Trump endurece (aún más) el bloqueo a Cuba

Mirko Casale

Un poco envalentonado tras el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa y otro poco por ser tal como es, Donald Trump busca asfixiar a Cuba para conseguir que claudique. Para ello, se está valiendo de sus dos herramientas predilectas, por no decir únicas: las amenazas de uso de la fuerza y los aranceles. Lindo dúo de recursos para la nación que se permite dar lecciones de democracia al resto del mundo, ¿verdad?

Ya desde antes de bombardear Caracas, en Washington venían tratando de apretarle el cuello a La Habana. Por ejemplo, algunos de los petroleros que abordaron cual vulgares piratas en los últimos meses de 2025 tenían como destino Cuba.

Las amenazas de la Casa Blanca arreciaron después del 3 de enero, cuando los estadounidenses bombardearon la capital venezolana, asesinaron a alrededor de 100 personas entre militares y civiles y secuestraron al presidente Maduro y su compañera, Cilia Flores. Si ya Trump es de por sí un fanfarrón tan dedicado que hasta presume de sus fracasos disfrazándolos de éxitos, imagínense cómo se siente de impune y poderoso cuando algo le sale bien.

Presión creciente

Desde entonces, el presidente estadounidense comenzó a ofrecer declaraciones cada vez más amenazantes contra la isla, señalando que esta "pendía de un hilo" una vez que él hubiera logrado cortar su vínculo con Venezuela, que era, según sus propias palabras, "toda su sangre vital, toda su vida".

En ese mismo sentido, Trump señaló que pocas cosas se podían hacer para meter más presión a La Habana que "entrar y destrozar el lugar". Tan 'democrático', el presidente de la 'mayor democracia', ¿no es cierto?

Poco después, el mandatario anunciaba que Cuba dejaría de recibir petróleo, pasando paulatinamente a una fase de, en la práctica, bloqueo naval. Inicialmente, dejó de llegar el petróleo procedente de Venezuela, pero seguía llegando (si bien en menores cantidades) desde México.

Entonces, la Casa Blanca pronto movió ficha para cortar esa vía también. Terminando el mes de enero, Trump anunció que EE.UU. aplicaría aranceles a aquellos países que vendieran petróleo a la isla.

Tras unos días de incertidumbre, a desgana y entre dientes, el Gobierno mexicano calificó la decisión de "muy injusta", pero la acató, aduciendo que no podían permitirse afectaciones de esa magnitud contra la economía mexicana.

Así, al menos en su primera parte del plan, Washington lograba salirse con la suya y cortar o reducir a un mínimo casi testimonial, la entrada de hidrocarburos a Cuba, con un lógico e inmediato impacto en la realidad cubana. No solo en los aspectos obvios como el transporte, sino también en otros asociados, como la generación eléctrica.

La fortaleza cubana, a prueba una vez más

El Gobierno cubano, sabiendo que sus reservas son limitadas, tomó medidas para evitar un colapso energético y económico en el corto plazo, mientras trata de encontrar una solución a este nuevo estrangulamiento 'trumpiano'.

Ante todo lo visto, es obvio que el Gobierno estadounidense está aprovechando el revuelto panorama internacional para tratar de apagar un foco de resistencia que sigue encendido desde hace más de seis décadas.

A su favor tiene algunos elementos clave, como la situación en Venezuela, la falta de unidad latinoamericana y caribeña (así como la falta de contundencia en las medidas individuales) e incluso la sensación global de impunidad total para unos pocos que reina en la opinión pública mundial, tras el genocidio israelí contra Gaza, cometido sin que Tel Aviv sufriera ni una sola sanción.

Parece que Trump es consciente de que se está enfrentando a un hueso excepcionalmente duro de roer

Sin embargo, otros elementos juegan en contra. Cuba lleva resistiendo los embates del bloqueo desde los tiempos en que el bikini era una novedad de la moda. La isla ha pasado por momentos extremadamente complejos, como el llamado "período especial", sucedido tras el derrumbe de la Unión Soviética, y siempre, aunque con muchos sacrificios y dificultades, ha logrado superarlos.

El propio Trump, no sabemos si en un momento de 'chispoteo' o de involuntario reconocimiento, habló de los cubanos como "un pueblo duro, un gran pueblo", lo que parece indicar que es consciente de que se está enfrentando a un hueso excepcionalmente duro de roer.

Por eso, por momentos se percibe cierta impaciencia en Washington, cuando hablan de supuestos contactos o afirman que La Habana está apurada por hacer un trato humillante, siempre Marco Rubio como único corroborador de esas presuntas negociaciones de alto nivel.

Estrategias geopolíticas, sufrimiento humano

Actualmente es difícil predecir qué pasará, tanto porque la situación global es impredecible como porque Trump en sí mismo es todavía más impredecible. Sin embargo, podemos sacar algunas conclusiones, independientemente de cómo terminen dándose los acontecimientos.

Una de ellas es que el presidente estadounidense está empeñado en llevar al peor nivel posible su propia versión de la Doctrina Monroe, mucho más agresiva y aberrante, que algunos ya denominan 'Doctrina Donroe'.

Otra, que pese al éxito de su operación en Venezuela, Trump es consciente de que no puede aplicar la misma fórmula en Cuba porque, incluso con un éxito bélico puntual, las consecuencias locales, regionales y hasta globales serían muy diferentes.

Además, no debe escapar al análisis que lo de Cuba está englobado también en una estrategia de la Casa Blanca para monopolizar el mercado energético global, con Rusia en la mira de sus objetivos más amplios. Washington sigue presionando a todos los países que adquieran hidrocarburos rusos sin excepción, para que dejen de hacerlo.

Pero, sin duda, lo que volvió a quedar demostrado en estos días (para quien todavía no lo tenía claro) es que el bloqueo estadounidense contra Cuba siempre ha estado dirigido contra sus habitantes, que son quienes más sufren las consecuencias. Siempre de pie y sin doblegarse.

El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de '¡Ahí les va!', escrito y dirigido por Mirko Casale