Opinión

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Alfredo Serrano Mancilla

Economista y académico español, actual director ejecutivo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG).
El bloque del MAS permanece junto por sus propios convencimientos y un proyecto claro. Esa es una fuerza que va más allá de un eslogan de campaña.
Reubicarse en el mapa político luego de una derrota electoral nunca es una tarea sencilla.
Estamos en un tiempo político de disputa en la región, en el que neoliberalismo está en default pero intenta escapar de su propia quiebra. El resultado de este dilema dependerá tanto de la capacidad que tenga la matriz neoliberal para reinventarse, pero fundamentalmente de cómo el progresismo avance, implemente soluciones certeras y cotidianas a la ciudadanía, y genere horizontes acordes a los nuevos tiempos.
Posicionarse a favor o en contra de su figura y sus ideas supone hoy un nuevo criterio dominante para agrupar a los diferentes grupos políticos y también a las preferencias ciudadanas.
Casi ningún hecho ocurrido ha tenido aún el tiempo suficiente para dejar su propia huella. Se fueron solapando acontecimientos, unos tras otros, que hacen que estemos ante un momento altamente incierto, una suerte de tempo en disputa lleno de contradicciones, algunas creativas y otras destructivas, sin saber cuál será el sentido del reordenamiento político y electoral resultante de este magma boliviano.
Es ahora el momento indicado para fijar las pautas de un nuevo consenso en materia tributaria en pro de sintonizar con la economía que queremos y necesitamos, tanto para afrontar la pandemia como para todo lo que se vendrá después. No hay Estado de Bienestar sin un sistema tributario que lo haga sostenible.
Hay que evitar caer en la trampa de una generalidad que no existe. Cada "clase media" tiene un nivel económico diferente; posee un matriz de miedos y sensaciones distinta; su lógica aspiracional también varía.
El viejo consenso neoliberal de Washington fracasó en infinitos lugares y en innumerables momentos. Ante esta coyuntura, es hora de recurrir a propuestas alternativas para evitar un nuevo fracaso, tanto en la gestión de la pandemia como de la recuperación.
Todo es verdaderamente incierto e impreciso. Tanto así que estamos en una situación genuina en la Historia: Sociedad y Estado, por el instinto de la vida, paralizan en parte a las fuerzas económicas del capitalismo. Esto perturba el orden económico global, sin saber absolutamente nada, a ciencia cierta, de cuál será el resultado en los próximos meses.
Indudablemente, estamos frente a un nuevo dilema civilizatorio con significativas consecuencias geopolíticas en el mundo, y por su supuesto, para América Latina.
Después de 2008, la economía global aprendió poco y siguió denostando a la economía real. Ahora, lo interesante es saber si el consenso surgido en la contingencia perdurará en el tiempo: más Estado, más sanidad pública y más política social expansiva.
Después de todo gran sismo es fundamental conocer e identificar cómo se han reacomodado los sentidos comunes de la ciudadanía en todos los planos, desde lo ideológico, las subjetividades económicas y, por supuesto, hasta las preocupaciones cotidianas.