Opinión
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Javier Buenrostro

Historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y McGill University, Canadá. Candidato a doctor en Ciencia Política por la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS), Francia.
El futuro del país está representado y conjugado en la vicepresidenta electa, una mujer afrodescendiente, líder social y medioambiental que comenzó laborando como minera en su región del Cauca para después de un desplazamiento forzado trabajar como empleada doméstica en Cali.
Lo que debería hacer la oposición es no cobrar salarios si no trabajan en lo absoluto y se contraponen por decreto a cualquier iniciativa (sin que esto cambie nada) con la única finalidad de nutrir una narrativa que ni siquiera las y los senadores de coalición avalan. ¿O acaso la gente común cobra cuando no trabaja o se cruza de brazos?
EE.UU. tenía una apuesta importante en los acuerdos que pudieran alcanzarse en esta reunión continental. Pero su planteamiento ha sido equivocado y sigue anclado en una política exterior añeja, de más de medio siglo, donde la guerra fría era la directriz imperante a nivel mundial y a escala local la principal premisa era tratar a Latinoamérica como su patio trasero.
Mantener los ojos cerrados ante una realidad innegable únicamente los está evidenciando en su clasismo y racismo y en su menosprecio al grueso de la población mexicana. Los evidencia como unos antidemócratas que no conocen el país ni a la gente que pretenden gobernar.
La postura de varios países de la región revela que Washington ya no puede decidir unilateralmente toda la política internacional del continente, que debe ceder y encontrar posiciones intermedias.
La oposición estaba acostumbrada a que el país virara solo hacia Estados Unidos, en un evidente colonialismo mental que se mantuvo durante décadas. Eso tiene que cambiar poco a poco.
En medio de la diatriba política, el pueblo no es tonto y sabe que no se puede estar a favor de la democracia cuando se defienden los intereses de las élites y los grupúsculos de poder.
Está claro que cada país tiene sus propios intereses y mientras que los de Estados Unidos en su relación con México se centran casi exclusivamente en migración y narcotráfico, nuestro país debe llevar agua a su molino y ampliar la discusión hacia materias más globales, como la inflación o el papel de nuestro continente en la reconfiguración geopolítica.
Queda claro que en México conviven dos proyectos distintos y contrapuestos de nación. Uno nacionalista y popular que defiende la soberanía energética del país y otro, conservador y entreguista, que protege los intereses económicos de empresas extranjeras y nacionales sobre el bienestar común.
El pueblo de México sigue construyendo democracia, mientras que la mayoría de sus élites solamente erige narrativas de artículos académicos, de prensa o para las redes sociales. Pero el México y la democracia reales se construyen con esa gente que invirtió horas para ejercer su derecho ciudadano.
La nacionalización del litio y la creación de una empresa nacional para su explotación y comercialización, podrían darle al país la posibilidad de emprender una verdadera política alrededor de la explotación del mineral.
El anuncio de López Obrador sobre la revisión de las relaciones comerciales con España no es tan sorprendente ante el historial de tráfico de influencias de empresas españolas para obtener contratos millonarios.
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