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Un vuelo especial

Publicado: 27 oct 2012 16:35 GMT | Última actualización: 27 oct 2012 20:32 GMT
El jueves pasado tuve una charla interesante con mi jefe. Me contó que al terminar mis cursos de simulador tengo que hacer 4 vuelos de entrenamiento. Yo. Vuelos. En un A320 de verdad. ¡Increíble! ¡Al fin! ¡Después de más de 20 años de sueños, después de toda una vida esperando al fin llego mi día!

Bueno, en realidad no es que yo tenga que volar directamente. Durante los primeros vuelos tengo que estar en la cabina observando y sin molestar a los pilotos, pero es vuelo al fin y al cabo. Ya no es imaginar lo que verían mis ojos estando sentado en la cabina y aterrizando en algún aeropuerto en Europa con 150 pasajeros atrás de mis espaldas: ya es estar sentado y verlo. Al principio pensé que me mandarían a algún aeropuertito pequeño en Siberia, pero cuando me dijeron que puedo volar a donde me de la gana, ahí si empecé a volverme loco de felicidad.

Con las manos temblando de impaciencia llamé a departamento de planificación de vuelos: martes 23 de octubre, París, vuelo 2452, 8:50 de la mañana. Era jueves, tenía cuatro días para prepararme y para contar los minutitos que quedaban para que toda esta historia al fin se cumpliera. Aunque parezca poco, cuatro días era demasiado para mí: el uniforme lo tenía ya bien planchado, los zapatos impecables y tardé solo un par de horas en estudiarme los mapas y otras cositas que en realidad yo no necesitaba saber, ya que yo ni me acercaría a los comandos. De todos modos quería prepárame bien. El tiempo no pasaba, pero ya estaba todo listo.  Finalmente llegó el día. El martes me desperté a las 3 y media de la madrugada. A las cinco vino el taxi que me llevó al aeropuerto de Sheremetyevo de Moscú.

Dmitri, el copiloto me mostró y me contó todo lo que hay que hacer antes de despegar, ya que justamente para eso nos mandan de observadores: hay cosas que se aprenden solo cuando uno las ve. Un poco más tarde vino Alexéi, el comandante, y los tres empezamos a analizar las condiciones meteorológicas del vuelo, a contar combustible y repetir lo que cada uno tendría que hacer en casos de emergencia. Decir que yo estaba feliz es decir nada: ¡nunca en mi vida me sentí tan bien!

Llegó el momento y los tres pasamos la aduana y nos dirigimos hacia el estacionamiento D18. Ahí estaba nuestra nave: un Airbus A320-214. Las azafatas ya estaban a bordo y al entrar nos saludaron con la típica sonrisa de azafata y nos ofrecieron algo para tomar. En la cabina ya estaba todo encendido, y mientras Alexéi se fue a hacer la inspección exterior del avión, Dmitri empezó a programar el autopiloto y preparar todo para el despegue. Yo estaba sentado en el tercer asiento entre los dos pilotos, prestándole atención a todo lo que estaba pasando. Todo era tan conocido, que era difícil de entender que en realidad estaba ahí por primera vez.

Justo a las 08:50 empezamos a rodar, minutos después ya estábamos en la cabecera de la pista 07L listos para despegar. El cielo gris rápidamente se convirtió en celeste y la cabina se llenó de sol. La vida de siempre quedó debajo de las nubes y daba la sensación que nosotros estábamos en otro mundo, ya que la tierra no se veía y lo único que teníamos alrededor era el cielo infinito. Yo ya tenía unas cuantas horas de experiencia de vuelo, vi muchas veces las nubes de cerca, la tierra desde arriba, pero yo volaba en naves de entrenamiento y ahora estaba a 10.300 metros de altura, con 124 pasajeros a bordo y rumbo a París. En otras palabras: una locura total.

Nuestro vuelo duro 3 horas y media. Gracias al típico Inglés ‘Francés’ y al ‘Concorde’ llegue a creer que lo que estaba pasando era real.

El vuelo de regreso se pasó rápido y a las 17:13 ya aterrizamos en la pista 07R de Sheremetyevo. Al salir del aeropuerto todo volvió a lo habitual. Fue como un sueño, que al despertar parece ser tan dulce e irreal.

En casa mi mujer y unos amigos prepararon toda una fiesta con globos y tarta, así que la botella de vino que compré en el free shop resultó ser muy oportuna.

En fin, no sé sinceramente cual es el objetivo de este post. Hay momentos en la vida cuando te sientes tan bien, que quieres contárselo a todo el mundo. Fue un vuelo muy especial. Puede que todavía no sea del todo copiloto en aerolíneas, puede que todavía sea simplemente un observador con su única tarea de mirar, aprender y no tocar nada. Pero ya estoy ahí.   

Es un blog dedicado a los aviones y las últimas novedades de la aviación. El autor soñaba con volar desde los cuatro años de edad.

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