país es solo un “mísera sombra de todo el esplendor que podía interpretar el carillón en los siglos XVIII y XIX”, destaca el empleado de la comunidad de los campaneros de iglesia Mishurovski Konstantín.

De todas formas, este 'repiquete ocasional' hoy en día es un símbolo indiscutible y cariñoso para el país. Al gigante de seis metros de diámetro que produce esta melodía se le cuida con todo el respecto que se merece.



“Hay un servicio especial que se ocupa del reloj todo el año. Por eso para subir a la torre se necesitan conseguir permisos especiales. Este reloj ya es un símbolo para el país y si sonara diferente o si se estropeara, la gente de Rusia entraría en estado de shock, o como mínimo se sentiría muy confundida”, destacó Konstantín Mishurovski.

La campanada de Kuranti se convirtió en una marca del país entero gracias al desarrollo de la televisión y la radio en la época de Stalin. Hay dos tipos de sonido: un carillón para señalar cada cuarto de hora y melodías. Lo que se escucha durante los primeros segundos del Año Nuevo es un carillón para el cuarto de hora. Después por la televisión se suele transmitir la grabación del himno en la versión con orquesta y coro. Todavía nadie tuvo la oportunidad de escucharlos en la versión de campanadas de la torre principal. Mishurovski fue quién investigó si tal sorpresa navideña puede ser realizada.

“Todavía no se puede por la falta de campanadas, pero es posible. Los consejos oficiales ya están enviados y veremos cuándo van a hacer más campanadas”, afirmó Mishurovski.


Las campanadas que están colocadas ahora llevan su importancia histórica para Rusia, como son del siglo XVIII, hecho por el orden personal de la emperatriz Catalina II de Rusia. El maestro que los hizo fue Semión Gavrílovich Mazhujin.



El primer toque de la campana principal de la torre está sincronizado con el primer toque de la gran campana de 30 toneladas en el Campanario de Iván 'el Grande'. Así se instala el diálogo entrev las dos dominantes de Kremlin. Las del reloj menos la más grande están hechas como si fueran para las iglesias ortodoxas y llevan todos los rasgos característicos. Poca gente sabe, que llevan las imágenes de los santos. En particular, junto al mausoleo de Lenin 've' desde la campana de la torre santa Bárbara con la cruz en su mano.

El mismo reloj existe desde el siglo XVII como mínimo y en algunas crónicas se destaca que se los podía ver hasta un poco antes. Las épocas cambiaban, junto con ellos se destruían monumentos que les pertenecían, pero el reloj cambiaba solo por el perfeccionamiento técnico.



Desde su altura de 50 metros, éste ha sido el testigo de todo lo que pasa en la plaza central de la capital desde hace más de 4 siglos. En las últimas décadas cada Noche Vieja miles de personas se reúnen cerca de él para esperar el sonido de sus campanas.

“La tradición de reunirse es bastante joven, desde la época soviética. Antes, en el siglo XIX todavía existía un foso en la plaza, habían más iglesias, una feria de libros, por allí pasaba el tranvía. Entonces, fue una plaza de la ciudad muy común. La tradición de reunirse nació gracias al cinematógrafo ruso. Por ejemplo, las imágenes de crónica de la victoria de la Gran Guerra Patria, cuando la gente llegaba a escuchar el reloj al lado de las paredes de Kremlin y ver los fuegos artificiales, se grabaron en las mentalidades de mucha gente”, destaca Konstantín Mishurovski.



En general, la campanada de Kuranti es el símbolo de la unión rusa, demás de ser símbolo de la espiritualidad. Con el agua con el que se limpiaban las campanas algunas personas se bañan creyendo que así podrán curar las enfermedades, mientras otros bajo su sonido  rezaban y se arrepentían. Se cree que todo lo malo huye cuando suena una campana.

En este sentido existen varias supersticiones. Una de ellas es pedir un deseo mientras el reloj de la torre esta dando las doce. Los deseos más comunes entre las mujeres rusas son: encontrar el amor de su vida, casarse o tener hijos.

La moscovita Olga aprovecha cada año para pedir uno. Y la verdad es que tiene toda la razón. Hace un tiempo su deseo fue tener una hija. Poco después este sueño se cumplió. Por eso, Olga cree firmemente en la magia navideña.

“A las doce, escuchando el reloj de Kremlin hay que pedir lo que más deseas y se cumplirá, sin duda! Liza es el mejor regalo. Y yo no diría que eso es una superstición. Se trata más bien un milagro que pasa por la fiesta más importante del año. Igual que en los cuentos”, destacó.

Y mientras en España y América Latina se toman las 12 uvas, los rusos siguen sus tradiciones. Una manera interesante de pedir deseos es escribirlos en un papel, luego quemarlo, tirarlo a un vaso lleno de champán y beberlo todo.

Pero Olga también nos reveló un secreto importante. Para que el deseo se cumpla hay que pedir solo uno. Concentrarse bien y escuchar atentamente el mágico sonido del reloj de la torre.