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“¿Una inundación en Europa? ¡La culpa la tiene EE. UU.!”

Publicado: 1 jun 2010 18:10 GMT

Algunos científicos sospechan que el Pentágono regularmente pone en marcha una “terrible arma electromagnética” ubicada en Alaska y capaz de modificar la meteorología del planeta. Según explicó Mijaíl Guershtein, el presidente de la comisión ufológica de la Sociedad Geográfica de Rusia, ent

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Algunos científicos sospechan que el Pentágono regularmente pone en marcha una “terrible arma electromagnética” ubicada en Alaska y capaz de modificar la meteorología del planeta.

Según explicó Mijaíl Guershtein, el presidente de la comisión ufológica de la Sociedad Geográfica de Rusia, entrevistado por el rotativo ruso Komsomólskaya Pravda, cada catástrofe natural o tectónica de gran escala  ocurrida en el mundo le hace recordar el misterioso complejo del proyecto estadounidense HAARP. Y el interés por la estación electromagnética en Alaska se enciende de nuevo.

Recientemente el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, supuso que el HAARP es la posible causa de los terremotos en China y en la isla de Haití. La prensa en todo el mundo citó su hipótesis y una vez más dijo que la estación estadounidense provoca desastres naturales, es decir, es un arma climática y tectónica. Y precisamente actualmente vuelve a crear una inundación, esta vez en Europa. Pero, ¿hay alguna posibilidad de que esto sea cierto?

La monstruosa estación del proyecto High Frecuency Active Auroral Program (HAARP, por sus siglas en inglés) o Programa de Investigación de la Aurora Activa de Alta Frecuencia, está ubicada en Alaska, a 250 kilómetros al noreste de la ciudad de Anchorage. El complejo, que ocupa casi 14 hectáreas, consiste en 360 radioemisoras y 180 antenas de 22 metros de largo.  Su construcción llevó 20 años y costó 250 millones de dólares. Es el equipo más grande del mundo en cuanto a la influencia en la ionosfera, pues emite 3.600 kilovatios, 75 veces más que una emisora de radio comercial. Según se explica en el sitio web del HAARP, su objetivo es estudiar y entender los fenómenos naturales en la ionosfera y el espacio cercano. Pero el proyecto está financiado por la Fuerza Aérea y la Marina de los Estados Unidos.


La historia del HAARP comenzó en 1958, cuando el físico Nicholas Christoferson ofreció usar para la comunicación con los submarinos sumergidos en el mar una banda de frecuencia extremadamente baja (o ELF, por sus siglas en inglés), y luego surgió la idea de generar estas ondas. La nueva emisora fue concebida por el físico Dennis Papadopulos a mediados de los ochenta, pero la construcción no empezó antes de mediados del año 1990 gracias al respaldo del senador de Alaska Ted Stevens.

En la conferencia de prensa con motivo del inicio del proyecto, el senador informó que los objetivos del mismo eran solamente la utilización de la energía de la aurora boreal y la lucha con la crisis energética. Pero los medios de comunicación difundieron información sobre la participación en el HAARP del físico Bernard Eastlund, propietario de la patente del “método y el aparato para alterar una región de la atmósfera, ionósfera y magnetosfera de la Tierra”.

En esta patente también figuraban antenas, pero las que se usarían no para la comunicación con submarinos, sino para la creación de un escudo energético, capaz de inutilizar a los cohetes y aviones enemigos. Para realizar tales operaciones, se necesitaba un lugar donde las líneas del campo magnético fueran perpendiculares al suelo. Alaska era el lugar adecuado. Aunque los científicos trataron de convencer a la sociedad de que una estación capaz de derribar cohetes tendría que ser 300.000 veces más potente que el HAARP y a pesar de que el Ministerio de Defensa de EE. UU. rechazó la propuesta de Eastlund como absurda, muchos no llegaron a creer estas explicaciones.

En los años noventa los científicos estadounidenses trataron de utilizar las ondas ELF y las capacidades del HAARP para localizar búnkeres subterráneos, por ejemplo el de Osama Bin Laden, pero los intentos fracasaron. Luego se sugirió emplear la estación para resistir explosiones nucleares producidas en altura, en las que se liberan electrodos de potentes energías capaces de dañar satélites en órbita, así como elaborar un método para proteger los sistemas de comunicación de los satélites de la radiación solar.

El experimento principal del HAARP consiste en  modificar temporalmente la ionosfera, para entender los procesos naturales en esta capa. Durante la investigación, la señal generada por el transmisor se envía al campo de antenas, que la transmiten hacia el cielo, a una altitud de entre 100 y 350 kilómetros. Dicha señal se absorbe parcialmente, concentrándose en un espacio de unos cientos de metros de altura y varias decenas de kilómetros de diámetro. A pesar de que la señal es mucho menos intensa que la radiación natural, los científicos advierten que con la energía suficiente lanzada a la ionosfera se puede producir por lo menos el corte de los sistemas de navegación y de comunicación en todo el mundo.  

Varios científicos opinan que incluso los expertos del HAARP no tienen ni idea sobre los posibles efectos de tales experimentos. Por ejemplo, a pesar de que en el sitio web del programa se indica que el HAARP no produciría efectos en la atmósfera que sean perceptibles, recientemente lograron obtener una interacción entre energías del Sol y de la estación terrestre, creando la primera aurora boreal artificial que podía verse en forma de una luminiscencia verde.

Sin embargo, a pesar de las numerosas acusaciones sobre intentos de modificar los sistemas naturales y la meteorología en las regiones donde se ubican los 'enemigos' de EE. UU., los académicos dudan de que esto sea posible. Los meteorólogos argumentan que la energía emitida por la estación HAARP, no es absorbida ni por la troposfera, ni por la estratosfera, es decir, por las dos capas de la atmósfera donde se van formando las condiciones meteorológicas. La interacción electromagnética sí se produce, pero a la altura de unos 70 kilómetos, desde donde hay pocas posibilidades de 'lanzar' situaciones climatológicas adversas a cualquier región de la Tierra. También esto podría valer para los terremotos y otros desastres de los que advierten los partidarios de teorías conspirativas.

Pero la verdad todavía no está clara. Aunque puede que el HAARP no sea una terrible “máquina de la muerte”, tampoco parece seguro que sea un proyecto enteramente pacífico y científico, orientado a investigar exclusivamente cuestiones relacionadas con la hermosa aurora boreal.


 

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