“La guerra contra el narco ha sido jugosa para las empresas de EE.UU.”

La guerra contra el narcotráfico en México y el auge de la violencia en el país producen millones de dólares para las empresas contratistas estadounidenses. Así lo revela una reciente investigación de El Diario de El Paso.
Según el artículo, dependencias gubernamentales y empresas privadas mexicanas contratan servicios de entrenamiento de uso de armas sofisticadas de origen europeo y asiático, debido a que las bandas del crimen organizado utilizan este tipo de armamento.
“Tenemos entrenadores haciendo servicios en México, claro. Les mostramos cómo usar armas que el narco está usando ya”, dijo a El Diario de El Paso James Richmond, entrenador experimentado en armas para la empresa Special Tactical Services. Esa compañía provee armas a las autoridades estadounidenses y entidades privadas.
Víctor Manuel Quintana, profesor de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, cree que la guerra contra el narcotráfico en territorio mexicano ha sido un negocio de gran provecho para estas compañías, y que solo beneficia a EE.UU. “Yo creo que la guerra contra el narco ha sido un jugoso, muy productivo negocio para las empresas de EE.UU.”, dijo el experto.
En la prensa norteamericana ya habían aparecido informes indicando que, con el fin de las campañas en Irak y Afganistán, los contratistas estadounidenses buscaban ganancias en otros terrenos, como México.
“Hay decadencia económica y social de este lado de la frontera y hay auge económico y social apenas unos metros más allá de la frontera. Entonces el gran beneficiario de todo esto ha sido indudablemente EE.UU. Se benefician entrenando gente o recibiendo jugosos contratos para entrenar gente de las empresas de seguridad de México en el uso de armas sofisticadas de origen europeo y asiático. Creo que solamente con estas se puede hacer frente a las armas también sofisticadas que han sido introducidas a México a través de la operación 'Rápido y Furioso'”, dijo a RT Quintana.
'Rápido y furioso' fue una polémica operación realizada por federales estadounidenses que en 2009 permitieron el tráfico de armas a México para seguir el rastro de las bandas criminales. Sin embargo, gran parte del armamento acabó en manos de narcos.