X

Mensaje a RT

Nombre * Error message here
Correo electrónico * Error message here
Su comentario *
1 800 Error message here
feedback
Todas las noticias
Imprimir http://es.rt.com/4le

Ese ardiente frío ruso (en esta oportunidad: Todos los fuegos, el fuego*)

Publicado: 10 sep 2010 16:41 GMT

Ahora: el fuego y los devastadores incendios registrados en la Federación Rusa hace algunas semanas.

¿Cómo comenzó todo? Una primera aproximación es hablar desde lo evidente: el calor registrado por aquellos días en Rusia central fue históricamente anómalo para el verano. En tal sentido, pude ser testigo cómo el 26 de julio los termómetros marcaron 37,2° C, es decir, la temperatura más alta desde 1920. Tal situación fue el corolario de un desbarajuste climático que se arrastraba desde hace días.

“Esto es absolutamente inusual. Nunca había visto algo como esto. A lo que nosotros estamos acostumbrados es a veranos en los que la máxima fluctúa entre los 20 y 25 grados, nunca más que eso. Por eso, hoy tratamos de reaccionar de la mejor manera que podemos a este extraño calor”, Kira Hudyakova (29) en conversación con el autor, 19/08/10, cerca de las 11:30 hrs., en el marco de una caminata por la calle Bolshaya Nikitskaya.

Por aquellos días había algo que me tenía bastante sorprendido: el despertar completamente bañado en sudor no dejaba de intrigarme y –digámoslo- molestarme un poco. ¿Y los moscovitas? También la sufrían y probablemente más que yo, pese a  tenía antecedentes sobre esto… “¡Cómo! ¿Y esto te sorprende? Yo pensé que ustedes, los latinoamericanos, estaban acostumbrados a este calor”. “Bueno, sí, pero este es otro “TIPO” de calor…”, le contesté a un colega que me hizo tal comentario al verme una mañana transpirando de lo lindo. Y no le mentía: este calor de Rusia no “ERA” como el de América. Era “OTRA” cosa.

Da!

Sobre el verano (y ESTE verano)

Ciertamente, no podía dejar de preguntarme si esta casi locura climática no tenía que ver con la misma ubicación geográfica de Rusia. El hecho concreto es que a partir de mayo, cada amanecer se veía asaltado por un sol cegador. Corría viento, pero este no hacía sino que subrayar el crecimiento IMPRESIONANTE de los árboles. No es mi propósito erigirme en “pitoniso”, pero puedo referir que ya venía presintiendo que se gestaba algo inusual: en la nota “Almas Vivas” publicada a comienzos de la primavera local en este blog apunté al inaudito calor que venía propagando por de Moscú.

¡Cómo crecían los árboles y la vegetación en general! ¡Uno podía imaginar a un gigante descendiendo por ellos! Probablemente, árboles gigantescos como los que veía desde la ventana de mi dormitorio fueron pasto del fuego semanas después.

Por aquellos días, elaboré una insostenible teoría respecto a la “energía potencial” de la tierra rusa, la que se originaría -según mi particular punto de vista (poco docto en materias científicas, claro está)- a partir del verse sometida a un crudo invierno de varios meses en los que la tierra y la vegetación estuvieron “muertas” y bien sepultadas bajo nieve.

Mi idea era que todo aquello no  podía sino que terminar en una suerte de “efecto elástico” que motivaría la revancha de la vida tras toda aquella inanimación forzosa… Aunque, no hay ni que decirlo, es muy fácil creerse un Einstein del pensamiento si uno mira por la ventana… después de llegar a casa de un club y tomarse algunas cervezas de más. Y eso me pasó: volver a mi cuarto de madrugada, remover la montaña de ropa apilada que había desperdigado en busca de aquella combinación que presuntamente me haría ver más “europeo”, “guapo” y “sofisticado” y, finalmente, preguntarme que diablos estaba pasando: eran las 4 de la mañana y hacían 32 grados. Entonces, corría las persianas, me ponía a mirar los árboles y la vegetación gigantesca y pensaba en eso de la “energía potencial”.

Poco después me sacaba la camiseta completamente sudada e intentaba ponerme en el lugar de la gente rusa. ¿Cómo enfrentaban íntimamente esta situación? No me pude aguantar y se lo pregunté a un colega que hablaba español: ¿Qué piensan ustedes de todo esto? Me devolvió una mirada asesina como diciendo: “No preguntes imbecilidades, por favor”. Pero yo no estaba para bromas y se lo dejé bien claro: “No estoy bromeando”. Ahora, sus ojos se volvían inquisitivos.

