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Serguéi Diágilev vuelve a llevar sus espectáculos a Londres

Publicado: 26 sep 2010 21:06 GMT

La legendaria compañía del famoso empresario y mecenas del siglo XX Serguéi Diágilev abre las páginas doradas de su historia en Londres en el marco del festival The Hampstead & Highgate Festival. En los años en los que la sociedad rusa estaba en vísperas de los sangrientos acontecimientos de la r

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La legendaria compañía del famoso empresario y mecenas del siglo XX Serguéi Diágilev abre las páginas doradas de su historia en Londres en el marco del festival The Hampstead & Highgate Festival.

En los años en los que la sociedad rusa estaba en vísperas de los sangrientos acontecimientos de la revolución socialista, Diágilev llamaba a conservar la belleza y a educar en la gente la capacidad de percibirla. Llevaba a Europa las antiguas y modernas creaciones rusas en disciplinas como la pintura, la música y el ballet. Con una fiesta de música, teatro, cine, baile y arte audiovisual, el festival londinense trata de acercar a sus espectadores a todo lo creado por los artistas bajo el mecenazgo del empresario.

Se podrá escuchar la música de Igor Stravinski y profundizar en la comprensión de su ballet 'Primavera Sagrada' gracias a una lección homónima que se impartirá. En el marco del festival está previsto el programa ‘Las voces rusas’, dedicado a la creación de Antón Chéjov y de León Tolstoi.

Cabe destacar que los miembros del grupo artístico ‘Mir Iskusstva’ (El Mundo del Arte) creado por Diágilev con sus amigos (pintores como León Bakst y Alexandre Benois, entre otros), criticaron el realismo de León Tolstoi. Rechazaban el culto a la “vida y la verdad” como algo que llevó al arte ruso a un estado de decadencia a finales del siglo XIX. El arte, según ellos, tenía que mostrar al propio artista, el arte debía nacer con independencia de la “utilidad” y abrir “la verdadera realidad” en un mundo de ilusiones. El festival es una buena oportunidad para comparar a estos antagonistas rusos.

El 25 de septiembre, en el museo Victoria & Albert, se inaugura una gran exposición dedicada a la Edad de Oro de los Ballets Rusos (1909-1929). Más de 300 piezas representan las Temporadas rusas. Durante este festival fundado por Diágilev, el mecenas abrió a occidente las maravillas de los antiguos iconos, de los retratos del siglo XVIII y de la música clásica rusa y dio a conocer a los europeos las novedades creadas por los pintores y compositores contemporáneos de la época. Ahora en Londres se expone la herencia artística de aquel periodo. Además se pueden apreciar los trajes y decoraciones del conjunto ‘Ballet Ruso’, la compañía de producción de ballets fundada por Diágilev que reunió a los mejores bailarines, pintores, compositores y coreógrafos, que crearon un nuevo espectáculo sintético de ballet. Entre las piezas expuestas también están obras de Henri Matisse, Pablo Picasso y Coco Chanel.



El distrito de Hampstead, en el norte de Londres, se considera uno de los rincones más bohemios de la ciudad. El vecino Highgate también tiene fama de región prestigiosa londinense. En Hampstead durante muchos años vivió una de las protagonistas de las Temporadas Rusas y de los Ballets Rusos: Tamara Karsávina. Interpretaba los principales y más famosos papeles, incluidas sus actuaciones con el legendario Vaslav Nijinsky.  Una exposición de fotos dedicada a Karsávina se puede ver en la casa de su contemporánea y 'rival' en el escenario parisino, Anna Pávlova.


El crítico de arte estadounidense John Bowlt destaca en su libro ‘El arte ruso de decoración en teatros. 1880-1930’, que es la capacidad de usar e introducir las ideas importadas en la herencia nacional, lo que hace a la cultura rusa tan atractiva. “A veces resultaba que bajo la dirección de Diágilev aparecía un híbrido brillante, un cóctel chispeante que a la vez atrae y aparta, seduce y destruye”.

