Occidente, ante la amenaza que él mismo creó durante el conflicto en Libia

En el año 2011, tras la caída del régimen de Muammar Gaddafi, los países occidentales prometieron estar al lado de los libios. Ahora, urgen a sus ciudadanos a abandonar Bengasi, temiendo a los que un día armaron.
“Su ciudad ha sido una inspiración para todo el mundo, porque ustedes derrocaron al dictador y decidieron elegir la libertad. ¡Y el pueblo de Gran Bretaña estará a su lado!”, aseguró el primer ministro británico, David Cameron, en septiembre del 2011, en el momento de la caída de Gaddafi.

No obstante, Londres fue el primero en advertir de la amenaza contra los occidentales en Bengasi e instar a todos sus compatriotas a que abandonaran la urbe, ya que, varios meses después del asesinato del embajador estadounidense en esta ciudad, Gran Bretaña teme atentados contra sus ciudadanos y el resto de occidentales que viven allí.

Las conmociones en Libia, acompañadas por la propagación incontrolada de armas, contribuyó en la escalada de la situación en Mali"
Los expertos opinan que ahora Londres debe enfrentarse a una amenaza que ellos mismos crearon y se teme a los que un día armaron. El periodista Flavio Signore señala que la mayoría de los grupos "que en este momento están poniendo en entredicho la paz y el normal desarrollo" de la vida en Libia son milicias o grupos extremistas que han sido armados con dinero que "de alguna manera llegó de Gran Bretaña”.

Asimismo, muchos relacionan la actual falta de estabilidad en la región del Norte de África con las acciones de Occidente durante el conflicto en Libia, diciendo que se trata de una reacción en cadena.

El presidente ruso, Vladímir Putin, incluso habló sobre una conexión directa entre la caída del régimen de Gaddafi y la actual crisis en Mali, así como con el atentado en Argelia: “Las conmociones en Libia, acompañadas por la propagación incontrolada de armas, contribuyeron en la escalada de la situación en Mali. Las trágicas consecuencias de estos acontecimientos condujeron al atentado en Argelia, que se saldó con víctimas civiles, entre ellos numerosos extranjeros”.

Y mientras Francia gasta millones de euros cada día, tratando de combatir junto con sus aliados de la OTAN a los islamistas en Mali, muchos opinan que el mayor propulsor de la radicalización de esa violencia actual ha sido la intervención militar extranjera en Libia, una intervención en la que los mismos actores jugaron los papeles principales.