Opinión

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Cecilia González

Periodista mexicana en Argentina, escribo libros y crónicas, produzco documentales, doy talleres de periodismo
La presencia en las calles de estos grupos todavía es minoritaria, pero también es una advertencia de que los discursos de odio están al acecho. Y de que sus representantes algún día pueden ganar elecciones.
Ojalá el presidente hiciera caso a su propia campaña pero para recordar, con nombre y apellido, a las 10 mujeres que son asesinadas cada 24 horas en el país que gobierna.
El expresidente de México opta por ratificar su desprecio a las víctimas y, a lo largo de 376 páginas, evita reconocer a los desaparecidos que dejó su gobierno. Ni siquiera habla de ellos.
No se trata de defenestrar en conjunto a los medios de otros países a partir de nacionalismos baratos, pero sí de analizar el excesivo peso que tienen en la construcción de las narrativas locales.
Si Washington jamás ha aceptado su responsabilidad en el negocio de las drogas como primer país consumidor, mucho menos investigará delitos cometidos por sus propios agentes. Equivaldría a reconocer que esta guerra ha sido una farsa.
Lo que no deja de impresionar es que reprenda y advierta sobre el supuesto "peligro" que representan Pedro Sánchez, Alberto Fernández y Andrés Manuel López Obrador, como si Aznar, Macri y Uribe hubieran hecho buenos gobiernos en sus propios países, como si los resultados de sus presidencias les otorgaran alguna autoridad moral, intelectual y política.
Son demasiadas sombras contra el exmandatario. Demasiados hilos sueltos. Demasiados casos sin resolver. Los mexicanos merecemos, como mínimo, investigaciones serias.
A pesar de los actos desesperanzadores, en medio de la emergencia hay amor, empatía, confianza, valor, generosidad, fraternidad. Cuidados para paliar el miedo y el desconcierto colectivo.
Aquí sigo, un mes después de la muerte de mamá, asomada a una ventana que da a un parque y sin saber cuándo ni cómo podré volver a Buenos Aires. Tampoco me interesa. Todavía no tengo energía física, anímica ni intelectual. La tristeza está en una meseta. Agazapada. A veces se asoma, pero huye en cuanto me pongo a escribir o a leer sobre contagios, muertes, declaraciones de políticos, cacerolazos, balcones y encierros.
El saludo del presidente a la mamá del narcotraficante generó un escándalo más a un gobierno que dejó ir al hijo del capo, como parte de una estrategia que no logra detener el baño de sangre en el país, ni siquiera en medio de una pandemia.
Lo más sobresaliente es que el 90 % de la población apoya las medidas tomadas por el gobierno para enfrentar la emergencia de salud, incluidos los votantes macristas que manifiestan su confianza en el gobierno, algo que era impensable hace un par de meses.
La prioridad ahora pasa por enfrentar de la mejor manera posible la emergencia de salud y reflexionar qué haremos los seres humanos después de la pandemia.