Plaga del siglo XXI: la humanidad ha generado un millón de torres Eiffel de plástico desde 1950

Unas 8.300 millones de toneladas de esta sustancia han sido producidas a lo largo de la historia de la humanidad.

El plástico podría convertirse en el símbolo ominoso de la civilización global humana. Este material solo comenzó a producirse a escala industrial y utilizarse de forma masiva desde 1950 y ahora se lo puede ver esparcido por casi todos los lugares. Hasta existen mares de plástico, un duro golpe para la ecología, puesto que esta sustancia requiere entre cientos y miles de años para descomponerse.

Un equipo de científicos estadounidenses —de la Universidad de Georgia, la Universidad de California y la asociación Sea Education— apunta a la situación crítica en torno a la producción de los plásticos y su destino posterior, tras haber realizado este año el primer estudio a escala global y que reúne los datos de decenas de fuentes de diversa índole sobre este material.

En su estudio —publicado en la revista Science Advances— los investigadores calculan que hasta el 2015 se han producido 8.300 millones de toneladas de plástico, lo que equivaldría al peso de un millón de torres Eiffel o correspondería a unos 1.100 kilos de plástico por cada persona.

En esto no paran las cifras que retratan la realidad ominosa de la nueva plaga del siglo XXI. Aquí vienen tres datos más:

Bendición y maldición del plástico


La popularidad del plástico se explica por lo que el agua no puede penetrar este material y por el hecho de que puede adquirir varias propiedades: ser rígido o flexible; duro o blando; opaco o transparente, entre otras cosas.

Pero al dejarse llevar por el encanto del plástico nuestra sociedad consumista debe recordar los peligros que supone para el medioambiente:

Según las extrapolaciones, y si no cambia nada en el manejo y la producción del plástico, para el 2050 el mundo contará con 13.000 millones de toneladas de este material. Por esta razón los autores del estudio llaman a la humanidad a que haga un uso más razonable de los plásticos que, al llevar comodidad y afluencia a nuestras vidas, pueden acabar con ella de un modo catastrófico.