La directora del FMI: "Me apenan más los niños de Níger que la gente en Atenas"

El Fondo Monetario aumenta la presión sobre Grecia, ahogada por la crisis de deuda, después de que su directora, Christine Lagarde, dijera que tiene más simpatía por los niños privados de educación decente en el África subsahariana que por los acuciados por la pobreza en Atenas.

En una entrevista con 'The Guardian', Lagarde arremete en tono intransigente contra Grecia, a la que advierte que llegó la hora de pagar, y en la que deja claro que el FMI no tiene ninguna intención de suavizar los términos para la aplicación de medidas de austeridad en el país.

"Pienso más en los niños pequeños de una escuela en una pequeña aldea en Níger con dos horas de clases al día, compartiendo una silla para tres, y que tienen mucho interés en obtener educación. Los tengo en mi mente todo el tiempo. Porque creo que necesitan más ayuda que la gente en Atenas", sostiene Lagarde.

La directora general del FMI predice que la crisis de deuda todavía tiene que seguir su curso: "En lo que concierne a Atenas, también pienso en todas esas personas que están tratando de evadir impuestos todo el tiempo".

"Creo que deben ayudarse a sí mismos colectivamente", asegura Lagarde, que se muestra categórica sobre el modo en que deben hacerlo: "Pagando todos sus impuestos".

La intervención de Lagarde se produce después de que el gobierno griego se reuniera para discutir una fuerte caída de un tercio en los ingresos fiscales en un año. Bajo los términos del plan de rescate del país, Atenas se ha comprometido a mejorar el pobre historial de Grecia en lo que a recaudación de impuestos se refiere a fin de reducir su déficit presupuestario. Los comentarios de Lagarde evidencian la creciente impaciencia de la comunidad internacional en este sentido.
 
Mientras tanto los suicidios por culpa de la crisis han dejado de ser incidentes aislados en Grecia. Durante los últimos meses, los medios griegos informan de suicidios casi a diario, un hecho sorprendente en un país que solía  tener una de las más bajas tasas en el mundo.