Las explosiones, tanto las naturales como las provocadas por el hombre, se recuerdan en la historia por sus efectos y por el miedo que provocan.
NASA / AFP
Las explosiones, tanto las naturales como las provocadas por el hombre, se recuerdan en la historia por sus efectos y por el miedo que provocan.
En 1815, el Monte Tambora, en Indonesia, estalló con la fuerza de aproximadamente 1.000 megatones de TNT en lo que fue la mayor erupción volcánica de la historia. La explosión arrojó aproximadamente 140.000 millones de toneladas de magma y no solo mató a más de 71.000 personas en las islas de Sumbawa y Lombok, sino que su ceniza provocó anomalías climáticas globales. El año siguiente, 1816, fue conocido como 'el año sin verano'. Ese año en Albany (Nueva York) nevó en junio y en Pensilvania algunos ríos se helaron en pleno julio; además, cientos de miles de personas murieron de hambre en todo el mundo.NASA / AFP
En 1994 el cometa Shoemaker-Levy 9 chocó espectacularmente con Júpiter. La gravitación del planeta gigante rompió el cometa en fragmentos de hasta 3 kilómetros de grosor. Como resultado del choque con el planeta se produjeron 21 impactos visibles. La colisión más potente creó una bola de fuego que se elevó 3.000 kilómetros por encima de las nubes superiores de Júpiter. Se estima que la explosión fue equivalente a 6.000 gigatoneladas de TNT.NASA / AFP
Cuando las supernovas explotan eclipsan brevemente galaxias enteras. La supernova más brillante registrada en la historia fue avistada en la constelación de Lupus la primavera de 2006. AFP