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Rusia se concentra: los retos que debemos contestar

Publicado: 16 ene 2012 08:01 GMT

El primer ministro de Rusia y candidato a la presidencia del país por Rusia Unida, Vladímir Putin, ha publicado un amplio artículo en el periódico ruso 'Izvestia' y en su página preelectoral www.putin2012.ru. En el texto esboza su visión de los temas esenciales de la realidad nacional que se refl

Rusia se concentra: los retos que debemos contestar
Rusia se concentra: los retos que debemos contestarAlexéi NikolskiRIA Novosti
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El primer ministro de Rusia y candidato a la presidencia del país por Rusia Unida, Vladímir Putin, ha publicado un amplio artículo en el periódico ruso 'Izvestia' y en su página preelectoral www.putin2012.ru. En el texto esboza su visión de los temas esenciales de la realidad nacional que se reflejarán posteriormente en su programa político. A continuación reproducimos el texto completo de la publicación.

El 4 de marzo los ciudadanos de Rusia acudirán a los colegios electorales para elegir al presidente del país. En la actualidad en la sociedad se están produciendo un sinnúmero de debates.

Considero necesario aclarar mi postura acerca de algunas cuestiones que me parecen importantes para el amplio debate. ¿A qué riesgos se tendrá que enfrentar Rusia y qué objetivos deberá alcanzar? ¿Qué puesto debemos ocupar en la política y la economía global? ¿Seguiremos el desarrollo de los acontecimientos o seremos nosotros mismos los que definiremos las reglas del juego? ¿Merced a qué recursos podremos fortalecer nuestra posición y, subrayo, generar desarrollo estable? Un desarrollo que no tenga nada que ver con el estancamiento, porque en el mundo actual la estabilidad es un bien que hay que merecerlo, conseguirlo con un esfuerzo tenaz, mostrándonos abiertos hacia los cambios y preparados para las reformas maduras, sopesadas y bien planificadas.

El problema de Rusia que no deja de repetirse a lo largo de su historia es que cierta parte de la élite tiene aspira a cambios bruscos, a revoluciones en vez de un desarrollo consecuente. No sólo la experiencia de Rusia sino de todo el mundo demuestra que son perniciosos los cambios históricos bruscos: las huidas hacia delante y las subversiones no constructivas.

A eso se opone otra tendencia, un reto opuesto: la inclinación al estancamiento, al parasitismo, la ineptitud de las élites con alto nivel de corrupción. Es más, en cada ocasión que se presenta los "subversivos" literalmente se convierten a la vista de todos en "señorones" contentos de sí mismo, que no admiten cambios y celosamente defienden su estatus y sus privilegios. O bien ocurre todo al revés, que los "señorones" se convierten en "subversivos".

De ahí el "efímero aliento" de la política, su limitación a las cuestiones de la conservación o reconstrucción del poder y de la propiedad.

Esa situación tradicionalmente surgía por la debilidad de la sociedad para controlar a los políticos, un desarrollo pobre de la sociedad civil en Rusia. El estado de cosas va cambiando pero todavía muy lentamente.

No hay lugar para una democracia donde la política no sea aceptada por la mayoría de la población y no represente los intereses de esa mayoría. Sí, se puede ilusionar por un corto espacio de tiempo a una parte considerable de la población con promesas llamativas e imágenes de un futuro bonito. Pero si después el pueblo no encuentra ese bonito futuro, la gente le dará la espalda a la política y a los objetivos sociales por mucho tiempo. Así ocurrió más de una vez a lo largo de nuestra historia.

Hoy día se habla de diferentes formas de renovación del proceso político. ¿Pero qué nos ofrecen? ¿Cómo componer el poder? ¿Entregarlo a "los mejores"? ¿Y después qué? ¿Qué haremos?

Me preocupa que no se debata lo que hay que hacer fuera del marco de las elecciones, después de las elecciones. Creo que eso no se ajusta a los intereses del país, a la calidad del desarrollo de nuestra sociedad y al nivel de su educación y responsabilidad.

