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El control en tus manos

Publicado: 22 jun 2012 14:13 GMT | Última actualización: 22 jun 2012 17:28 GMT
En la vida de cada piloto hay un día muy especial: el día del primer ‘solo’. Es cuando por primera vez el estudiante hace un vuelo completamente por sí mismo sin la ayuda de su instructor. Y la gran diferencia entre el solo y un vuelo de entrenamiento común es que si en general el instructor suele permitir volar sin tocar él los comandos, ahora directamente se queda en tierra. Y tan importante es este hecho que un piloto hasta recuerda el numero de matrícula de la nave y otros detalles.

Mi primer solo ocurrió el jueves 20 de julio de 2010, un día de tremendo calor (¡33 grados en uniforme es mucho calor!). Mi nave, un Yak-18T con matricula ‘RA-44323’. Tan inolvidable fue aquel día que me tranquilicé solo después de escribir un pequeño relato de 10 hojas en el que pude describir qué fue sentir lo que sentí en ese vuelo.

Lamentablemente no tengo la facultad literaria suficiente para explicar lo que sentí al estar parado al principio de la pista 02 diciendo: ‘323, listo para despegar’. La pista 02 con rumbo al noreste (21 grados magnéticos) era de 60 metros de ancho y de casi 4.000 de largo: un tamaño normal hasta para un aeropuerto internacional. Y ahí estaba yo, sosteniendo el avión con los frenos y a punto de cumplir mi sueño: ser piloto. Puede que parezca sentimental, pero mi pequeño viaje hacia el cielo fue y sigue siendo como una historia de amor: con fracasos y éxitos, con dolor y tremendas ganas de vivir, y hasta con pequeñas lágrimas y saltos de un metro y medio de tanta felicidad.

Lo increíble es que nada de eso sentí durante el vuelo en sí. No sé, por ahí fue la responsabilidad o la concentración, en serio no lo sé. Pero al estar ahí, solo con mi compañero al lado, que aparte tenía menos experiencia que yo, y sabiendo que sería yo el que tendría que solucionar cualquier cosa que pasase, lo único que ocupaba mi cabeza era la velocidad, altura, dirección, parámetros del motor y comunicaciones por radio. Y así todo el vuelo hasta aterrizar.

El vuelo duró poco: 6 minutos y 9 segundos (de eso hablaba cuando dije ‘y otros detalles’), pero ese poco tiempo cambió mi vida porque desde entonces yo ya podía decir: ‘yo levanté un avión con mis propias manos’. Hasta ahora se me pone la piel de gallina al pensar en eso. Y solo después de haber hecho este vuelo entiendo que mi cabeza aquel día no solo pensaba en parámetros de vuelo, simplemente no podía creer que eran mis ojos los que realmente veían a los árboles pequeños pasar a 200 kilómetros por hora ahí abajo y mis manos transpiradas de nervios y tensión las que aterrizaron el avión justo en medio de esos 60 metros de pista.


Aquel día mi gran amigo estuvo allí. Como siempre. Todos los éxitos, todos los fracasos y alegrías: siempre él estuvo al lado. Y solo para escuchar por radio un par de frases y para ver de lejos despegar a mi pequeña nave dejó todo y viajó más de mil kilómetros. Mi amigo ya no esta…Pero yo sigo yendo para adelante no solo para cumplir mí sueño, sino también para continuar eso que habíamos empezado juntos.

 
 
Es un blog dedicado a los aviones y las últimas novedades de la aviación. El autor soñaba con volar desde los cuatro años de edad.

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