Tras el 11-S, la sociedad estadounidense se volvió menos tolerante con los extranjeros

Numerosos países recuerdan este domingo a los cerca de 3.000 fallecidos tras la trágica jornada del 11 de septiembre de 2001. En Nueva York, las ceremonias de memoria se han centrado en el lugar del derrumbado "World Trade Center". Allí, en el lugar que antes ocupaban las torres gemelas se elevar

Numerosos países recuerdan este domingo a los cerca de 3.000 fallecidos tras la trágica jornada del 11 de septiembre de 2001. En Nueva York, las ceremonias de memoria se han centrado en el lugar del derrumbado "World Trade Center". Allí, en el lugar que antes ocupaban las torres gemelas se elevaron dos columnas de luz, además, se ha oficiado una misa en la catedral de San Patricio en memoria de las víctimas fallecidas.

En el estado de Pensilvania, donde se estrelló un avión de vuelos domésticos, la gente encendió velas por los pasajeros y los tripulantes. El 11-S del 2001 cambió radicalmente el panorama internacional, algo que se reflejó también en la vida de la comunidad latina en Estados Unidos.

Manuel Bedillo, un activista y familiar de una de las víctimas del World Trade Center,  nos enseña el retrato de su tío Tom Joseph Scroy, que murió en el Centro Mundial del Comercio de Nueva York durante los ataques terroristas del 11 de Septiembre del 2001. Pero así como la pérdida de este ser querido aun hace sufrir a su familia; para este joven, 10 años después de estos sucesos, todavía quedan muchas preguntas sin resolver sobre esta tragedia que ha marcado este siglo.

“Mi tío fue asesinado el 11 de Septiembre del 2001. Los peores días fueron el 12 y el 13 porque no sabíamos que había pasado con él. Nuestra familia aun siente el mismo dolor que miles de familias por el 9-11. Perdimos a nuestros seres queridos y lo peor de todo es que hasta el momento no se ha hecho justicia. Quedan muchas preguntas sin respuesta, mucha incertidumbre. Quiero que se haga justicia”, reclama Manuel.

Los testimonios no terminan ahí, Nahela Morales, líder comunitaria y activista musulmán, afirma que se salvó por un pelo de ser una de las víctimas fatales del 9-11. Justo ese día, el sueño le venció y evitó que tomara un tren de metro que terminó atrapado bajo los escombros del Centro Mundial de Comercio de Nueva York.

“Yo estaba planificando ir a la ciudad, vivía en las afueras y esa misma mañana me quedé dormida, a mí me hubiese tocado en el subterráneo debajo de las Torres. Creo que fue la voluntad, de Dios, que me haya quedado dormida. Cuando encendí el televisor vi todo lo que estaba pasando, fue un shock para mi pensar que yo hubiera podido estar ahí”, dice Nahela.

Para los hispanos que residen en EE. UU. desde hace más de una década, el recuerdo del colapso de las Torres Gemelas, el Pentágono humeante y el fatal campo en Pensilvania tiene además otras repercusiones: Así como esta comunidad comparte el temor de la población general ante la posibilidad de futuros ataques terroristas, muchos hispanos han visto como la modificación de las políticas de seguridad interna ha afectado el tema migratorio y la capacidad de la sociedad norteamericana de aceptar a los extranjeros.

Y es que las medidas antiinmigrantes y la desconfianza hacia los hispanos indocumentados son, de acuerdo al ciudadano de a pie, fenómenos indirectamente relacionados con el clima de temor generalizado post 9-11.

“Eso tiene mucho que ver y ha tenido mucha repercusión acerca de cómo nos ven a nosotros los hispanos porque también somos inmigrantes en este país y ese el problema que nosotros enfrentamos. Desconfían mas de nosotros, nos ven diferente que hace diez años”, se lamenta Francisco Mojo, un residente hispano en la Gran Manzana.

Mientras que para Rubén Barrientos, otro inmigrante hispano, a raíz de los incidentes del 11-S se perdieron todas las esperanzas de los inmigrantes de tener una vida mejor. “Nos afectó mucho a nosotros los hispanos. Teníamos la esperanza de que el presidente nos apoyara a nosotros los inmigrantes con una ley para poder arreglar nuestra situación de inmigración”, comenta Rubén.

Por otra parte, también algunos neoyorquinos como Mariela Dabbah, escritora testigo del 11-S, han pasado a cuestionar a su propio país y su imagen ante el mundo en el escenario post 2001.

“El mundo cambio, para los norteamericanos, especialmente porque no han ocurrido ataques como este. Yo creo que nos cambió la sensación de seguridad que teníamos, de pensar que nosotros estábamos afuera de esto. A mí me permitió empezar a estudiar las posturas políticas de otros países del mundo con respecto a EE. UU., es decir, ¿por qué la gente odia a EE. UU.? Y descubrí que yo misma por haber crecido en Latinoamérica he sufrido muchas de esas políticas estadounidenses”, asegura Mariela.

Mientras tanto, Manuel Bedillo continúa sus estudios y sigue en el activismo, pues él considera que presionar a las autoridades para obtener respuestas sobre el 9-11 es la única forma real de garantizar la tranquilidad no solo de los estadounidenses, sino también del resto del mundo.

“Decidí hacer preguntas, porque considero que el activismo es la única forma de terminar con la violencia y salvar miles de vidas que cada día se pierden por la “Guerra contra el Terrorismo”; por el imperialismo que demoniza a las familias musulmanas, envía soldados jóvenes a morir. Nadie debería tener miedo de cuestionar a su gobierno, es absolutamente normal buscar respuestas y exigir a las autoridades, a los medios, porque necesitamos saber la verdad de lo que ocurrió realmente el 9-11”, comenta Bedillo.

Y esa verdad puede o no salir a la luz, pero en todo caso, esto dependerá en gran medida de la voluntad y la transparencia de las autoridades gubernamentales estadounidenses.

Por su parte, el investigador Adrián Salbuchi duda de que la autoría de esos atentados pertenezca "solo" a un grupo de radicales. “No se sabe a ciencia cierta quienes perpetraron ese atentado, cuyas características técnicas son tan complejas que parece absurdo pensar que lo hayan podido realizar 19 pilotos inexpertos musulmanes dirigidos” por Osama Bin Laden, “esto fue una demolición controlada que requería años de planificación”, indicó el experto.