Me parece que los ciudadanos rusos deben tener la posibilidad de debatir no solo los puntos fuertes y débiles de los políticos, una posibilidad que en sí misma no está mal, sino también el contenido de la política, los programas que quieren implementar los políticos. Los retos y objetivos que deben estar en el foco de atención de esos programas. Cómo podemos mejorar nuestra vida, cómo podemos hacer un orden social más justo. Qué rumbo de desarrollo económico y social queremos.

Hace falta un diálogo amplio sobre el futuro y las prioridades, sobre la elección que se hará para un largo período de tiempo, sobre el desarrollo y las perspectivas nacionales. Este artículo es una invitación a ese diálogo.

Dónde estamos y hacia adónde vamos

Por sus principales índices de desarrollo económico y social la Rusia de hoy ha salido de un declive profundo, al que nos sumergimos después del fracaso del modelo totalitario del socialismo y la caída de la Unión Soviética. Pese a la crisis de los años 2008-2009, que “nos privó” de dos años de nuestros esfuerzos, alcanzamos y superamos los índices del nivel de vida de los años más exitosos de la URSS. Por ejemplo, la esperanza de vida en Rusia es más alta de la que había en la URSS en los años 1990-1991.

La economía se desarrolla, esto se refiere sobre todo a la gente, su trabajo, sus ingresos, sus nuevas oportunidades. Si comparamos con los años 90, la pobreza ha disminuido en más de 2,5 veces. Casi han quedado en el pasado “las zonas de pobreza permanente”: cuando los habitantes de las grandes ciudades (activos y capaces de trabajar) no podían encontrar empleo o no recibían sus salarios durante meses. De acuerdo con investigaciones independientes, los ingresos reales de cuatro de cada cinco rusos superan el nivel del año 1989, cuando el desarrollo de la URSS llegó a su cúspide y comenzó la degradación del sistema socioeconómico del país. Más del 80% de las familias rusas actualmente tiene un nivel de consumo más alto que la media de consumo de una familia soviética. La compra de electrodomésticos creció en un 50 por ciento y ahora equivale al nivel de los países desarrollados. Una de cada dos familias tiene un coche, lo que representa un crecimiento triple de ese índice. Las condiciones de vida también han mejorado significativamente. No sólo el ciudadano medio de Rusia, sino también nuestros jubilados, ahora consumen más alimentos básicos que en 1990.

Pero lo más importante es que Rusia durante los últimos 10 años ha formado un estrato considerable de gente que en Occidente se llamaría clase media. Es la gente con unos ingresos que les permiten elegir entre gastar o ahorrar, qué comprar y cómo pasar las vacaciones. Pueden elegir el trabajo que les gusta, tener ciertos ahorros.

A fin de cuentas, la clase media es la gente que puede elegir en términos de política. Normalmente tienen un nivel de instrucción que les permite analizar a los candidatos razonablemente y no “votar impulsivamente con el corazón”. En otras palabras, la clase media ha empezado a formular sus exigencias en diferentes campos.

En 1998 la clase media representaba del 5 al 10% de la población. Era menor que en los últimos años de la URSS. Hoy día la clase media constituye, según diferentes estimaciones, del 20 al 30% de la población del país. La forman los ciudadanos cuyos ingresos superan más de tres veces el ingreso medio que recibía una persona en 1990.

La clase media debe seguir creciendo, debe convertirse en la mayoría social de nuestra sociedad y completarse por cuenta de quienes “cargan sobre sus hombros” nuestro país: médicos,  profesores, ingenieros, obreros cualificados.

La principal esperanza de Rusia es alcanzar un nivel más alto en materia de educación y sobre todo para nuestra juventud. Ese es el objetivo, pese a todos los problemas conocidos y las quejas existentes sobre la calidad del sistema educativo nacional.

