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El sueño nuclear 'Made in China'

Publicado: 30 oct 2013 21:15 GMT | Última actualización: 30 oct 2013 21:15 GMT
Los residuos radiactivos generados por la industria nuclear son en la actualidad uno de los principales problemas de este sector energético. Sin embargo, lo que ahora es una patata caliente podría convertirse en pocos años en una fuente de riqueza prácticamente inagotable. Bill Gates quiere conseguirlo, pero en esta ocasión no ha sido profeta en su tierra. China podría ser su tierra prometida. 

El fundador de Microsoft es uno de los hombres más ricos del mundo. En 2013, y según el conocido listado de la revista 'Forbes', ocupa el puesto número dos, detrás del empresario mexicano Carlos Slim y delante del español Amancio Ortega. Pero, al contrario que la mayoría de quienes ocupan los primeros puestos, hace años que Gates se ha retirado de la gestión de la empresa que le hizo millonario para dedicarse a la fundación filantrópica que lleva su nombre y el de su esposa. Esta organización se dedica principalmente a la lucha contra enfermedades como el sida, la polio o la malaria, especialmente en las zonas más desfavorecidas del planeta.  

Pero otra de las grandes apuestas de la persona que ayudó a sentar los cimientos del PC como herramienta doméstica generalizada en las sociedades industrializadas es la producción de energía barata y fiable. Con este objetivo nació TerraPower, al calor de la incubadora de ideas Intellectual Ventures, compañía que ya ha puesto en marcha varios proyectos interesantes. Uno de ellos está relacionado con el seguimiento computacional del desarrollo de enfermedades y otro con la conservación de vacunas en entornos donde no hay posibilidad de refrigeración por medio de electricidad, como sucede en la mayoría de las zonas rurales de países no industrializados. 

Para poner en marcha su proyecto, Gates ha apostado por un tipo de reactor nuclear que, en vez de basarse en uranio enriquecido, se alimenta del tipo de uranio más abundante y que se desecha en forma de residuo radioactivo en las centrales nucleares actuales.

La inmensa mayoría del uranio presente en la naturaleza lo está en forma del isótopo de uranio 238 (99,3%), frente a un escasísimo 0,7% de uranio 235. Sin embargo, es este último isótopo el que utilizan las centrales nucleares de la actualidad para funcionar. Y lo precisan, además, en una concentración bastante mayor, de entre el 3 y el 5%. Por ello, es necesario enriquecer el uranio mediante centrifugadoras.

El uranio 238 que queda tras el uso en las centrales nucleares se deshecha y se almacena, junto a otros subproductos, como residuo radiactivo. Es el famoso uranio empobrecido, que en la actualidad solo es útil para la industria armamentística, que utiliza este elemento para aumentar la resistencia de los proyectiles y lograr de esta forma que logren perforar los blindados del enemigo. 

Hacia una energía más segura

 

El tipo de reactor con el que está experimentando TerraPower podría funcionar por completo con uranio 238. De esta forma, según creen los impulsores de esta tecnología en desarrollo, se acabaría con varios problemas asociados a la industria nuclear de la actualidad y se conseguirían además algunas ventajas evidentes. El reactor de onda en movimiento, que es el nombre de esta tecnología en desarrollo, utilizaría como combustible un elemento que es relativamente abundante en el planeta y, además, sería capaz de acabar con gran parte de los residuos nucleares de alta actividad, cuyo almacenamiento crea verdaderos quebraderos de cabeza a las empresas y a los estados. 

Se trata, a su vez, de una tecnología mucho más segura que la actual generación de reactores y una sola carga podría ser suficiente para alimentar la central entre 40 y 60 años. Tampoco sería necesario poner en marcha el complicado proceso que conlleva el enriquecimiento del uranio, con lo que se acabaría con las suspicacias y el recelo que suscitan las centrifugadoras que no están en mano de las grandes potencias, como sucede en el caso de Irán y su programa nuclear. 

Las bombas nucleares funcionan con uranio enriquecido o con plutonio. Al no necesitarse uranio enriquecido, no se podría acusar a nadie de llevar a cabo este proceso de enriquecimiento con segundas intenciones. Por eso, los partidarios de desarrollar este nuevo tipo de energía nuclear creen además que la utilización de uranio empobrecido contribuirá a incrementar la estabilidad en el ámbito de las relaciones internacionales.

