Inmediatamente después de la Cumbre del Grupo de Shanghái (Organización de Cooperación de Shanghái, u OCS) en Biskek (Kirguistán), Vladímir Putin viajó al relevante XI Foro Económico Oriental en Vladivostok y Xi Jinping visitó Egipto.
Ya en la Cumbre del Grupo de Shanghái, el presidente Putin enfatizó la necesidad de un Banco de Desarrollo de la OCS con el fin de operar con mayor independencia fuera del sistema financiero anglosajón y así aprovechar el comercio de Rusia con el Grupo decapartito de la OCS, que ha superado los 400.000 millones de dólares al año.
Llamó poderosamente la atención la presencia en el Foro Económico Oriental, como invitado de honor, de Prabowo Subianto, presidente de Indonesia, país que, con 288 millones de habitantes, es el cuarto más poblado del mundo y de mayoría musulmana (87%), casi a la par con Pakistán, que en 2030 podría superar a Yakarta.
Las delegaciones más numerosas fueron las de China, Indonesia, Japón, Vietnam, Corea del Sur, India y Myanmar, y contó con más de 7.000 participantes.
Como era de esperarse, la rusófoba prensa israelí-anglosajona, que controla la propaganda multimediática en Occidente, boicoteó por completo el relevante Foro Económico Oriental, que contó con la presencia del vice primer ministro chino, Ding Xuexiang.
En su ponencia, el presidente Putin, cuya política ha dado un notable giro hacia Asia y el Ártico, expuso sus ideas sobre el desarrollo del Lejano Oriente, donde lanzó un sistema de apoyo de negocios con un régimen preferencial tanto en el Lejano Oriente como en el Ártico (¡mega-sic!).
En agosto pasado, China usó su primer servicio de cargo regular como parte de su Ruta de la Seda Polar, su transporte marítimo en el Ártico que reduce prácticamente a la mitad el tiempo de traslado de su logística con Europa.
Putin destacó la importancia del Corredor de Transporte Transártico, que se espera maneje 70 millones de toneladas de carga al año para 2030, conectando las ciudades rusas de San Petersburgo y Múrmansk con Vladivostok y, desde allí, con los mercados asiáticos.
Rusia detenta la mayor flota de rompehielos del mundo en el Ártico: 43, de los cuales ocho son nucleares —los únicos susceptibles de abrir la ruta todo el año y operados por Atomflot de Rosatom— y 35 diésel-eléctricos.
Ningún otro país en el mundo tiene rompehielos nucleares.
Las flotas polares de otros países se encuentran muy alejadas de los impactantes rompehielos rusos: Canadá (de 17 a 20), Finlandia (de 8 a 11), EE.UU. (3), Suecia (de 4 a 5), China (de 4 a 5) y Noruega (de 1 a 2).
Dada la asociación estratégica y la complementariedad geoeconómica entre Rusia y China, es evidente que Beijing aprovechará el supremo liderazgo de los rompehielos de Rusia.
En paralelo, el presidente Xi viajó después de la cumbre del Grupo de Shanghái en Kirguistán —donde realizó también una visita de Estado— a Egipto, el país más poblado del mundo árabe (120 millones) y su máxima potencia militar, que constituye un país-civilización con una notable encrucijada estratégica que conecta Medio Oriente-Noráfrica-África oriental y la península arábiga mediante el superestratégico mar Rojo y su legendario canal de Suez, que vincula el océano Índico al mar Mediterráneo.
Se trata de la primera visita de Xi a Egipto desde 2016 —a nivel regional fue a Arabia Saudita en 2022—, mientras el presidente Abdel Fattah el-Sisi ha visitado China en múltiples ocasiones.
El presidente El-Sisi y su homólogo Xi Jinping firmaron más de 20 documentos de cooperación y emitieron una relevante declaración conjunta que profundiza su Asociación Estratégica Integral, establecida en 2014, donde resaltan la alineación de la Visión 2030 de Egipto con la Ruta de la Seda, la ampliación del intercambio de monedas (SWAP) y el mayor uso del yuan y la libra egipcia en sus intercambios comerciales e inversión, cuando su comercio bilateral ronda en 20.000 millones de dólares al año y las inversiones de China han superado los 10.000 millones de dólares.
Destaca la ampliación de la presencia económica china en Egipto, en particular, el lanzamiento de su Tercera Zona Industrial en la zona económica del canal de Suez.
A nivel geopolítico, destacó la reafirmación de Egipto de su política de 'Una sola China', que define a Taiwán como parte inalienable de Beijing, mientras que China reconoció la importancia del Nilo y el derecho de El Cairo a proteger su seguridad hídrica y alimentaria.
Ambos países rechazaron el desplazamiento de Palestinos en Gaza y apoyaron la solución de dos países entre Palestina e Israel.
En medio del repliegue obligado de EE.UU. en el Medio Oriente, el presidente Xi propuso una nueva arquitectura de seguridad para la región, donde sus países sean "dueños de sus propios asuntos" y se opongan a la "injerencia externa" y al "unilateralismo", en clara alusión a la doble agresión de Israel y EE.UU. contra Irán.
Es notable el reforzamiento de la coordinación política de China con Egipto, al unísono de la reconfiguración de alianzas en la región.
El portal oficioso chino Global Times dio mucho vuelo a la "asociación de China y Egipto" como un "modelo válido para el Sur Global" tanto en la visión del anterior primer ministro egipcio, Essam Sharaf, como para los estrategas chinos, en particular el primordial punto de vista de su canciller Wang Yi, miembro destacado del Politburó del Comité Central del Partido Comunista Chino.
Es evidente que al rotativo francés Le Monde le haya llamado la atención la visita de Xi en Egipto: "En El Cairo, adonde llegó el martes, el presidente chino instó a los países del Medio Oriente a liberarse de la tutela de seguridad estadounidense, aprovechando las crecientes dudas que genera la política de Washington en la región".
No podía faltar la crítica de Le Monde dos días después de la visita de Xi a Egipto: "El Octógono, el desmesurado cuartel general del Ejército y símbolo de un poder que se atrinchera. El nuevo cuartel general militar, más grande que el Pentágono, es uno de los proyectos emblemáticos del presidente Abdel Fattah Al-Sissi".
En el año de 1969 cundía la cosmogonía de la Comisión Trilateral (EE.UU.-Alemania Occidental-Japón), de Rockefeller-Kissinger, en alianza con el entonces presidente Nixon, quien todavía no despreciaba a la ex-URSS.
No es lo mismo el año de 1969 —cuando Kissinger, entonces consejero de Seguridad Nacional de Nixon, profirió que "nada importante puede venir del Sur. La historia nunca se ha producido en el Sur. […] Lo que ocurre en el Sur no tiene importancia"— que 57 años más tarde, con la nueva dinámica de la geoestrategia, mediante la exitosa cumbre del Grupo de Shanghái, cuando se puede afirmar que no solamente el Sur Global existe, sino que también se está convirtiendo en el epicentro de un nuevo orden mundial multipolar donde su voz tendrá mayor resonancia.