-Te lo pregunto en serio. Me gustaría escribir sobre este tema y necesito saber la interpretación que tienen de este calor. No es mi propósito inventar… ni sacar información de Internet: eso sería muy fácil”.

-Ah, vale -me dijo.

Y después pronunció lo que transcribo a continuación:

“Todo lo que sucedió nos sorprendió muchísimo ya que nunca imaginamos que esto podía pasar. La verdad es que no estamos completamente preparados para esto ya que nunca había sucedido algo parecido a lo que conocimos este verano”.

Te podías mojar la cara o el pelo. Comprar una coca cola o un helado. Pasarte hielo por el cuerpo o ponerte una toalla húmeda sobre el estómago… ¡No sacabas nada: el calor no se iba! ¿Y no se suponía que esto era Moscú, donde siempre hace frío y los osos polares andan tomando vodka por las calles, tal como ha sostenido siempre la creencia popular? Pues no: eso era tan falso como el mito del macho latino cuyo éxito con las chicas rusas y europeas está fuera de todo rango normal. Una pura mentira inventada por alguien necesitado de publicidad.

Y…

Pronto llegó el fuego.

Con las semanas, el dramático resultado: más de 50 personas que perdieron la vida y sobre 3.500 que quedaron sin hogar; numerosas regiones de Rusia damnificadas y la capital sofocada por el humo; el 25% de los cultivos de cereales completamente arrasados y una  sensación semejante a la de estar en la antesala del infierno; el surgimiento de la solidaridad y la voluntariosa reacción de las autoridades, las que dieron absoluta prioridad al asunto. Mientras tanto, el fuego seguía destruyéndolo todo. ¿Cómo definir algo que te daña sin que puedas verlo? ¿Condena? ¿Venganza? Fuera lo que fuera, ahí lo tenías: todo ese humo que te llegaba a los pulmones, el cielo gris como si fuera el último día del tiempo y la impotencia de no poder hacer nada. En el ínter tanto y sin que supieras de donde provenía, el humo se infiltraba en todas partes: recuerdo perfectamente el terror que sentí al ver el living del departamento en que vivo repleto de humo… Pensé inmediatamente que había dejado un cigarrillo encendido y entonces… ¡Pero no! La explicación era que los incendios que se registraban a docenas de kilómetros del centro de Moscú eran tan intensos que sus resultados ya estaban penetrando en toda la ciudad. Incluidos los departamentos. Y el Metro.

Las autoridades trabajaron con decisión inquebrantable: doy fe de ello. Pero algo hacía falta.

Fue en ese momento que la ayuda -¿o la piedad?- celestial llegó.

Y comenzó a llover…

“Ha llegado la hora”

Los días pasaron.

Ahora, abriré la ventana y fumaré un cigarrillo. Llueve furiosamente. El viento, en tanto, pareciera que se propone desgarrar a los gigantescos árboles de su raíz. ¿El cielo? Claro y despejado como una alegoría de la pureza.

Concluido este complejo trance, el Presidente ruso Dmitri Medvédev abordó cómo mitigar la ocurrencia futura de un episodio crítico como el de los devastadores incendios recientes. Tal como reseñó RT en español, el Mandatario sostuvo que:

"Es evidente que la Ley Forestal incluye algunas normas que exigen cambios, en particular en lo que se refiere a la gestión de la reserva forestal", dijo, añadiendo que no va a prejuzgar "qué reglas están bien y cuáles no han superado la prueba del tiempo", pero que "está claro que ha llegado la hora de corregir las normas”.

“Ha llegado la hora…”. ¡Cuántos problemas se evitarían si los gobernantes del mundo tuvieran esta actitud constructiva, tal amplitud de mirada para ver que los cambios para mejorar una situación son cosa del hoy y no del mañana! “Ha llegado la hora…”: eso es sencillamente magnífico.

¿Y qué pasó con los protagonistas de esta historia?

Los rusos siguen con su vida con total normalidad, casi como si nada hubiese pasado. Estoicos, silenciosos, un tanto circunspectos si se quiere, pero siempre dispuestos a enfrentar el gran desafío del día a día… y tratar de vencer en este duelo entre la existencia y el hombre. 

Si eso no es heroísmo puro… no sé que es.

(* Título de un libro del escritor argentino Julio Cortázar).

Un chileno escribe sobre la maravillosa experiencia de conocer Moscú y Rusia y trata de hacerlo de manera amena e interesante.

Artículos anteriores de experto

RT crea cada vez más videos en 360º. ¿Le gusta verlos en este formato?

Deje su opinión »

Últimas noticias