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Coronavirus MERS, la próxima gran epidemia

Publicado: 14 may 2014 16:12 GMT
Parece un simple resfriado, pero el coronavirus MERS puede provocar la muerte.

No es fácil organizar a decenas de miles de personas que tratan de rodear y acercarse lo máximo posible a un punto central que consideran tocado por la divinidad. Las autoridades de Arabia Saudita, sin embargo, son expertas en ello. Año tras año, y de una forma más que aceptable, organizan este acontecimiento en el que los peregrinos giran en torno a la Kaaba o piedra sagrada, en La Meca.

Las peregrinaciones se concentran especialmente en el mes del Ramadán, que este año comienza el 28 de junio. Tradicionalmente, en un evento de estas características el principal problema son las estampidas. Pero en esta ocasión, sin embargo, las cosas serán aún más complicadas. Y es que la península arábiga es el epicentro de un brote vírico que, combinado con tal concentración de gentes, podría originar importantes problemas sanitarios.

 

 
La preocupación es mayor desde que se sabe que el coronavirus MERS, el causante de este brote, ya no solo se contagia de animales a humanos, sino que ahora la mayoría de los casos se corresponden a contagios de persona a persona. Si el virus se propaga de esta manera, una concentración de tal calibre, seguida de la consiguiente dispersión de los fieles que regresan a sus puntos de origen desde diversas partes del mundo, puede suponer una auténtica bomba de relojería sanitaria.
 
El coronavirus MERS, o síndrome respiratorio coronavirus de Oriente Medio, apareció por primera vez en junio de 2012 en la península arábiga. Desde entonces, los investigadores han tratado de localizar el reservorio del virus para poder luchar contra el brote con más eficacia. Al igual que en otros casos, ciertas especies de murciélago están en el punto de mira de los científicos, pero en este tipo concreto de virus parece que los dromedarios, muy presentes en el día a día de la zona, son un vector importante de propagación.
 
En un primer momento, los síntomas son similares a los de un resfriado común, pero la fiebre y la tos inicial pueden derivar en neumonía e insuficiencia renal. Como suele suceder en estos casos, las cifras sobre el número de afectados varían con rapidez en función de la evolución de la epidemia y de la fuente consultada. Según las últimas estimaciones del Centro Europeo para el Control de Enfermedades, hasta el mes de abril se han confirmado 424 infecciones en todo el mundo, de las cuales 133 han resultado mortales. La mayoría de las muertes han tenido lugar en Arabia Saudita (105), y Emiratos Árabes Unidos (9), aunque también se han producido casos fatales en países tan distantes como Reino Unido, Alemania, Francia o Malasia. 
 
Más allá de las medidas preventivas básicas, las autoridades sanitarias no disponen por el momento de ningún instrumento eficaz para hacer frente a este coronavirus. Generalmente la lucha contra estos agentes infecciosos incluye vacunas preventivas y medicamentos antivirales, pero la rapidez con la que mutan algunos virus hacen muy complicado buscar una solución rápida.
 
El elevado nivel de interconexión de las sociedades modernas, que hacen posible que el portador de una enfermedad pueda desplazarse de un extremo a otro del mundo en unas pocas horas sin ni siquiera ser consciente de estar enfermo, son el verdadero talón de Aquiles de nuestro mundo.
 
El coronavirus MERS es un tipo especial de virus, similar al que causó la epidemia de SARS de 2003. Se conocen unos 5.000 tipos de virus, que pueden provocan desde inofensivos catarros hasta terribles enfermedades como el Ébola o la viruela. Pese a que no se trata de un organismo vivo, un virus es capaz de prosperar o reproducirse apropiándose del material genético de células vivas a las que ataca, siendo capaz de poner en serios aprietos al organismo infectado. Y es que, como dijo el premio Nobel de Medicina Peter Medawar, un virus es, en esencia, "un trozo de ácido nucleico rodeado de malas noticias". Confiemos en no tener que darlas. 

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