Opinión

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Javier Buenrostro

Historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y McGill University, Canadá. Candidato a doctor en Ciencia Política por la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS), Francia.
Pasan las semanas y las situaciones convulsas están a la orden del día en Bolivia. Permanecen vigentes las órdenes de aprehensión contra Evo Morales y miembros del Movimiento al Socialismo (MAS), mientras que el gobierno golpista sigue dando tumbos en su ejercicio del poder.
Los golpistas bolivianos están mostrando toda su inexperiencia política, así como su desconocimiento de las leyes y tratados internacionales en dos temas claves: el derecho al asilo y el concepto de soberanía.
Durante las décadas del neoliberalismo, los salarios siempre crecieron por debajo de la inflación, perjudicando la única fuente de ingreso de la clase trabajadora y pauperizando sus condiciones vida, todos los días por más de cuarenta años.
Con la aprehensión de García Luna se va a reescribir la historia del México contemporáneo, especialmente la de los gobiernos de la derecha panista, y en particular el sexenio de Calderón, quien debería terminar en una Corte Internacional por crímenes de lesa humanidad.
El exilio de Evo Morales, el riesgo de que el autoritarismo impida que se presente el partido del presidente depuesto, la fractura de la derecha y los nuevos liderazgos dentro del MAS-IPSP, configuran un escenario que debe ser seguido de cerca por la comunidad internacional.
En términos agrícolas, en el 2019 se ha barbechado la tierra, y en 2020 deberá sembrarse lo que se cosechará a partir de 2021. Puede parecer tardado, pero construir nuevos andamiajes toma más tiempo que gobernar con ocurrencias o en el inmediatismo eterno.
México está estable pero necesita crecer para crear los empleos de calidad que la gente demanda.
Las élites económicas están enardecidas porque vieron en los últimos años el empoderamiento de gente a la que solían tratar como cosas, que vieron como sus "sirvientes" se convirtieron en ciudadanos conscientes de sus derechos políticos y civiles.
Mientras que los progresismos tratan de darle la batalla a un neoliberalismo que ha empobrecido al 99% de la población y enriquecido exponencialmente a la élite del 1%, hay una derecha ultraconservadora que se refugia en los símbolos religiosos para mantener sus privilegios.
La OEA, que nació en 1948 para proteger los intereses de los Estados Unidos durante la Guerra Fría, ha tenido una historia de bajas y altas en su historia, aunque son más los valles que las crestas. En los últimos años, desde que la dirige Luis Almagro, la OEA ha mostrado ser un organismo con una profunda parcialidad a favor de las derechas latinoamericanas y los intereses regionales de Estados Unidos.
Exigir la renuncia del presidente en cada desgracia solo revela los sueños golpistas de algunos y la nula solidaridad con los afectados de otros.
Los movimientos sociales nos hablan de una ciudadanía que está cansada de los atropellos de la clase política. Y los políticos latinoamericanos han respondido como saben, como lo han hecho durante décadas: con autoritarismo y violencia