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Ya nie gavariú pa rúski (II parte)

Publicado: 6 may 2010 13:09 GMT

En nuestra anterior columna “Ya nie gavariú pa rúski (I parte)” emprendímos un ejercicio complejo, a saber: tratar de explicar – de un modo ilustrativo - lo complejo que puede ser para un hispanoamericano verse, de un día a otro, viviendo en Rusia, dadas las más que significativas diferencias lingüísticas entre el español y el ruso.

El presente informe pretende ahondar en ese tema.

Ahora una anécdota, a modo de ejemplo:

A muchos metros del Metro

Pues, vale, que nos vamos a conocer el Metro de Moscú (una auténtica maravilla, si me permiten decirlo, algo impagable: Internet, claro, esta llenó de relatos de viajeros en el Metro moscovita. Hay que estar aquí para advertir su magnificencia histórica).

La primera vez que uno llega al Metro, por supuesto, va acompañado de algún conocido(a) ruso(a). En efecto ¿alguien debe comprarte el ticket, no? ¿O vas a llegar a la caja y decir: “Hola ¿me puede vender un boleto para el Metro, por favor…?” Es que te cuento lo que pasa: de un momento a otro, parece que todo Moscú se detiene por unos segundos… Y podrías escuchar como cae una pluma. Y todos los moscovitas están esperando a ver cómo te responde la cajera, pero ella no dice nada y te queda mirando con una expresión tan intensa que - luego de que pones pies en polvorosa - te hace meditar si te haces o no profeta en el desierto.

Pero pasa el terror y ya estás en el Metro de Moscú.

Entonces, tu improvisado guía te muestra algunas de las estaciones emblemáticas a las que llegas transportado en unos trenes antiquísimos – antediluvianos, diríase - y que conservan toda la maravilla de autentica reliquia soviética, en pocas palabras: unas bellezas de la utopía del siglo XX. En cada parada, por supuesto y para no ser menos, te sacas - tratando de poner cara de europeo- las correspondientes fotografías “para la familia y el Facebook, tu sabes”.

Hasta ese momento, todo bien. Miel sobre hojuelas.

Sin embargo y tal vez por su directa vinculación con los indígenas de la América Profunda… el hispanoparlante tiende a creer que cualquier tierra es su tierra y se imagina que puede “andar como Pedro por su casa”. Craso error.

Entonces, dale que dale: que uno no le tiene miedo a nada, que uno es invencible, que uno esta “hecho de otra madera”, que se necesita otra cosa para vencerle a uno… “Sí, claro, yo te voy a ver a tu departamento, amígo mío. ¡Cómo que en “qué” voy a ir! ¡En METRO, por supuesto! ¿Acaso crees que yo no sé andar en Metro…? ¡Pues claro que sé!”, dice uno – con énfasis- para que el amigo entienda de que uno “sabe” andar en Metro y que ni siquiera debió preguntarlo.


Entrada a una estación del Metro.

 

Más veloz que Superman

Y pasan los minutos… Uno – valiente como nadie - sale a las calles de Moscú, haciendo caso omiso de que seguramente el 99,9% de los transeúntes no habla español (el 0,1% es para que no se diga que estoy siendo negativo…). Y uno camina rápido, decidido, con “los miembros de acero” como diría Rimbaud, rumbo a destino: el Metro de Moscú. Y cuando uno llega y entra en la estación, y pasa los torniquetes – con una tarjeta de diez pasajes que te compró un amigo piadoso -, y camina “cual ruso” por la estación y llega a la escalera mecánica, y se pone en la fila que va descendiendo a uno de los “Palacios del Pueblo”, como se les llamaban en la era soviética, entonces, en ese preciso instante, uno siente que está volando y que los idiomas ya no importan porque el MUNDO es una amplia e interminable esfera en donde TODOS hablamos una lengua universal y uno vuela y vuela y VUELA y se alza por los aires y se encamina a la casa del amigo a la que uno llegará en Metro y sin perderse, porque uno llegará y uno, en ese instante, cree escuchar a la Orquesta Filarmónica de Londres interpretando el tema central de la banda sonora de “Superman”… hasta que llega a los andenes ¡y se da cuenta de que no sabe LEER en ruso y no puede siquiera intuir cuales son los nombres de las estaciones del Metro!

Entonces, te das cuenta de que estás ABSOLUTAMENTE PERDIDO y de que por más que preguntes en “español” probablemente nadie vaya a responderte. Entonces, te viene el “pánico escénico” y te quedas como inmovilizado. ¡Santo Dios! ¡Ayuda! ¡Ayuda!

Así es que, en aquella oportunidad, salí del Metro, llame a un conocido ruso y le pedí que por celular le dijera a un taxista cual era mi destino.

“Friansestuya” ¿me entiende?

En otra ocasión también me extravié en el subterráneo camino al metro ”Frunzenskaya” (en ruso: Фру́нзенская). Como, obviamente, sin saber leer uno tampoco habla muy bien… me puse a preguntarle a la gente con sólo dos palabras, pues claro ¿cómo podría decir en ruso: “disculpe ¿usted me podría indicar dónde queda el Metro ”Frunzenskaya”?”. Y esas palabras eran: “¿Friansestuya Metro?”. Y así andaba repitiéndole a todo el mundo, con algunas variaciones en una letra de repente. “¿Friansestuya Metro?”, “¿Frionsestuya Metro?”, “¿Fransestuta Metro?”. “¿Friensestuya Metro?”. Obviamente, nadie podía contestarme… Hasta que un ruso me observó fijamente y advirtió mi nerviosismo creciente al verme del todo perdido. Y trató de entender lo que decía mirando mis labios. De pronto, exclamo: “¡AHHHHHHHHHH, ”Frunzenskaya!”. Me dieron ganas de abrazarle ahí mismo. ¡Sí: eso: Frunzenskaya…! Me indicó con la mano que tomara la línea de la derecha, dijo algo en ruso y me mostró con los dedos el número 4, así es que entendí que debía bajarme en la cuarta estación. Gracias a ese bondadoso ruso pude llegar al sitio adonde me dirigía (desde aquí y pasado el tiempo le doy mi sincero agradecimiento).

Pues bien, aquí no quiero asustar  a nadie y menos aún a algún compatriota hispanoamericano que quiera visitar estos lares. Al contrario, se los recomiendo como uno de los mejores viajes que pueden tener en su vida: Moscú es sencillamente sublime y conocer esto es casi como acercarse unos centímetros al Cielo. Y no exagero. Pero, lo cierto es que el ruso es un idioma muy complejo para nosotros, partiendo por el alfabeto…

“А а, Б б, В в, Г г, Д д, Е е, Ё ё, Ж ж, З з, И и, Й й, К к, Л л, М м, Н н, О о, П п, Р р, С с, Т т, У у, Ф ф, Х х, Ц ц, Ч ч, Ш ш, Щ щ, Ъ ъ, Ы ы, Ь ь, Э э, Ю ю, Я я”.   

Bueno, pues ahí lo tenéis…

(Continuará…)

 


Basílica de San Basilio en la Plaza Roja

 


El Metro por dentro

 


El autor en un andén del Metro

 


Moscú de noche

Un chileno escribe sobre la maravillosa experiencia de conocer Moscú y Rusia y trata de hacerlo de manera amena e interesante.

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