Una de las paradojas de los Ballets Rusos está en que el conjunto de Diágilev nunca actuaba en Rusia. Diágilev expresaba con frecuencia su deseo de llevar algunos espectáculos a San Petersburgo, pero en todas las ocasiones sus planes se vinieron abajo. Por supuesto que muchos pintores y representantes de las elites asistían a sus ballets durante sus viajes por las capitales europeas, pero la influencia del conjunto nunca era muy fuerte ni en Moscú, ni en San Petersburgo.

En Rusia Diágilev organizaba exposiciones de los pintores rusos bajo el patrocinio de la revista ‘Mir Iskusstva’ entre los siglos XIX y XX y cuando en 1904 este grupo se desintegró (posteriormente renació bajo la dirección del pintor Nikolái Roerich) Diágilev sacó a relucir su gran talento como promotor, llevando el arte ruso a París. Las Temporadas Rusas, que se celebraron anualmente en la capital francesa entre 1904 y 1914, fueron la segunda y más viva culminación de su actividad como emprendedor.

El polifacético teatro ruso se presentó ante la vista de los espectadores europeos en toda su plenitud en el año 1908 en el marco de las Temporadas Rusas. Inauguraron con la ópera de Modest Músorgski ‘Borís Godunov’, con el papel protagonista interpretado brillantemente por el gran bajo Fiodor Shaliapin, el genial artista que creó unas imágenes muy expresivas de sus héroes.

Pero el principal legado de Serguéi Diagilev a la posteridad fue el nacimiento del nuevo espectáculo sintético de ballet que podía servir para interpretar tanto un drama filosófico, como una sátira o una parodia. Entre los que participaron están grandes pintores (León Bakst, Alexandre Benois, Mijaíl Lariónov, Nikolái Roerich, Natalia Goncharova), artistas de ballet (Anna Pávlova, Tamara Karsávina, Matilda Kshesinskaia, Vaslav Nijinsky), coreografos (Mijaíl Fokin, George Balanchine, Leonid Miasin) y compositores (Aleksand Skriabin e Ígor Stravínski).



Los espectáculos de las Temporadas Rusas provocaban y escandalizaban al público, ya se tratase de la música se Ígor Stravínski ‘Primavera Sagrada’ o de los trajes demasiado escotados en los bailarines que, además, eran homosexuales. La decoración de los ballets desconcertaba al público de París. Paradójicamente, ninguno de los decoradores de Diágilev tenía una formación profesional como diseñador o decorador: todos venían de la disciplina de la pintura. Además, ninguno de ellos se graduó en la Academia de Artes, sino que lo hicieron en algunas escuelas privadas. Unos, como Benois, eran principiantes brillantes. Pero la ausencia de un academismo estricto no sólo no molestaba a los decoradores, sino que les permitía ser mas flexibles en este sentido.

En los ballets rusos de Diágilev participaban 22 pintores rusos que en la realización de sus ideas se basaban en los métodos y tecnología occidentales. Pero en su alma seguían siendo rusos: empleaban motivos rusos heredados de las formas folclóricas y hasta sus combinaciones de colores y métodos de estilización de figuras eran herencia directa de las tradiciones nacionales.



El rasgo más destacado de los pintores-decoradores de la época del Siglo de Plata (desde finales de la década de 1890 hasta 1920) era la ausencia de lo superficial. A pesar de las necesidades nacionales o históricas, estos pintores mostraban una excepcional pureza y lógica de estilo. Estaban dispuestos analizar los rasgos etnográficos de los temas de las obras: Bakst estudiaba muy profundamente las culturas de la Grecia antigua; Benois, la historia de Francia de los siglos XVII y XVIII; Goncharova y Lariónov coleccionaban y examinaban el folclore ruso. Por eso, a pesar de que cada interpretación suya de cualquier argumento dramático era el fruto de su imaginación, gozaban también de un alto grado de fidelidad histórica.

El espíritu singular ruso de los Ballets Rusos cautivó e impactó a los espectadores de las Temporadas Rusas en París, Londres y Nueva York. La impresión que dejaban era tan imborrable que llevó al historiador teatral León Moussinac a sacar como conclusión de sus investigaciones en 1931 que “los espectáculos rusos teatrales tuvieron un gran impacto e influencia en Europa y América”.

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