Opinión

Opinión

Alfredo Serrano Mancilla

Economista y académico español, actual director ejecutivo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG).
Hay que evitar caer en la trampa de una generalidad que no existe. Cada "clase media" tiene un nivel económico diferente; posee un matriz de miedos y sensaciones distinta; su lógica aspiracional también varía.
El viejo consenso neoliberal de Washington fracasó en infinitos lugares y en innumerables momentos. Ante esta coyuntura, es hora de recurrir a propuestas alternativas para evitar un nuevo fracaso, tanto en la gestión de la pandemia como de la recuperación.
Todo es verdaderamente incierto e impreciso. Tanto así que estamos en una situación genuina en la Historia: Sociedad y Estado, por el instinto de la vida, paralizan en parte a las fuerzas económicas del capitalismo. Esto perturba el orden económico global, sin saber absolutamente nada, a ciencia cierta, de cuál será el resultado en los próximos meses.
Indudablemente, estamos frente a un nuevo dilema civilizatorio con significativas consecuencias geopolíticas en el mundo, y por su supuesto, para América Latina.
Después de 2008, la economía global aprendió poco y siguió denostando a la economía real. Ahora, lo interesante es saber si el consenso surgido en la contingencia perdurará en el tiempo: más Estado, más sanidad pública y más política social expansiva.
Después de todo gran sismo es fundamental conocer e identificar cómo se han reacomodado los sentidos comunes de la ciudadanía en todos los planos, desde lo ideológico, las subjetividades económicas y, por supuesto, hasta las preocupaciones cotidianas.
A estas alturas, la pregunta cae por su propio peso. ¿No es hora de que Macri asuma su responsabilidad en el pago de esta deuda impagable? Después de todo, como dijo Macri, "¡quien las hace las paga!"
Es cada vez más común que todo lo que acontece políticamente se explique en torno a una creciente y omnipresente categoría, la "clase media". Este término monopoliza la mayoría de interpretaciones posibles a la hora de justificar los comportamientos sociológicos y políticos, y por supuesto, las preferencias electorales. Seguramente por comodidad y simpleza, da igual lo que suceda, porque todo tiene argumentativamente a la clase media como factor común.
Un golpe de Estado jamás está constituido por un hecho aislado. No existe un momento puntual que pueda ser definido como el generador definitivo de una ruptura democrática. Cualquier golpe es un proceso acumulativo en el que el "marco" es fundamental para crear las condiciones necesarias y suficientes que garanticen su efectividad.
Ecuador es un ejemplo más de la incapacidad que tiene el neoliberalismo para brindar estabilidad política, social y económica. Y también lo es de cómo el FMI puede llegar a ser un "arma de destrucción masiva" en tiempo récord. Y más aun si el país fue previamente transformado con políticas progresistas bajo principios de soberanía.
Bolivia ha entendido que el paradigma de la geopolítica ha cambiado, que no es dicotómico. Por eso, hoy su apuesta es por mantener relaciones efectivas con todo el mundo, con diferentes tonalidades e intensidades, pero sin renunciar a sus principios.
En estos tiempos de dictadura de la coyuntura, afloran los expertos sabelotodo. Sin embargo, la mayoría de ellos no aprobaría el más mínimo test de conocimiento del objeto en cuestión. Con salvadas excepciones, de aquellos que escriben o hablan sobre Venezuela, ninguno tiene la más remota idea si Lara es una ciudad o un Estado, y mucho menos dónde queda geográficamente. O sea, falta un poco de base para aventurarse a dar lecciones.