Opinión
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Alfredo Serrano Mancilla

Economista y académico español, actual director ejecutivo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG).
La incógnita es saber si Petro logrará ganar en primera vuelta, a lo Fernández en Argentina, López Obrador en México o Arce en Bolivia; si lo hará en la segunda vuelta contra todos los poderes fácticos unidos como Castillo en Perú; o si por el contrario, pasará lo de Lasso en Ecuador.
Ni el exceso de confianza ni la subestimación del adversario cuando éste te ha empatado –o incluso ganado en primera instancia– son buenos consejeros.
Las elecciones de Ecuador no se celebraron este pasado 7 de febrero. La ciudadanía votó en gran medida en octubre del 2019. No hay forma de entender el resultado electoral si no es mirando por el retrovisor.
En esta región tensionada, Bolivia nuevamente se convirtió en el epicentro en este 2020, sobre todo porque nos dejó varias lecciones imprescindibles para tener en cuenta en los meses venideros.
El bloque del MAS permanece junto por sus propios convencimientos y un proyecto claro. Esa es una fuerza que va más allá de un eslogan de campaña.
Reubicarse en el mapa político luego de una derrota electoral nunca es una tarea sencilla.
Estamos en un tiempo político de disputa en la región, en el que neoliberalismo está en default pero intenta escapar de su propia quiebra. El resultado de este dilema dependerá tanto de la capacidad que tenga la matriz neoliberal para reinventarse, pero fundamentalmente de cómo el progresismo avance, implemente soluciones certeras y cotidianas a la ciudadanía, y genere horizontes acordes a los nuevos tiempos.
Posicionarse a favor o en contra de su figura y sus ideas supone hoy un nuevo criterio dominante para agrupar a los diferentes grupos políticos y también a las preferencias ciudadanas.
Casi ningún hecho ocurrido ha tenido aún el tiempo suficiente para dejar su propia huella. Se fueron solapando acontecimientos, unos tras otros, que hacen que estemos ante un momento altamente incierto, una suerte de tempo en disputa lleno de contradicciones, algunas creativas y otras destructivas, sin saber cuál será el sentido del reordenamiento político y electoral resultante de este magma boliviano.
Es ahora el momento indicado para fijar las pautas de un nuevo consenso en materia tributaria en pro de sintonizar con la economía que queremos y necesitamos, tanto para afrontar la pandemia como para todo lo que se vendrá después. No hay Estado de Bienestar sin un sistema tributario que lo haga sostenible.
Hay que evitar caer en la trampa de una generalidad que no existe. Cada "clase media" tiene un nivel económico diferente; posee un matriz de miedos y sensaciones distinta; su lógica aspiracional también varía.
El viejo consenso neoliberal de Washington fracasó en infinitos lugares y en innumerables momentos. Ante esta coyuntura, es hora de recurrir a propuestas alternativas para evitar un nuevo fracaso, tanto en la gestión de la pandemia como de la recuperación.