Entre nuestros ciudadanos de entre 25 y 35 años, la educación superior se sitúa en el 57 por ciento. El mismo nivel se registra sólo en 3 países más: Japón, Corea del Sur y Canadá. El crecimiento explosivo de las necesidades de la educación continúa. La próxima generación (de entre 15 y 25 años) está en condiciones de poder hablar de la universalización de la educación superior. Más del 80 por ciento de los jóvenes la recibe ahora o aspira a recibirla.

Estamos entrando en una nueva realidad social. La "Revolución Educativa" cambia radicalmente la propia imagen de la sociedad y la economía rusas. Aunque por el momento nuestra economía no requiere de tantos trabajadores con un grado de educación superior, ya no se puede volver atrás. No es la gente la que tiene que adaptarse a la actual estructura de la economía y al mercado laboral, sino que la economía debe ser tal que los ciudadanos (altamente cultos y cualificados y con un gran nivel de exigencia) puedan encontrar un puesto de trabajo decente y óptimo.

El principal desafío para  Rusia es que debemos aprender a utilizar el "impulso educativo" de la generación joven, atender las crecientes demandas de la clase media y su voluntad de asumir la responsabilidad (por su bienestar) para asegurar tanto el crecimiento económico como el desarrollo sostenible del país.

Las personas más instruidas se traducen en una mayor esperanza de vida para el país, un menor nivel de delincuencia y de comportamiento antisocial y también significa escoger la elección más racional. Todo esto de por sí crea un entorno favorable para nuestro futuro.

Pero esto por sí solo no basta.

El aumento del bienestar de la última década se ha debido en gran parte a las acciones del Estado, incluso a costa de restaurar el orden en la distribución de la renta de los recursos. Utilizamos los ingresos del petróleo para incrementar las ganancias de la población, para sacar a millones de personas de la pobreza. Y también para tener ahorros nacionales en caso de crisis y de desastres naturales. Hoy en día, el potencial de "la economía basada en las materias primas" está agotándose y lo peor es que no tiene ninguna perspectiva estratégica.

Ya en los principales documentos del programa del 2008 (aprobados directamente antes de la crisis) se planteó como tarea principal la diversificación de la economía y la creación de nuevas fuentes del crecimiento.

Hace falta formar una nueva economía para gente culta y responsable. Para todos: para profesionales, empresarios o consumidores.

En los próximos 10 años en la economía entrarán 10 u 11 millones de jóvenes, de los cuales ocho o nueve millones tendrán educación universitaria. Hoy en día, en el mercado laboral, 5 millones de personas con educación superior no están satisfechos ni con su salario, ni con las características de su trabajo (por falta de perspectivas). Otros 2 ó 3 millones los ocupan especialistas de las instituciones presupuestarias que quieren encontrar un nuevo empleo. Además, 10 millones de personas trabajan en fábricas basadas en tecnologías obsoletas y atrasadas. Este tipo de tecnologías hay que dejarlas atrás y no sólo porque pierdan competitividad en el mercado. Parte de ellas representan un peligro para la salud de los trabajadores y para el bienestar del medioambiente.

Así pues, la creación de 25 millones de nuevos puestos de trabajo dedicados a las altas tecnologías y bien remunerados (para personas con educación superior) no es simplemente una frase bonita. Es una necesidad urgente y un nivel mínimo de exigencia. Debemos construir nuestra política estatal en torno a la solución de este problema nacional, para consolidar los negocios y crear el mejor clima para llevarlos a cabo.

Estoy seguro de que el actual y, sobre todo, el futuro potencial de la plantilla de nuestro país permite aspirar a posiciones más firmes en medio de la competencia económica global.

La futura economía rusa tiene que responder a las necesidades de la sociedad. Debe garantizar ingresos laborales más altos, un trabajo más interesante y creativo, crear posibilidades más amplias para el crecimiento profesional y para el ascenso social.

Exactamente eso (y no sólo las cifras de PIB), junto a los volúmenes de las reservas de oro, los ratings de las agencias internacionales y el alto lugar de Rusia entre las economías más grandes del mundo será vital en los próximos años. Ante todo la gente debe sentir los cambios positivos y en primer lugar a través de la ampliación de sus propias posibilidades.

