Los tiroteos contra políticos en EE.UU. son tan comunes que cualquier día de estos dejarán de ser asunto noticioso. Sin embargo, a pesar de lo frecuentes, cada uno de ellos tiene sus propias características y, de una u otra manera, reflejan la realidad estadounidense del momento.
El más reciente (por ahora), sucedido en una cena de gala con Trump presente, revela mucho más de lo que en Washington quisieran admitir. Era una noche cualquiera en Washington D.C. En la sala de eventos del hotel Hilton tenía lugar la tradicional cena entre el presidente y otros miembros del Gobierno estadounidense, con los corresponsales de medios ante la Casa Blanca como invitados de honor. La primera que se celebra con Trump en la presidencia, por cierto, puesto que había boicoteado las anteriores.
Cena sin postre
Cuando ya se habían servido algunos platos y, como señal de los tiempos del 'trumpismo', un supuesto 'mentalista' con supuestos poderes 'telepáticos', contratado para la velada, entretenía a Donald Trump con un truco de magia, desde fuera de la sala, el sonido de unos disparos alborotó a los presentes.
Por un instante, los comensales no sabían a qué se debían los gritos procedentes del lugar adyacente y varios confundieron el ruido de las balas con la caída de algún objeto. Tras unos momentos de duda, nadie sabía cómo actuar.
Entonces, cuando los servicios de seguridad irrumpen en el lugar, hubo unos minutos de caos: platos y copas rodando por el suelo, gente escondiéndose bajo las mesas y personal armado sacando apresuradamente a Trump y otros miembros del Ejecutivo casi que a empujones. Con el paso de los minutos y las horas, fueron conociéndose más detalles de lo ocurrido.
EE.UU. tiene un historial de balaceras de motivación política como para publicar varias enciclopedias, incluyendo tanto magnicidios efectivos como en grado de tentativa
Por lo visto, según fuentes oficiales, un hombre de 31 años trató de ingresar armado al recinto, con la intención de disparar contra miembros del Gobierno estadounidense. Sin embargo, las fuerzas de seguridad lograron detenerlo e inmovilizarlo en el suelo unos metros antes de que entrara a la sala donde se celebraba la cena.
Posteriormente, comenzaron a filtrarse datos cuidadosamente seleccionados sobre el atacante, según los cuales se llamaría Cole Tomas Allen, sería un profesor destacado en una escuela de California y habría donado la 'astronómica' cifra de 25 dólares a un grupo vinculado a la campaña presidencial de Kamala Harris.
Desde el siglo XIX, EE.UU. tiene un historial de balaceras de motivación política como para publicar varias enciclopedias, incluyendo tanto magnicidios efectivos como en grado de tentativa.
Sin embargo, el hecho de que esos eventos sean parte no del día a día, pero tal vez sí del mes a mes de la realidad estadounidense, ofrecen una pintura bastante precisa de su sociedad en un momento histórico dado. Y lo sucedido en estos días en la tradicional cena (en esta ocasión sin postre) de corresponsales no es la excepción en absoluto.
Entre lo patético y lo cómico
Para empezar, obviamente surgieron razonables dudas sobre la credibilidad de la versión oficial. Por ejemplo, el hecho de que el atacante estuviera alojado en el propio hotel donde sucedieron los hechos y el servicio secreto hubiese sido incapaz de detectar la amenaza, lo que dio lugar a todo tipo de comentarios o memes divertidamente malintencionados o malintencionadamente divertidos en redes sociales.
En ese mismo sentido, varias personas señalaron cómo el director del FBI (ni más ni menos que el FBI) lucía más desconcertado que Kaja Kallas con un libro de historia europea del siglo XX en las manos, como si no estuviera mínimamente preparado para saber cómo actuar ante una situación así. A juzgar por las imágenes, a Kash Patel solo le faltó ponerse a gritar "¿Dónde está el director del FBI? ¡Que alguien lo llame, por favor!".
Se vivieron escenas que, además de parecer sacadas de una comedia alocada, tienen un aire de 'sálvese quien pueda' muy de los tiempos que se viven actualmente en el mal llamado 'primer mundo'
No pasaron desapercibidas las escenas en las que, en medio del pánico, un comensal prefirió seguir tomando tranquilamente su sopa, como quien estuviera en el Titanic después del choque con el iceberg y quisiera saborear sus minutos finales en este mundo. Ni la mujer que, apresuradamente, trataba de comprobar qué botellas de licor merecía la pena llevarse consigo para terminar de disfrutar la cena en otro lugar.
Escenas que, además de parecer sacadas de una comedia alocada, tienen un aire de 'sálvese quien pueda' muy de los tiempos que se viven actualmente en el mal llamado 'primer mundo'.
Lógicamente, tampoco escasearon las burlas sobre la lentitud inicial del control de seguridad cuando el intruso armado pasó corriendo y, por unos instantes, los guardias se miraron entre sí sin saber bien qué hacer, como si se hubieran entrenado en la academia de verano del comisario de 'Los Simpsons'. En ese sentido, el 'chiste' posterior de Trump respecto a que su potencial magnicida debería competir en la NFL no ayudó a aportar demasiada solemnidad al asunto, que digamos.
Ni hablar ya de la 'selfie' de la embajadora ucraniana, escondida tras las mesas junto a su esposo, mientras otros comensales siguen sentados tranquilamente. Clara muestra de que la única manera de tomarse en serio a Zelenski y su gente es haciéndose diplomático de la Unión Europea.
Otra imagen muy comentada fue la de Erika Kirk, viuda del activista MAGA Charlie Kirk (a su vez asesinado en un tiroteo), mientras salía del lugar llorando y exclamando "quiero irme a casa", sin darse cuenta… de que, en cierta forma, ya estaba en casa.
Porque nada de lo sucedido en la cena 'interruptus' de corresponsales es ajeno a la esencia misma del sistema imperial estadounidense, tanto en sus aspectos externos como internos.
La dura realidad tras la escena grotesca
La banalidad de una cena con criminales de guerra como anfitriones y la prensa hegemónica que supuestamente los 'fiscaliza' como invitados de honor, el mal gusto presente hasta en el 'mentalista' contratado para entretener a los presentes (mentalista, por lo visto, carente de suficientes poderes como para vaticinar el ataque), las fallas de seguridad (ya sea por incapacidad o complicidad), propias de —tomando una tristemente famosa expresión de Trump— países de mierda, el narcisismo más extremo en forma de poses de 'selfie' para ilustrar un tiroteo, el caos y desorden desatado, donde, en la meca del individualismo, cada uno velaba por sus intereses y la violencia siempre presente como elemento aglutinador, son las señas de identidad de EE.UU.
Señas de identidad que no son nuevas, sino que el 'trumpismo' ha hecho más visibles, evidentes y hasta grotescas, si se quiere ver así, pero que son inherentes a una lógica sistémica a la que, pese a todo, EE.UU. se aferra desesperadamente en esta, su etapa final de obvia, agresiva e inevitable decadencia.
El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de '¡Ahí les va!', escrito y dirigido por Mirko Casale.


