EE.UU. podría tener que salvar la economía de China

La economía del siglo XXI se basa en el flujo de capitales de China a EE.UU. Pero ahora que el gigante asiático puede tener que enfrentarse a una crisis, la situación puede cambiar completamente y EE.UU. podría tener que echar un cable a China.
Alexander Friedman, director de inversiones de UBS Wealth Management, en su artículo en el sitio Project Syndicate explica que estos flujos de capitales básicamente provenían del Banco Popular de China, que ha acumulado 3,5 billones de dólares de las reservas internacionales, sobre todo en bonos del Tesoro de EE.UU.

Este hecho causa gran preocupación y algunos economistas predicen que las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda externa de EE.UU. podrían obligar a China a vender su parte de la deuda de EE.UU. Esto dará lugar a mayores tasas de interés en Estados Unidos y, en última instancia, podría provocar un colapso del dólar.

Sin embargo, otros argumentan que China no va a vender bonos del Tesoro EE.UU., ya que daría lugar a un aumento de la tasa de cambio del yuan frente al dólar, lo que reduce el valor intrínseco de las reservas de China socavando la competitividad del sector exportador.

Para describir la relación simbiótica entre el crecimiento del PIB de China basado en las exportaciones y el consumo excesivo de EE.UU. los historiadores de la economía Niall Ferguson y Moritz Shularick acuñaron el término 'Chimérica' (China + América), que dio lugar a una gran y amenazadora distorsión en la economía mundial, lo que no se puede corregir sin consecuencias graves.

China, ¿al borde del colapso?

En 2009, sobre la base de estas distorsiones, los historiadores predijeron la decadencia de Chimérica, una predicción que, al parecer, está empezando a hacerse realidad, indica Alexander Friedman, que destaca que las reservas de China empiezan a afectar la dinámica económica interna y ahora la venta de las reservas de divisas está entre los intereses de China.

Como resultado, el sistema bancario de China bombea una gran cantidad de capital a los bancos comerciales y otras instituciones financieras que incrementaron significativamente sus préstamos, sobre todo a través del sistema bancario sumergido, lo que creó una enorme burbuja de crédito y una inversión excesiva. Con el fin de tomar el control de la situación el nuevo liderazgo de China se ha negado a dar más inyecciones de liquidez y limitó los préstamos a sectores no rentables.

Sin embargo, estos esfuerzos podrían desencadenar una crisis financiera que obligaría a China a iniciar una recapitalización a gran escala del sistema bancario. Bajo este escenario es probable que los créditos problemáticos vayan a costarle al sistema bancario cerca de un billón de dólares.

La manera más obvia para recapitalizar los bancos en China es la inyección de la deuda pública en yuanes en el sector bancario. Sin embargo, la deuda pública total de China ya puede representar alrededor del 70% del PIB.

Por supuesto, la inyección de los bonos del Tesoro de EE.UU. en el sector bancario y su posterior conversión en yuanes fortalecerá aún más la moneda china. Sin embargo, este fortalecimiento probablemente sea contrarrestado por la fuga de capitales.

Además, aunque el yuan se haya apreciado a corto plazo, China ya no depende tanto del mantenimiento de la competitividad de las exportaciones, dado que la participación de las exportaciones ahora representa menos del 5% del PIB de China.

"Después de pasar años tratando de aislar a la economía de EE.UU. de las consecuencias de su propia crisis bancaria, la Reserva Federal al final podría tener que salvar también a los bancos de China", destaca Alexander Friedman.