Pero el impulsor del crecimiento debe ser y será la iniciativa de los ciudadanos. Nosotros seguramente perderemos si sólo vamos a contar con las decisiones de los funcionarios y de un círculo reducido de grandes inversores y de compañías estatales. Seguramente perderemos si sólo contamos con una posición pasiva de la población.  

Así, el crecimiento de Rusia en la década entrante sólo será posible mediante la ampliación del espacio de la libertad para cada uno de nosotros. Lograr el bienestar a cuenta de alguien y sin la responsabilidad de nuestros actos resulta imposible en el siglo XXI.

Nos enfrentamos a un reto más. Detrás de las frases generales sobre el consentimiento y la utilidad del trabajo caritativo se abre un bajo nivel de confianza entre las personas, una falta de deseo de cumplir los deberes públicos, de preocuparse de los demás, una incapacidad para superarse por encima de los intereses privados… Este es un serio y antiguo enemigo de nuestra sociedad.

En la cultura rusa hay una gran tradición de respeto al Estado, a los intereses sociales y las metas del país. La mayoría absoluta de los rusos quiere ver a su país como un Estado fuerte y respeta a sus héroes, que sacrificaron su vida en aras del bienestar común. Pero es lamentable que el orgullo por la patria  no se refleje en la vida cotidiana - en la participación en la administración local, en la disposición a hacer cumplir las leyes, en el altruismo.

No por ignorancia o egoísmo, sino por una falta de fe en sus fuerzas o en el prójimo.

Sin embargo, esta situación está cambiando en los últimos años. Los ciudadanos a menudo no sólo expresan sus demandas justas al gobierno, sino que también se dedican a tareas prosaicas, pero necesarias: acondicionamiento de los patios vecinales, atención a los minusválidos, ayuda a los necesitados, organización de actividades para los niños, etc.

Desde el año 2012 el Estado comenzará a apoyar tales iniciativas: a nivel federal y en muchas regiones se adoptan programas de apoyo a las organizaciones sin fines de lucro y no gubernamentales de orientación social. En el futuro vamos a aumentar tales programas. Pero para que sean eficaces, se necesita luchar contra los prejuicios de nuestros funcionarios respecto a los activistas sociales. Detrás de estos prejuicios se oculta la falta del deseo de compartir los recursos, la intención de evadir toda competencia y el temor a asumir la responsabilidad por las tareas planteadas.

Las religiones tradicionales -la ortodoxia, el islam, el judaísmo y el budismo- juegan un papel inapreciable en la ayuda al prójimo, en la superación de los procesos que transcurren en la sociedad de manera rápida e inevitable, como la desunión de la gente, así como en la confianza y la disposición a resolver los conflictos de manera pacífica. La escuela y los medios de comunicación, la televisión e Internet, también tienen que contribuir a revertir estas tendencias.

Una sociedad libre no es sinónimo de muchedumbre de egoístas solitarios y parsimoniosos, indiferentes al bienestar común. Nunca hemos sido así y nunca lo seremos. La libertad individual da sus frutos si se piensa en los demás. La libertad sin base moral se convierte en arbitrariedad.

La confianza entre la gente se da sólo si la sociedad está unida por valores comunes, y las personas no pierden la fe, la honestidad y su sentimiento de justicia. Y el respeto a la ley aparece sólo si ésta es única para todos, es acatada por todos y se basa en la verdad.

El retrato social de nuestro futuro no estará completo si no mencionamos otro problema acuciante. Un 10 u 11% de nuestros ciudadanos viven bajo el umbral de la pobreza. Las razones son diferentes. Tenemos que solucionar este problema antes de que termine la presente década. Hay que superar la miseria, inaceptable para un país desarrollado. Para ello hay que usar los recursos del estado y los esfuerzos de la sociedad, en particular de la parte activa e interesada en erradicar este problema. Tenemos que desarrollar el sistema de ayuda social y apoyar las obras altruistas.

