La educación, el verdadero reto de la revolución egipcia

A más de medio año de iniciada la revolución egipcia, el país sigue inmerso en la incertidumbre. Continúan las protestas en busca de cambios. La última ola de disturbios, provocada por los enfrentamientos entre los cristianos coptos y la policía militar, dejaron el domingo al menos 36 muertos y m

A más de medio año de iniciada la revolución egipcia, el país sigue inmerso en la incertidumbre. Continúan las protestas en busca de cambios. La última ola de disturbios, provocada por los enfrentamientos entre los cristianos coptos y la policía militar, dejaron el domingo al menos 36 muertos y más de 300 heridos.

Pero ¿quiénes son los artífices de esta revolución?

Serguéi Serióguichev, del Instituto de Medio Oriente, comenta: “El revolucionario promedio tiene entre 25 y 35 años y cuenta con un título de estudios superiores. Por lo menos una tercera parte de ellos tiene un negocio propio o trabaja en el sector privado. La mayoría son empleados por el Estado de manera directa o indirecta”.

No obstante, este no sería el perfil de la mayoría de los egipcios, pues se calcula que la mitad de la población vive en el umbral de la pobreza. Es decir, carece de acceso a una alimentación adecuada, no tiene instalaciones sanitarias ni educación. Y es precisamente este último asunto uno de los principales problemas que los revolucionarios consideran como el lastre del país.

La egipcia Mariam Naoum, manifestante y guionista, precisa: “El gobierno ha invertido muy poco dinero en educación e investigación. Hay que invertir más si queremos ver un cambio en la próxima generación. Si no, seguiremos igual. Sí, tendremos más libertades, pero no sabremos qué hacer con ellas. Por eso creo que la educación es la clave para ver los frutos de la revolución”.

Frutos que al día de hoy parecen lejanos si se observa la situación poblacional de la nación árabe. Cifras oficiales revelan que el 40% de los egipcios es analfabeta. Muchos creen que esto, junto a las profundas creencias religiosas del país, podría beneficiar a los partidos fundamentalistas que politizan la fe para conseguir simpatizantes de cara a las elecciones. Serguéi Serióguichev argumenta: “Las clases más pobres son analfabetas y apolíticas y resulta fácil lavarles el cerebro”.

El acceso a la enseñanza constituye una de las prioridades a la hora de reformar el país. Sobre todo para las minorías religiosas que temen que el islamismo radical siga creciendo. “Es necesario cambiar el sistema educativo en Egipto, que deja mucho que desear y  además contribuye a seguir creando generaciones de fundamentalistas”, afirma el cristiano copto Rami Abadir.

Actualmente, el mayor temor de una gran parte de los manifestantes es que el proceso de la transición permita a ciertos partidos políticos manipular a esos millones de egipcios sin escuela y lleve al poder a un líder que finalmente no responda a los ideales de la revolución.