Opinión

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Alfredo Serrano Mancilla

Economista y académico español, actual director ejecutivo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG).
Indudablemente, estamos frente a un nuevo dilema civilizatorio con significativas consecuencias geopolíticas en el mundo, y por su supuesto, para América Latina.
Después de 2008, la economía global aprendió poco y siguió denostando a la economía real. Ahora, lo interesante es saber si el consenso surgido en la contingencia perdurará en el tiempo: más Estado, más sanidad pública y más política social expansiva.
Después de todo gran sismo es fundamental conocer e identificar cómo se han reacomodado los sentidos comunes de la ciudadanía en todos los planos, desde lo ideológico, las subjetividades económicas y, por supuesto, hasta las preocupaciones cotidianas.
A estas alturas, la pregunta cae por su propio peso. ¿No es hora de que Macri asuma su responsabilidad en el pago de esta deuda impagable? Después de todo, como dijo Macri, "¡quien las hace las paga!"
Es cada vez más común que todo lo que acontece políticamente se explique en torno a una creciente y omnipresente categoría, la "clase media". Este término monopoliza la mayoría de interpretaciones posibles a la hora de justificar los comportamientos sociológicos y políticos, y por supuesto, las preferencias electorales. Seguramente por comodidad y simpleza, da igual lo que suceda, porque todo tiene argumentativamente a la clase media como factor común.
Un golpe de Estado jamás está constituido por un hecho aislado. No existe un momento puntual que pueda ser definido como el generador definitivo de una ruptura democrática. Cualquier golpe es un proceso acumulativo en el que el "marco" es fundamental para crear las condiciones necesarias y suficientes que garanticen su efectividad.
Ecuador es un ejemplo más de la incapacidad que tiene el neoliberalismo para brindar estabilidad política, social y económica. Y también lo es de cómo el FMI puede llegar a ser un "arma de destrucción masiva" en tiempo récord. Y más aun si el país fue previamente transformado con políticas progresistas bajo principios de soberanía.
Bolivia ha entendido que el paradigma de la geopolítica ha cambiado, que no es dicotómico. Por eso, hoy su apuesta es por mantener relaciones efectivas con todo el mundo, con diferentes tonalidades e intensidades, pero sin renunciar a sus principios.
En estos tiempos de dictadura de la coyuntura, afloran los expertos sabelotodo. Sin embargo, la mayoría de ellos no aprobaría el más mínimo test de conocimiento del objeto en cuestión. Con salvadas excepciones, de aquellos que escriben o hablan sobre Venezuela, ninguno tiene la más remota idea si Lara es una ciudad o un Estado, y mucho menos dónde queda geográficamente. O sea, falta un poco de base para aventurarse a dar lecciones.
La productividad está a la baja y el comercio también. La economía real no despega, y todo ello dificulta el escenario a enfrentar por las economías latinoamericanas.
En 2013, el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) escribió su primer documento a modo de acta de nacimiento: 'América Latina, de la década ganada a la década en disputa'. En el texto se hacía referencia a un informe del Consejo Atlántico, en el que se manifestaba que había "un deseo de incorporar a este bloque (América Latina) al redil atlántico […] en base a sus comunes raíces occidentales en términos estrictamente liberales: derechos individuales y mercados abiertos".
Viendo a Jair Bolsonaro, a uno se le caen todos los mitos del marketing electoral de los últimos años. Aquí se esbozan algunas ideas para comprender por qué ganó con más de 57 millones de votos y 11 puntos de diferencia con respecto al candidato del PT, Fernando Haddad.