En Rusia se debe crear un sistema de superación dentro de la sociedad, una especie de "apalancamiento" que se corresponda con una sociedad moderna. Tenemos que aprender a paliar las consecuencias negativas de la economía de mercado en el ámbito social y la desigualdad que ésta ocasiona. Así como lo aprendieron los países que desde hace mucho viven en un sistema capitalista. Me refiero al apoyo especial que reciben los niños de las familias pobres en materia de educación, a la vivienda social para las familias con escasos recursos, a la completa erradicación de todo tipo de discriminación de los discapacitados y a las garantías de igual acceso a todos los beneficios de una vida y un trabajo dignos. La sociedad alcanzará éxito sólo cuando nuestros ciudadanos no tengan dudas de su carácter justo.

Sobre la nueva etapa en el desarrollo global

La crisis global que se desató en el 2008 ha afectado a todos y nos ha hecho revalorizar muchas cosas.

No es un secreto para nadie que la tormenta económica se debe no sólo a factores cíclicos y fracasos en la política de regulación. La raíz de los problemas radica en el desequilibrio acumulado. El modelo, basado en el aumento desenfrenado de los préstamos, en vivir con deudas destruyendo el futuro, en valores y activos virtuales y no reales, ha entrado en un callejón sin salida. Además, el bienestar se distribuía y se distribuye de manera muy desigual entre ciertos países y regiones. Todo esto disminuye la estabilidad global y provoca conflictos, reduce la capacidad de la comunidad internacional de llegar a acuerdos en cuestiones agudas y de principios.

Los falsos conceptos aparecen no sólo en la economía, sino en política y la esfera social. Aquí surge también una especie de “derivados” ilusorios. La crisis en los países desarrollados ha evidenciado una peligrosa tendencia, a mi parecer, absolutamente política: la tendencia populista a incrementar de forma imprudente las obligaciones sociales del gobierno (sin ningún vínculo con el crecimiento de la productividad del trabajo), la tendencia a inculcar la irresponsabilidad social en los diferentes estratos de la población. Sin embargo, ahora para muchas personas resulta evidente que la época de los estados de bienestar general por cuenta ajena se termina.

Nadie puede vivir mejor que el que trabaja más. Y en Rusia esta regla no es una excepción.

No hemos dejado nada al azar. Nuestra política económica ha sido sólida y prudente. Antes de la crisis aumentamos significativamente el volumen de la economía del país, evitamos depender de las deudas, aumentamos los ingresos reales de los ciudadanos, creamos fondos de reservas que nos permitieron superar la crisis con pérdidas mínimas para la población. Aún más, en plena crisis pudimos aumentar significativamente las pensiones y otros pagos sociales. Y muchos, en su mayoría desde la oposición, nos empujaban a gastar los ingresos que generaba el sector petrolero. ¿Qué habría pasado con las pensiones si hubieramos seguido las pautas de los populistas?

Por desgracia, la retórica populista se daba también en la reciente campaña de las elecciones parlamentarias. Tal vez la volvamos a escuchar durante la campaña presidencial de los que, obviamente, no esperan ganar, por lo que hacen promesas audaces que no tendrán que cumplir.

Lo diré francamente: hay que seguir utilizando todas las oportunidades para mejorar las vidas de nuestros ciudadanos, pero, al igual que antes, no podemos actuar al azar para evitar que, de repente, surja la necesidad de quitarle a la gente mucho más porque hayamos gastado a la ligera, como sucede en algunos países occidentales.

Cabe reconocer que los desequilibrios mundiales actualmente son de tal escala, que es poco probable que se puedan resolver dentro del sistema existente. Sí, se pueden superar los vaivenes de la coyuntura. Y en la mayoría de los países tienen desarrollado un conjunto de medidas tácticas que permiten responder a las manifestaciones agudas de la crisis con varios grados de éxito.

