Opinión

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Cecilia González

Periodista mexicana en Argentina, escribo libros y crónicas, produzco documentales, doy talleres de periodismo
El saludo del presidente a la mamá del narcotraficante generó un escándalo más a un gobierno que dejó ir al hijo del capo, como parte de una estrategia que no logra detener el baño de sangre en el país, ni siquiera en medio de una pandemia.
Lo más sobresaliente es que el 90 % de la población apoya las medidas tomadas por el gobierno para enfrentar la emergencia de salud, incluidos los votantes macristas que manifiestan su confianza en el gobierno, algo que era impensable hace un par de meses.
La prioridad ahora pasa por enfrentar de la mejor manera posible la emergencia de salud y reflexionar qué haremos los seres humanos después de la pandemia.
La sociedad está esperando la instrucción de encerrarse en casa, pero el mensaje del Gobierno es confuso: un subsecretario pide evitar al máximo el contacto social, mientras el presidente sale de gira a repartir besos. La oposición y los medios, por su parte, tratan de sacar su tajada de la crisis.
Así lo demostró en el mensaje con el que inauguró las sesiones ordinarias del Congreso y que incluyó variedad de temas a tono con la rebelión que millones de mujeres protagonizan en contra de las violencias machistas en todo el mundo y que en Argentina tiene una fortaleza particular.
El único fin es la tajada política. Las activistas lo saben. Pero esta es una lucha que excede gobiernos. Organizaciones feministas ya advirtieron que la marcha del 8M y el paro del 9M no son específicamente contra López Obrador sino contra un añejo sistema.
Aunque las violencias contra la mujeres no nacieron durante su gobierno, lo que sorprende y enfada es la torpeza e insensibilidad de las reacciones del mandatario, espcialmente en medio de la conmoción por dos feminicidios recientes.
El riesgo es que la polémica alimente las especulaciones sobre la esperada disputa de poder que la oposición vaticina y desea entre Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Las permanentes violencias de género no amilanan, sin embargo, a las millones de latinoamericanas que a diario siguen organizándose en la región para pelear por sus derechos.
El discurso maniqueo que a diario sale de Palacio Nacional azuza la dañina polarización que divide y dificulta consensos sociales y radicaliza posiciones, tal y como ocurre en otros países.
La designación de reconocidas militantes feministas en múltiples cargos es apenas un esbozo de las políticas que está aplicando el presidente en un país que está a la vanguardia de las luchas de las mujeres en América Latina.
La región se mueve. Elecciones presidenciales y parlamentarias, un plebiscito, alternancia de gobiernos y crisis económicas y humanitarias marcan un año en el que, una vez más, defender y sostener la democracia será uno de los principales objetivos.