Débil e inestable, así dejan a Irak las tropas estadounidenses

"Estamos aquí para marcar el fin de guerra en Irak, para honrar el sacrificio de todos los que lo han hecho posible y para pasar la página. Se inicia un nuevo capítulo en la historia entre nuestros países". Esta fue la promesa reiterada por el presidente estadounidense, Barack Obama, en la reunió

"Estamos aquí para marcar el fin de guerra en Irak, para honrar el sacrificio de todos los que lo han hecho posible y para pasar la página. Se inicia un nuevo capítulo en la historia entre nuestros países". Esta fue la promesa reiterada por el presidente estadounidense, Barack Obama, en la reunión con el primer ministro iraquí. A finales de este mes, Estados Unidos planea concluir casi nueve años de invasión de ese país.

El pueblo iraquí parece que por fin puede respirar tranquilo. Tras años y años de lucha, algunos no pueden contener la emoción. Sin embargo no es solo alegría lo que sienten, ya que esta sensación choca con el nacimiento de una preocupación por la incertidumbre ante su futuro: se alegran porque las tropas se marchan, pero no saben qué les espera.

¿Qué se alcanzó con la guerra?

Y a esta preocupación no le faltan razones. Una enorme cantidad de soldados abandona un país que fue controlado durante casi una década dejándolo frágil y fácil para ser conquistado otra vez, ya que es rico en petróleo. Al terminar Washington con el régimen de Saddam Hussein, esto no generó un cambio palpable en el territorio, sino que más bien dejó un vacío en la vida del país y una notable inestabilidad política. El antiguo sistema se terminó, pero el nuevo no se está construyendo.

Además existen opiniones de que EE. UU. abandona a Irak a su suerte dejándolo adrede tal como está ahora, con una débil infraestructura y con un sistema institucional vulnerable. Este contexto podría provocar que el país islámico pida a Washington que regrese para prestarle su ayuda. Hay que destacar que desaparecieron unos 9.000 millones de dólares, enviados para financiar la reconstrucción del país, según reveló una auditoría realizada por el Departamento de Defensa de EE. UU. Y poco se sabe qué se hizo con el dinero de los contribuyentes estadounidenses.

Ahora que Irak se queda a solas con sus propios conflictos aparece también otro problema en el horizonte: ¿podrán diferentes partidos de esta nación llegar a un acuerdo para forjar un buen porvenir para su país? Algunos creen que el verdadero problema es la lucha entre los políticos dentro del mismo país.

El claro perdedor del conflicto es la población iraquí. El número de civiles muertos varía, dependiendo de quién haga el recuento y oscila entre los 68.000 y 1 millón de personas. Al mismo tiempo, fuentes militares de EE. UU. calculan que fallecieron casi 4.500 de sus soldados, mientras que otros 30.000 regresaron heridos. Sin olvidar que el conflicto dejó más de 1,75 millones de desplazados internos y refugiados en todo el país.

Lejos de resolver estos problemas, Obama da por culminado el capítulo de su país en el largo libro de la guerra de Irak para dejar de ser protagonista. Pero hasta el epílogo parece que quedan muchas páginas más por escribirse, todavía sin una clara definición para ninguno de los personajes de esta trama. Si Estados Unidos volverá a tener un papel principal en esta historia después de casi una década de violencia, solo el tiempo lo dirá.