Pero, en un sentido más profundo, a largo plazo, los problemas actuales no son de carácter coyuntural. En general, lo que el mundo afronta en la actualidad es una grave crisis sistémica, un proceso tectónico de transformación global. Esta es una manifestación visible de transición a una nueva era cultural, económica, tecnológica y geopolítica. El mundo está entrando en una zona de turbulencia. Y, por supuesto, este período será prolongado y doloroso. No se deben abrigar ilusiones.

Es evidente, además, que el sistema que se ha desarrollado durante los últimos 20 años, después de la caída de la Unión Soviética, incluyendo el fenómeno del "unilateralismo", ha tocado a su fin. Ahora el viejo "polo de poder" ya no es capaz de mantener la estabilidad global, ni los nuevos centros de influencia están preparados para hacerlo. Además los procesos económicos globales y la situación político-militar en el mundo se vuelven cada vez más imprevisibles y requieren de una cooperación responsable y de confianza entre las naciones, principalmente entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, los integrantes del G8 y del G20. Hace falta mantener esfuerzos permanentes para superar la desconfianza mutua, los prejuicios ideológicos y el egoísmo miope.

Hoy en día los principales centros económicos -en vez de ser fuerzas locomotrices de desarrollo y estabilizar el sistema económico global- cada vez causan más problemas y riesgos. Rápidamente se agravan las tensiones sociales y étnico-culturales. En ciertas regiones se propagan y declaran agresivamente fuerzas destructivas que eventualmente amenazan la seguridad de todos los pueblos de la tierra. Objetivamente, sus aliados a menudo son los Estados que tratan de "exportar la democracia" utilizando la fuerza y los métodos militares.

Incluso las buenas intenciones no pueden justificar la violación del Derecho Internacional y la soberanía de un estado. Además, la experiencia demuestra que los objetivos declarados habitualmente no son alcanzados, mientras que los costos son incomparablemente mayores que lo esperado.

En estas condiciones, Rusia puede y debe desempeñar con dignidad el papel determinado por su modelo de civilización, su gran historia, la geografía y el genoma cultural, que representa una orgánica combinación de los fundamentos de la civilización europea y la experiencia multisecular de cooperación con Oriente, región en la que se están desarrollando activamente los nuevos centros del poder económico e influencia política.

¿En qué condición Rusia va a entrar en la era de la transformación global?

En los años 90 el país experimentó un verdadero choque de decadencia y degradación, enormes costos sociales y daños. En aquel contexto el debilitamiento total del Estado simplemente era inevitable. Realmente alcanzamos entonces un punto crítico. El mero hecho de que unos pocos miles de matones -aunque sea con el apoyo de ciertas fuerzas externas– se atrevieron en 1999 a atacar a un país con un Ejército con millones de efectivos, muestra lo trágico de aquella situación. Demasiada gente creía que se podía acabar con nosotros.

Recuerdo muy bien el texto de información interceptada por el FSB que envió a sus cómplices en el extranjero Khattab, uno de los terroristas internacionales más conocidos y odiosos, que mataba a nuestra gente en el Cáucaso Norte. Él escribió: "Rusia es débil como nunca. Hoy tenemos una oportunidad única: quitarles a los rusos el Cáucaso Norte". Los terroristas resultaron estar equivocados: el Ejército ruso, apoyado por el pueblo checheno y otros pueblos caucásicos, defendió la integridad territorial y la unidad del Estado.

Sin embargo, fue necesario un gran esfuerzo para movilizar todos los recursos y salir del bache.

Reunir al país, para devolver a Rusia el estatus de un estado geopolítico, establecer un sistema social y levantar una economía subyacente, así como restaurar los elementales controles de poder.

Tuvimos que recuperar el prestigio y el poder del Estado como tal, y revitalizarlo, sin haber tenido arraigadas tradiciones democráticas, partidos políticos de masas y una sociedad civil madura. Sin embargo, nos encontramos con un separatismo regional, con un dominio oligárquico, corrupción, y en ocasiones con la presencia de una criminalidad abierta en los órganos del gobierno.