Es cierto que los grupos terroristas siempre podrán recurrir a la utilización de las llamadas "bombas sucias", el concepto utilizado para definir la capacidad de grupos extremistas para acceder a material nuclear de baja intensidad, como pueden ser los polvos de uranio 238, y llevar a cabo un ataque en alguna gran ciudad.

Casi todos los expertos comparten la idea de que el poder destructivo real de este tipo de ataque terrorista sería mínimo, pero su impacto psicológico en población podría hacer tambalear la economía de un país. El miedo a todo lo relacionado con la energía nuclear está muy extendido en unas sociedades en las que, por ejemplo, a la técnica médica de la Resonancia Magnética Nuclear se le quita el segundo apellido para despertar menos suspicacias entre la población. Pese a que su riesgo como amenaza real es escaso, un ataque de este tipo podría desencadenar el caos más absoluto en cuestión de horas.

Tal vez por ello, las autoridades norteamericanas recelan del proyecto de Gates y no parecen partidarias de facilitar el trabajo de TerraPower. Pese a que el departamento de prensa de la empresa anuncia que tienen el apoyo de la Administración estadounidense, lo cierto es que Gates está ejerciendo de embajador oficioso para lograr apoyos fuera de su propio país. Rusia, India y China se postulan como las principales potencias que estarían dispuestas a alojar un prototipo basado en los desarrollos de TerraPower. 

Según adelantó el propio Bill Gates, China es el principal candidato a alojar una planta experimental. Y es que el dragón asiático necesita alimentar con urgencia su cada vez más desenfrenado apetito energético. Pero, al menos en lo que a reservas de uranio se refiere, el país no ha sido especialmente agraciado por la providencia. Paradójicamente, al igual que Israel, está rodeada de un mar de petróleo excepto en su propio territorio, también China está prácticamente rodeada de un uranio exuberante que escasea en su suelo patrio. 

Un recurso estratégico

El descubrimiento en 2012 de lo que se ha anunciado como el mayor yacimiento mundial de uranio en la provincia china de Mongolia interior podría hacer cambiar para siempre esta circunstancia, al tiempo que podría hacer que los dirigentes chinos se replanteen la apuesta de Gates y vuelvan al ciclo nuclear tradicional.

Además, el proceso de investigación y construcción no será rápido, ya que la fecha estimada de puesta en funcionamiento es 2030. Es evidente que este tipo de empresas necesitan el apoyo de filántropos como Gates, puesto que es poco probable que proporcionen a los inversores beneficios a corto plazo. Pero no cabe duda de que el fin de la dependencia del uranio 235, como cualquier otro cambio fundamental en las fuentes de energía dominantes, cambiaría en parte la geopolítica de la energía. 

Hasta el año 2008 la producción mundial de uranio estuvo liderada por Canadá y Australia. Sin embargo, en los últimos años Kazajstán ha tenido un ascenso vertiginoso y se ha convertido en el principal productor. En 2011 el país centroasiático produjo 19.451 toneladas, el doble que Canadá y cuatro veces más que Australia o Níger, que ocupan el tercer y cuarto puesto respectivamente. Esto ha convertido a Kazajstán en un importante centro de atención de las grandes potencias y ha incrementado notablemente el valor geoestratégico de la región. Es lógico pensar que esta importancia se mantendrá mientras dure la actual dependencia del preciado elemento, más aún en una coyuntura como la actual, con los precios del uranio en alza.

Otras propuestas, como el desarrollo de tecnología nuclear basada en el torio o la propia apuesta internacional por lograr energía mediante la fusión de neutrones (proyecto ITER, actualmente en construcción en el sur de Francia) abren la esperanza a un mundo que entierre de una vez por todas las energías sucias y peligrosas.

Paradójicamente, los países con más problemas relacionados con la gestión de sus residuos nucleares serían los mayores beneficiados si los desarrollos de TerraPower llegan a buen término, ya que dispondrían prácticamente de golpe de una fuente casi inagotable de energía. Pero el horizonte marcado en 2030 es demasiado lejano y los residuos nucleares son un problema medioambiental que crece cada vez que una barra de combustible se agota. Las respuestas, por lo tanto, siguen siendo más necesarias que nunca. 

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