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De 'Monroe' a 'Donroe': EE.UU. endurece su doctrina

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De 'Monroe' a 'Donroe': EE.UU. endurece su doctrina

En 1823, el presidente estadounidense James Monroe proclamó una doctrina 'bautizada' con su propio apellido que, con sus hasta cierto punto variadas interpretaciones, marcaría las futuras relaciones de la entonces joven nación con todos sus vecinos del sur. Recordemos que, en aquellos años, muchas naciones latinoamericanas y caribeñas estaban recién independizadas de potencias coloniales europeas, varias de ellas todavía estaban tratando de culminar ese proceso y unas pocas ni siquiera estaban cerca de lograrlo. Los propios EE.UU. no habían llegado ni siquiera al 50.° aniversario de su declaración de independencia del Imperio británico.

Es en ese contexto que Monroe anuncia su famosa doctrina, inicialmente orientada a que las naciones de Europa Occidental que habían colonizado y seguían colonizando buena parte de la región se abstuvieran de llevar a cabo nuevas intervenciones. En el papel, la Doctrina Monroe buscaba proteger a las jóvenes naciones que surgían por el continente (entre ellas los propios EE.UU.) de la injerencia europea y, en la práctica, asegurarse una ventaja estratégica para sí mismos. Ventaja estratégica que no dejaron pasar en sus primeras intervenciones en América Latina y el Caribe, que llegaron poco después. Como, por ejemplo, la invasión estadounidense de México, que tuvo lugar apenas a dos décadas de que Monroe anunciara que EE.UU. no toleraría intervenciones en la región. Intervenciones que no fueran las suyas propias, claro está.

Sin embargo, solo 80 años después de enunciada, esta visión doctrinaria perdió el poco aura de sinceridad que podía quedarle cuando –cómo no– otro presidente estadounidense reinterpretó y expandió (nunca mejor dicho) sus postulados. Así, en 1904, Theodore Roosevelt añadió el corolario que lleva su apellido a la doctrina que llevaba el apellido de Monroe.

Según los nuevos términos, EE.UU. se autoconcedía el derecho de intervenir en los asuntos del llamado hemisferio occidental cuando considerara que algún país o Gobierno se mostraba "inestable" o "incapaz", lo que en la práctica fue la base conceptual de todo el intervencionismo de Washington en la región durante el siglo XX y casi todo lo que va del XXI. Es decir, esta forma de entender la región y su relación con ella, hizo que EE.UU. básicamente actuara como le dio la gana durante dos siglos, poniendo y sacando presidentes o interviniendo militarmente de forma directa o indirecta en decenas de ocasiones.

Adiós hipocresía, bienvenido el cinismo

Sin embargo, pareciera que a Donald Trump todo eso no le bastara y, aunque en el papel solo esté queriendo reforzar la Doctrina Monroe y su Corolario Roosevelt, la forma en la que lo está haciendo ha llevado a algunos analistas a hablar directamente del surgimiento de una nueva doctrina, una 'doctrina Donroe', denominación que incluye el 'Don' de Donald para diferenciarla de la original.

Y sus principales características están delineadas en la más reciente Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense, publicada en noviembre de 2025. Según el documento, lo que en Washington denominan "hemisferio occidental" volvería a convertirse en la prioridad número uno de la política exterior estadounidense, con el objetivo de "hacer cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense" en la región y así controlar los activos que considera estratégicos, incluso por la fuerza si fuera necesario.

Además, la Casa Blanca deja claro en ese texto que no tolerará la presencia de rivales geopolíticos como China, Rusia o Irán en Latinoamérica y el Caribe. Al contrario que otros tiempos en los que se prefería la hipocresía al cinismo, en el texto no se intenta justificar el intervencionismo estadounidense recurriendo a la defensa de modelos de gobierno o civilizatorios como "la democracia" o "el orden internacional", sino que, directamente, la justificación estaría en la seguridad nacional y los intereses económicos estadounidenses, sin mayores eufemismos.

Según el texto, el orden internacional nunca se ha basado en otra cosa que "la regla de los más grandes, más ricos y más fuertes"

Según esa lógica, además, EE.UU. abandonaría la ambición de dominar el mundo entero, de cara a concentrarse en aquellos puntos del globo que perciba como abiertamente beneficiosos o vitales para sus intereses. La filosofía de este monroísmo devenido en 'donroísmo' es tan rústicamente sincera que, en el mismo documento, dejan por sentado que "la influencia desmesurada de las naciones más grandes, ricas y fuertes es una verdad intemporal de las relaciones internacionales", por lo que el resto de países deben elegir entre someterse o ser barridos por ellas.

Según el texto, el orden internacional nunca se ha basado en otra cosa que –la cita es textual– "la regla de los más grandes, más ricos y más fuertes", quienes dictan su voluntad a los demás. Y nada, pues a este respecto toca agradecer a la Casa Blanca la sinceridad con la que describen lo que entienden por "modelo civilizatorio".

Es decir, EE.UU. busca obtener lo mismo que siempre y de la misma forma que siempre de sus vecinos del sur, pero con todavía menos ganas de disimular lo que realmente buscan ni de esforzarse en tratar de convencer a los demás de la supuesta legalidad de sus acciones. Es decir, el 'donroísmo' sería apenas una actualización del Monroísmo, pero ya sin la "M" de "máscara".

Un ejemplo de esta política exterior a cara descubierta sería la agresión estadounidense contra Venezuela a inicios del año y el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, donde se combinan todos los elementos de la 'doctrina Donroe': intervención directa y violenta en lo que llaman su "patio trasero", recursos estratégicos en juego, mensaje directo para lo que denominan "poderes hostiles extrahemisféricos" presentes en el país agredido y, sobre todo, desprecio absoluto ante la legalidad internacional.

Más allá del continente americano

Ojo, esta política de controlar con más mano dura si cabe lo que considera "su hemisferio" no implica que ahora Washington vaya a olvidarse del resto del mundo, en absoluto. En Asia, Trump tratará de contener a China recurriendo menos a la disuasión militar y más a medidas económicas y tecnológicas aunque, de momento, ambas estrategias hayan fracasado.

A Europa Occidental le exigirá, como viene haciendo desde ya antes de iniciar su segundo mandato, que se defienda ella misma, pero de no hacerlo buscará la forma de presionarla para que lo haga y, con la creciente dependencia de Londres y Bruselas respecto a Washington, es muy probable que lo consiga. Tampoco abandonará a su suerte a ese portaaviones estadounidense llamado Israel, pero tratará de garantizar su supervivencia mediante aliados regionales y ataques puntuales, evitando conflictos largos y costosos para EE.UU.

Es decir, el mundo no se va a librar tan fácilmente del 'donroísmo', pero quien más va a sufrir sus consecuencias es, con diferencia, América Latina y el Caribe. Una región largamente golpeada por la vocación intervencionista estadounidense y, por tanto, habituada a combatirlo, pero que ahora tendrá que encontrar la manera de defender su soberanía e independencia en condiciones probablemente todavía más adversas que las que vivió durante el siglo XX.

Porque si, durante dos siglos, la Doctrina Monroe fue el móvil para la conducta criminal de EE.UU. en América Latina y el Caribe, la 'doctrina Donroe' vendría a ser la confesión. Y sin arrepentimiento.

El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de '¡Ahí les va!', escrito y dirigido por Mirko Casale. 

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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