El desafío inmediato en tales circunstancias era la restauración de una unidad real del país, en otras palabras, el establecimiento de la soberanía en todo el territorio del pueblo ruso, en lugar de la dominación por parte de unos individuos o grupos.

Ahora pocos recuerdan lo difícil que fue esta tarea, los esfuerzos que fueron necesarios para su solución. Pocos recuerdan que los expertos más prestigiosos y líderes internacionales a finales de los años 90 coincidían con un único pronóstico para el futuro de Rusia: la bancarrota y el colapso. La situación actual en Rusia, si la miramos como en los 90, sería para ellos una fantasía súper optimista. Pero precisamente esa “distracción” y la actual disposición de la sociedad, de asociar a Rusia con los más altos estándares de calidad de vida y democracia, son la mejor prueba de nuestro éxito.

Precisamente por eso es que en los últimos años todos nosotros, el pueblo ruso, hemos logrado mucho en la solución de los primeros retos, los que fueron más urgentes. El país ha resistido los embates de la crisis global, y ahora tenemos la posibilidad de hablar sobre perspectivas y estrategias.

Hemos aprobado el periodo de recuperación. La etapa postsoviética en el desarrollo de Rusia, así como en el del mundo en general, se ha completado y agotado.

Se han creado todas las condiciones para seguir adelante, sobre una nueva base y de una nueva forma. Incluso en las más duras e incómodas condiciones político-económicas externas. Al mismo tiempo, la irreversible transformación global es para nosotros una gran oportunidad.

Aquí me gustaría decir nuevamente por qué he aceptado presentar mi candidatura presidencial en 2012. No quiero y no voy a menospreciar sin importar de quien sean, los logros en el establecimiento del nuevo país. Pero el caso es que en 1999, cuando me convertí en Primer Ministro y luego en Presidente, nuestro país se encontraba en una profunda crisis sistémica.

Y es precisamente ese grupo de personas de ideas afines (que debía de estar conformado y encabezado por el autor de estas líneas) el que, respaldado por la mayoría absoluta de los ciudadanos y la unidad nacional en torno a unos objetivos comunes, llevó a Rusia a salir del callejón sin salida de una guerra civil, rompió la espina dorsal del terrorismo, recuperó la integridad territorial del país y el orden constitucional, restableció la economía y garantizó durante diez años uno de los índices más altos del mundo de crecimiento económico y de aumento de ingresos reales de nuestra población.

Hoy en día vemos que se acertó, que funcionó con eficacia. Al mismo tiempo, hay que revisar las cosas a las que debemos renunciar definitivamente.

Veo que nuestra tarea para los próximos años es quitar del camino del desarrollo nacional todo lo que impide seguir adelante. Completar en Rusia la creación de un sistema político, una estructura de garantías sociales y protección de los ciudadanos, un modelo económico que en conjunto constituya un único, en constante evolución y al mismo tiempo persistente, estable y saludable organismo estatal. Capaz de garantizar con claridad la soberanía de Rusia y la prosperidad de los ciudadanos de nuestra gran potencia en las próximas décadas.

Se salvaguardará la justicia y la dignidad de cada persona. La verdad y la justicia en las relaciones entre el Estado y la sociedad.

Aún no hemos solucionado muchas tareas. Surgen nuevos desafíos, pero estamos en condiciones de transformarlos en beneficios a favor de Rusia.

Rusia no es un país que da un paso atrás ante los desafíos. Rusia se concentra, reúne fuerzas y dignamente responde a cualquier desafío. Supera las pruebas y siempre sale victoriosa. Tenemos una nueva generación de personas creativas y responsables que ven el futuro. Ellos ya están llegando y, por supuesto, seguirán llegando a la dirección de las empresas en todas las esferas, instituciones gubernamentales y de todo el país.

Sólo depende de nosotros cómo responder a los actuales desafíos, y cómo usar las oportunidades para fortalecernos y fortalecer nuestra posición en un mundo rápidamente cambiante.

En las próximas semanas pretendo someter a debate público las ideas más concretas sobre este tema.

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