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Multiplicar Wangari, una fórmula positiva

Publicado: 13 may 2010 19:44 GMT

Cada uno de nosotros suele cotidianamente analizar distintas fórmulas que puedan aportarnos señales de progreso en nuestras vidas, o en la vida de nuestra familia. Tanto para el trabajo o el estudio; para el acceso al campo laboral o para obtener estabilidad, nunca dejamos de lado sueños o aspiraciones.

Independientemente de cuán poblada sea la comunidad que habitamos, nos insertamos socialmente y buscamos los caminos que puedan representarnos una vía para el crecimiento.

Responsabilizamos a los políticos a nivel doméstico, repartimos culpas por lo que sucede en el mundo. Fácilmente encontramos razones y no faltan hechos que puedan ser desalentadores.

Añoramos las realidades pasadas, mientras que los noticiarios de TV locales saben que los contenidos negativos “venden” mejor que las cosas buenas que ocurren.

El entorno social es en el presente una de las claves que desde cualquier contenido para la formación o enseñanza profesional se presenta como un factor estratégico para un desempeño laboral-empresarial exitoso, o para medir resultados desde otro parámetro social. Cada uno de nosotros tiene diversas metas o aspiraciones para crecer en nuestra sociedad. Cada uno teje una lectura de lo que representa el éxito y el reconocimiento social, incluso cuando deseamos contribuir con nuestro esfuerzo para objetivos de bien común en la ciudad a la que pertenecemos.

Ahora, que sucedería si trasladamos nuestras añoranzas y nuestras expectativas a un entorno como el de un país del continente más pobre del planeta, ¿como sería nuestra actitud? Seguramente imaginaríamos un panorama muy negativo para salir todos los días a cumplir con los desafíos que nos “impone” en modelo de vida de este siglo y con lo que nosotros queremos individualmente.

Pero hay ejemplos que nos llaman a la reflexión, como la acción de Wangari Maathai, que nació en Kenia, y desde hace 30 años promueve un desarrollo social, económico y cultural, apuntado sustentabilidad ambiental para toda África, tarea que le ha valido el reconocimiento mundial del Premio Nobel de la Paz.

En el entorno social de Wangari, las prioridades de desarrollo no son las mismas que tiene cualquiera de nosotros que ahora lee esta nota en un medio internacional desde una PC con acceso a Internet.

La fuerza de liderazgo de esta ecologista motivó a 900.000 mujeres a establecer viveros y plantar 30 millones de árboles con el fin de invertir los efectos negativos de la deforestación, evitar la erosión del suelo, las usurpaciones y ventas ilegales de tierras, revalorizando la calidad de vida para mujeres.

El Movimiento Cinturón Verde, que Wangari creó en 1977, sensibiliza con educación a la población. “Si se preguntara a cien campesinos cuántos han visto desaparecer un manantial o una corriente de agua en el transcurso de su vida, casi treinta levantarían la mano”, considera Wangari desde su “movimiento social” que tiene por objeto crear conciencia considerando que los árboles son los embajadores del mismo.

Kenia es un país independiente desde 1963, con un índice de expectativa de vida de 53 años al nacer y un PBI per-capita de 372 dólares. Este es el contexto para la premio Nobel keniana que considera desde su alentadora postura que: “Cuando plantamos árboles, plantamos las semillas de la paz y de la esperanza”, a pesar de haber sufrido encarcelamientos, persecuciones y una fuerte discriminación de género; con determinación y convicción ha producido una obra de reconocimiento internacional.

Varias conclusiones nos deja esta expresión: “Lo que he aprendido con los años es que debemos ser pacientes, constantes y comprometidos. Cuando plantamos árboles, algunos dicen: 'No quiero plantar este árbol porque no va a crecer lo bastante rápido'. Tengo que recordarles constantemente que los árboles que están cortando hoy no fueron plantados por ellos sino por quienes les precedieron. Por ello, tienen que plantar los árboles que beneficiarán a las comunidades en el futuro.”

Pensar que el mundo generará más equidad y desarrollo con igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos del planeta huele a utopía, pero creer en el equilibrio social para el entorno ha sido una convicción para Wangari.  

Tal vez multiplicar Wangari sea un buena idea, lo que puede realizarse si cada uno toma una porción del espíritu de esta mujer emprendedora y lo pone en juego hacia comunidad. De tanto pensar en “crecer” individualmente, alguna dinámica tenemos para encontrar un espacio donde depositar nuestras energías para generar el cambio social y es un buen desafío darle un parámetro de medición a eso. Hay que creer.

Si Wangari en su entorno social pudo llevar adelante semejante tarea, nosotros podemos encarar la misión sin pretensiones de la premio Nobel, pero logrando significativos cambios en los mecanismos  para establecer mejores condiciones sociales.

Personalidades como esta son ejemplos de la existencia de buenas fórmulas para hacer valer los esfuerzos, para dar con resultados positivos, cuando sabemos que el mundo requiere resolver sus tareas con más equilibrio social entre sus habitantes.

Una mirada independiente, despojada de todo tipo de apasionamiento en la expresión y desde un pensamiento crítico que no tiene influencias políticas ni religiosas.

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